Capitalismo, la tumba humana

Tal y como expresa el libro Capital en el siglo XXI escrito por el economista Thomas Piketty, que en realidad viene a reafirmar lo escrito por Karl Marx en El Capital, es un hecho que la desigualdad mundial no para de aumentar. Las rentas del capital aumentan mientras que las rentas del trabajo disminuyen. Es decir, los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Pero hay más, el número de superricos disminuye y el número de pobres aumenta, esto implica que la renta se está concentrando cada vez más en menos manos. Y no sólo la renta, también la riqueza. Los últimos datos ofrecidos por el economista Santiago Niño Becerra son aberrantes: el 0,7% de la población mundial (los superricos) ya controla y posee el 41% de la riqueza mundial, mientras que el 68,7% de la población mundial (los más pobres) sólo se reparte el 3% de la riqueza mundial.

Y la tendencia es que la desigualdad social seguirá creciendo año tras año. Nunca antes los más ricos del mundo habían amasado tal cantidad de bienes, fortunas y poder en sus manos. Estoy hablando de superricos que controlan el sistema financiero, el político y el comercio mundial: los amos del mundo. Todos ellos sólo tienen un objetivo en la vida: tener cada vez más propiedades, más dinero, más poder. Son autómatas que se rigen por la codicia y pese a que sus intereses se enfrentan y en ocasiones sus tensiones desembocan en guerras mundiales, comparten el deseo de explotar y oprimir al resto del planeta. Esto es lo que les da ventaja respecto a los demás: su conciencia de clase y el haberse organizado para dominar el mundo (FMI, BM, OMC, CE, BCE, Bilderberg, OTAN, Maastricht, etc).

Pero además de estos organismos y tratados inquisidores, los superricos disponen de grandes feudos: los Estados capitalistas. Las constituciones y los poderes jurídico, legislativo, ejecutivo y militar, son sus herramientas de clase junto con los omnipresentes medios de propaganda ideológica (libros, periódicos, cine, televisión, etc). Todos ellos son medios para proteger sus intereses: obtener dinero, control y poder. Ninguna de estas herramientas moverá un solo dedo para impedir los recortes sociales, la bajada de salarios de los trabajadores, la privatización del patrimonio público, la creciente pobreza de la sociedad, la aberrante brutalidad policial contra civiles pacíficos, etc.

Sin embargo, si los intereses económicos de estos superrricos se ven amenazados, todos estos poderes se movilizarán para salvaguardarlos. Es por ello que los superrricos tienen a su alcance medios y leyes a medida para poder explotar a los trabajadores y no tener que pagar impuestos. Es por ello que los ejércitos capitalistas entran en combate cuando algún recurso estratégico en propiedad de algún superrico se ve amenazado. Es por ello que el gobierno se reúne con ellos y acata su voluntad. Es por ello que todos los medios de comunicación al unísono nos repiten diariamente que vivimos en una democracia, que el capitalismo es el mejor de los mundos, que la culpa de todas nuestras desgracias ha sido de la gente o los inmigrantes, que no hay alternativas a las medidas económicas, etc.

Es la pirámide del poder capitalista y también la lucha de clases. Pero, ante todo ello, ¿por qué no ha estallado aún una rebelión civil?

Es complejo, pues intervienen muchos factores, pero al final todo tiene sentido. Empecemos considerando lo que nos viene de fábrica: la genética. Existen varios instintos clave que nos ayudarán a comprender mejor las tendencias y los comportamientos en sociedad.

El primero de ellos es el instinto de superioridad. Es un instinto que “activamos” a modo de defensa personal salvo que estemos deprimidos, temerosos o frustrados. Al tenerlo “activado” nos creemos listos y capaces, y normalmente por encima de una “media” imaginaria. Reconocemos rápidamente a los que son más inteligentes y capaces que nosotros en distintos ámbitos y en general nos ayuda a seguir adelante con seguridad y confianza en nosotros mismos.

El segundo de ellos es el instinto gregario. Es un instinto que se refuerza cuando se está en entornos grupales, y que el sistema educativo capitalista cuida que desarrollemos. Es fundamental crear en el cerebro la idea del líder a seguir, por ello la inmensa mayoría de material gráfico o audiovisual enfocado a los niños gravita en torno a un héroe protagonista o a un único Dios creador todopoderoso. Pronto aprendemos a repetir gestos y frases de estos líderes, y a compartirlos en grupo para reforzar nuestro sentimiento de pertenencia.

El tercero de ellos es el instinto de conservación. Es el encargado de que tengamos miedo a lo desconocido o diferente. En definitiva, miedo a los cambios. Es el instinto que nos hace conservar lo que somos y lo que tenemos: agarrarnos a las ideas, prejuicios y posesiones que hemos ido adquiriendo y manteniendo durante cierto tiempo. El Estado refuerza este miedo al cambio mediante las fuerzas del orden, y el poder nos insta a poseer, a ser materialistas, a necesitar el dinero, el trabajo, a vendernos, etc. Y lo que poseemos, acaba poseyéndonos: el coche, la casa, la tecnología, etc. Creyendo que la libertad viene de la mano de la posesión, nos hacemos cada vez más conservadores. Y una vez aprendido y aceptado cómo funcionar, que lo aprendemos por repetición o imitación de los demás y que básicamente consiste en obedecer, producir y consumir, es muy difícil pretender cambiar estos hábitos y concepciones de la vida.

Por otra parte, existen otros apectos de la mente que el capitalismo también modela. Uno de ellos es el carácter o la personalidad de las personas, que recientemente se ha descubierto que es, en parte, hereditario. ¿Qué implica este hecho?, muy sencillo: muchas de las generaciones que salieron rebeldes y que lucharon por un mundo más justo e igualitario, fueron asesinadas por la clase capitalista en el transcurso de la guerra civil española, la segunda guerra mundial, y la postguerra. Por tanto, no es de locos afirmar que, hoy por hoy, y de forma mayoritaria, las generaciones existentes son, en realidad, descendientes de aquellas con el carácter más dócil y sumiso. La conclusión se hace evidente: el sistema capitalsita modela el carácter de los seres humanos actuando de hecho como una selección artificial a nivel planetario. Del mismo modo que el hombre primitivo transformó al lobo salvaje creando el perro fiel tras miles de años de selección artificial, el sistema capitalista transforma al ser humano en un ser individualista, egocéntrico, obediente, y en definitiva, en un ser humano deshumanizado, acorde con el ideal burgués que impera en nuestra sociedad.

Aquí hemos visto sólo algunos aspectos de la psique humana que el sistema capitalista intenta modelar y reforzar mediante el sistema educativo y la propaganda ideológica en el transcurso de nuestras vidas. Pero también a golpe de guerras y violencia. Y lo cierto es que el sistema está alterando nuestra naturaleza con una eficacia jamás vista. Nos estamos convirtiendo en seres muy distintos de lo que éramos hace tan sólo algunos miles de años. La espiritualidad, arraigada al hombre desde que nació como tal, se está perdiendo. En su lugar, una creciente voracidad por el consumo banal y compulsivo nos está convirtiendo en seres irreflexivos, carentes de pensamiento crítico o incluso propio. Los neovalores del capitalismo del siglo XXI nos están convirtiendo en seres egoístas, hipócritas y carentes de empatía humana.

Y para cuando el ser humano despierte de su letargo mediocre y decadente, la violencia del sistema se cernirá sobre él, cual humano al aplastar una mosca molesta. No se puede contemplar un cambio de sistema sin contemplar la utilización de la violencia. Si el comunismo prente erguirse como alternativa al modelo capitalista totalitario, deberá prepararse para resistir y vencer a toda la maquinaria de guerra del mundo, puesto que los capitalistas la utilizarán para seguir manteniéndose en el poder, tal y como ya han demostrado en reiteradas ocasiones.


La Moda Impuesta

¿Qué es en realidad la moda?

En la definición matemático-estadística, la moda es el valor que cuenta con una mayor frecuencia en una distribución de datos. Es decir, que la moda de una muestra de datos se obtiene a posteriori de la obtención de esos datos.

Si extrapolamos esto a la realidad, sólo podríamos hablar de moda (diferenciando cada sector de consumo: ropa, dispositivos móviles, comida, música, etc) después de preguntar o haber registrado lo que la sociedad ha consumido. En este sentido, y coincidiendo parcialmente con la definición de la RAE, la moda sería el uso o costumbre que está en boga durante algún tiempo, en un determinado país.

Pero lo que habitualmente se conoce como moda, no es esto, sino que es una imposición: la sociedad no decide qué es tendencia y qué no, ni toma parte en lo que viene a ser “la Moda”, puesto que “la Moda” no se contempla como una respuesta del consumo de la sociedad, sino que se habla de “la Moda” cuando unas pocas empresas, generalmente del sector textil, introducen en el mercado una nueva línea estética en sus productos.

A esta nueva línea estética la llaman tendencia y moda, pero no lo es. No al menos en el momento de su lanzamiento. No obstante, debido a que el ser humano se comporta de una forma más psicológica que lógica, estas líneas estéticas se acaban, por lo general, convirtiendo en moda.

¿Cómo ocurre esto?

El mecanismo es bien sencillo, y se trata de un mecanismo psicológico repetido hasta la saciedad también en anuncios publicitarios (propaganda) y en los sondeos de las campañas electorales. Se trata siempre de imponer “lo mejor” (un ganador, un producto nuevo, etc). Pero no imponerlo por la fuerza, o de forma verbalmente autoritaria, sino de una forma sutil, es decir, haciendo uso de aspectos psicológicos poco explícitos o evidentes.

En el caso de la imposición de la moda (en el sector textil), se trata de difundir una nueva línea estética asociándola con varios sentimientos. El primero de ellos es el sentimiento de renovación para los que adopten esta nueva línea. Un sentimiento motivado por la idea del cambio y la mejora a través de la obtención de un producto nuevo. El segundo de ellos es el sentimiento de pertenencia a un extenso grupo de seres humanos que supuestamente van a consumir estos productos. Un sentimiento motivado principalmente por nuestro instinto gregario, fuertemente asentado en nuestro cerebro. El tercero y último de ellos es el sentimiento de superioridad frente a los que no “van a la Moda”, un sentimiento asociado a los dos anteriores que se desata como reafirmación personal hacia la nueva imposición, dotándola de una importancia desmedida, ubicada fundamentalmente en la mente de la gente.

Así, como consecuencia de todos estos mensajes, ideas y sentimientos, “ir a la Moda” implica, por lo general, un alivio y un aumento de la autoestima para el que la sigue.

La cuestión es, ¿por qué ocurre esto?

Si algo caracteriza a la moderna sociedad actual, es el monopolio de la apariencia: más importante que el ser, es el tener y el aparentar. Y esto implica necesariamente que estamos inmersos en una sociedad superficial y mediocre, que sólo alcanza a ver aquello que es puesto delante de sus ojos sin importar lo que se esconde detrás.

Es debido a esta superficialidad impuesta, que la sociedad necesita consumir para sentirse mejor, para sentirse parte de la humanidad deshumanizada, para no sentirse precisamente, la oveja negra del rebaño.

Así, el consumismo no es sólo el nuevo opio del pueblo, sino que es el opio supremo que, a través de sus múltiples formas y facetas, domina a todos los demás:

No es el fútbol el opio del pueblo, sino su consumo. No es la religión el opio del pueblo, sino su consumo. No son los videojuegos el opio del pueblo, sino su consumo. No son las series televisivas el opio del pueblo, sino su consumo. No es la lotería el opio del pueblo, sino su consumo. No es “la Moda” el opio del pueblo, sino su consumo. Y así con todos y cada uno de los negocios empresariales transformados en fenómenos sociales de entretenimiento, ocio y adoctrinamiento.

Volviendo a “la Moda”, aunque también es extrapolable a todo lo demás, tengo que decir que a mi parecer, alardear de “ir a la Moda” refleja a personas con poca personalidad y profundidad (en estos aspectos), que además pretenden restregar a los demás su supuesta superioridad.


La Izquierda Verdadera

Sólo existe una Izquierda Verdadera: aquella que lucha por erradicar la explotación del hombre, y por tanto, por superar el sistema capitalista presente con el fin de instaurar en su lugar, un sistema económico socialista y democrático a través de la Revolución Socialista y la Dictadura del Proletariado.

Todo lo que se salga de esta línea, no es izquierda. Es Pseudoizquierda. Es, según el caso, “izquierda” aburguesada, populista, infantiloide, utópica, conservadora, reformista, revisionista o profundamente reaccionaria.

Dentro de la pseudoizquierda se encuentran: ERC, IU, ICV, CUP, Equo, Compromís, PSC, PSOE, PCE, IA, Podemos, Partido X, Pacma, Revolta Global, etc. Todos ellos, sin excepción, buscan perpetuar la explotación del hombre. Están de acuerdo, en mayor o menor grado, con la existencia del sistema capitalista presente, ya que ante él no emprenden ni buscan emprender ninguna lucha profunda. Eso si, protestan y hacen mucho ruido (aunque a veces ni eso), pero no se dedican a organizar a las masas, ni a elevar su nivel de conciencia. En su defecto, las mantienen (incluyendo a sus bases militantes) en un estado de autocomplacencia colectiva, donde se refuerza el sentimiento de superioridad o pertenecia, y donde el juego “democrático” burgués no se pone en cuestión. Reproducen la idea burguesa de que a través del voto aún son libres de elegir, como si la clase burguesa no hubiera obtenido ya la hegemonía absoluta de la civilización humana. De esta forma, estas organizaciones se revuelcan en el juego burgués, juegan a ser los buenos aun teniendo lazos de influencia con sectores burgueses, participan en elecciones antidemocráticas, y legitiman así la Dictadura de la Burguesía. Rehuyen y condenan el marxismo, y también la lucha de clases, se amoldan a los espacios que el sistema les ha permitido ocupar, y lanzan sus consignas políticas divorciándolas de una praxis profunda y consecuente.

Promesas y palabras vacías. Esta es la tónica dominante de la política moderna de TODO color.

Hablo de partidos y organizaciones que no se atreven a poner en tela de juicio la piedra angular del sistema presente: la existencia de la propiedad privada. Hablo de que no realizan esfuerzos en educar ni concienciar combativamente a sus bases, de que repiten mentiras y prejuicios burgueses, y de que lejos de ser parte de la solución, siguen siendo parte del problema.

La mayoría son organizaciones abiertas, donde todos tienen cabida, desde pequeños empresarios, funcionarios, autónomos, asalariados en general, pensionistas, obreros e incluso proletarios. Todos a darse la mano bajo unas mismas siglas y a compartir las mismas supérfluas ideas, como si no existiesen diferencias de clase entre ellos, o entre ellos y los dirigentes a quienes rinden culto, como si no existiesen, más allá de las creencias particulares, unos intereses de clase contrarios e incluso antagónicos.

Las organizaciones abiertas están de moda y son un tremendo error, nunca podrán ser garante de ningún cambio profundo. Más bien todo lo contrario, abrazar “paquetes de ideas” (los programas de los partidos) y difundir discursos dispersos es una artimaña de la burguesía. Pues de esta forma las personas seguimos inmersas en el desconocimiento sobre nuestros verdaderos intereses de clase, de nuestra posición en la producción social, de nuestro papel como sujeto político activo, y por tanto, nos condenan a la impotencia, a ser meros engranajes dentro de los aparatos políticos y su propaganda.

Toda la política actual es en realidad un método para embaucar al pueblo, la política ya no es una herramienta para hacerlo protagonista de la transformación social, para emancipar a los explotados de los explotadores. La política es un gremio donde predomina el afán de lucro y la sumisión a los poderes económicos dominantes.

Las organizaciones que se dicen de izquierdas y hablan de mejoras, reformas, cambios, esperanza, horizontes donde muchos seremos más felices, y un largo etcétera, al final nunca plantean lo fundamental: ¿acaso se pueden satisfacer al mismo tiempo los intereses económicos de las distintas clases sociales en un sistema donde unos explotan a otros?, ¿en un sistema donde existen intereses contrarios entre las clases sociales?, ¿cómo se puede defender al mismo tiempo al currante que trabaja en negro, al autónomo que no llega a fin de mes, al pequeño empresario emprendedor, al mediano empresario que tiene una empresa consolidada, al funcionario con plaza fija, al interino cuyo futuro pende de un hilo, al becario que es explotado, al asalariado que teme ser despedido, al obrero que tiene que pagar su hipoteca, o al proletario que vive en la precariedad?.

¡No es posible!, y los dirigentes de estas organizaciones lo saben. Su objetivo no es cambiar el sistema, sino afianzarse una buena butaca, recibir suculentas subvenciones, sueldos vitalicios, descuentos y bonificaciones fisclaes, excelentes ofertas laborales donde terminar su vida política, y todo ello a cambio de sencillos favores: no hacer lo que han prometido en sus programas. Existen muchas maneras de convencer a la gente de que ha estado soñando imposibilidades. Además, como la base social que les ha dado apoyo es tan heterogénea, y muchos se vuelven auténticos fanáticos, los partidos políticos se permiten el lujo de prometer el oro y el moro sin ningún tipo de riesgo. Pues sólo se puede subir al poder mintiendo.

¿Realmente alguien cree que la crisis, la desigualdad social o la pobreza, se arreglan proponiendo en unas elecciones realizar reformas?, ¿qué reformas?, ¿subir los impuestos a los más ricos?, ¿rebajar la carga fiscal de los trabajadores?, ¿nacionalizar los sectores económicos estratégicos?, ¿implantar una banca pública?, ¿deshacer la reforma laboral?, ¿reducir la jornada laboral y repartir el trabajo?, ¿invertir nuevamente en renovables?, ¿reducir el presupuesto en armamento?, ¿ir hacia el decrecimiento poblacional?, ¿dejar de robar recursos a los africanos?, ¿limitar los sueldos de los directivos?…

Por favor, no me hagan reír. Todas estas medidas son tan patéticas como insultantes. Los programas de todos los partidos políticos hacen aguas por doquier, sus consignas y propuestas no se sostienen por ningún lado, ni son creíbles, pues NADA hay escrito sobre cómo lograrlas, ¿dónde estará la clase social que empujará al partido a defender su programa?, ¿acaso los obreros estarán organizados entorno a ese partido para poder luchar por sus intereses?, ¿lo estarán los funcionarios?, ¿y los autónomos?.

La respuesta es que nadie estará organizado porque, repito, los partidos no buscan organizar las clases sociales, sino mezclarlas y confundir sus intereses: todas las clases sociales están mezcladas dentro de una incontable cantidad de partidos que se presentan ante ellos con la intención de defender sus intereses.

¿Nadie ha pensado nunca en este problema?. Eso significa que los partidos políticos hacen bien su trabajo y cumplen estoicamente con su función: perpetrar el sistema presente.

A modo de resumen: los partidos políticos no piensan en materializar sus propuestas. En lo único que piensan es en ganar las elecciones. Nada más. El objetivo de los partidos políticos no es elevar el nivel de conciencia de la sociedad, no es procurar que la sociedad se vuelva más culta, inteligente, crítica y combativa, sino convencer a la gente de que tienen que votarles. Nada más. Para lo que venga después, no hay nada escrito ni planteado, pues todos ellos son y serán SIEMPRE incapaces de cumplir sus promesas o programas. Pero tal y como ocurre con la religión, la fe mueve montañas, y la gente, políticamente ignorante en su inmensa mayoría, sigue creyendo que votar es el camino…

La política, la religión, las pseudociencias, los deportes mediáticos, la televisión basura, etc. Todo es más de lo mismo: aceptación, integración en el sistema, opio del pueblo, y sobre todo, complicidad con la tiranía que nos oprime.


La España que viene: miseria y pobreza

La situación en España es alarmante, catastrófica, todo un sumidero de atrocidades, injusticias y verdaderas calamidades. Y eso que la decadencia socio-económica no ha hecho más que empezar. En fin, demos gracias a empresarios y políticos por mentirnos, robarnos y empobrecernos. Ellos son los causantes de la crisis y los responsables de la tiranía que se cierne sobre nosotros. Ellos son, en definitiva, nuestros enemigos a combatir. ¿Que nos dan trabajo?, ni que la empresa privada fuese la única vía para trabajar, lo público puede ser aun más eficiente que lo privado y también el motor de la economía. Los empresarios y sus empresas privadas NO son necesarias, es más, son antiproducentes.

La clase empresarial española ostenta el poder en la sombra, dictando la política económica, privatizando lo que es público, rebajando los salarios, y despidiendo a los trabajadores. Esta es la principal dinámica de la clase empresarial. Cuanto menos cobren los trabajadores y cuantos más trabajadores estén en situación de desempleo, mejor les irá a los empresarios: más beneficios, más ventajas para competir, y más capacidad para presionar y coaccionar a los trabajadores. ¿Este es el tipo de trabajo que queremos?, porque sinceramente, la empresa privada a la vista está que no nos conviene en absoluto. ¿O es que vamos a dejar de luchar por nuestra propia dignidad?, ¿ya no nos importa poder estar cómodos y tranquilos en el trabajo? porque si es así, les estamos sirviendo la esclavitud en bandeja de plata.

Además, a los empresarios el empleo les importa un pimiento. La Reforma Laboral sólo ha servido para que puedan despedir más y más barato a los trabajadores. Se han cargado la economía real y muchos obtienen más beneficios especulando. Nos venden la idea de que empresarios y políticos luchan por crear empleo, pero en realidad hacen todo lo posible por aumentar los despidos y precarizar el trabajo. Y por si fuera poco, mientras tanto siguen creando burbujas especulativas que pronto o tarde estallarán, ahondando la crisis presente.

En este punto, los sindicatos deberían levantarse en armas, dejar de lado la Paz Social y no pactar absolutamente nada con la Patronal. Pero esto es utópico, pues de todos es sabido que los sindicatos (CCOO y UGT, entre otros) se han prostituido, y no sólo ya no defienden los intereses económicos de los trabajadores, sino que son en realidad agentes de la clase empresarial: acatan, y por tanto defienden, las medidas de la patronal, además de recibir subvenciones del Estado y cobrar por trabajador despedido.

También, en este punto, los políticos y los partidos de izquierdas deberían levantarse en armas, movilizar a la gente, luchar codo con codo con los sindicatos, organizar un frente popular, defender la lucha social, etc. Pero esto es nuevamente utópico, pues de todos es sabido que los partidos políticos se han prostituido, y no sólo ya no defienden los intereses del pueblo español, sino que son en realidad agentes de la clase empresarial: acatan, y por tanto defienden, las propuestas de la clase empresarial, además de recibir subvenciones del Estado, donativos ilegales, suculentas ofertas laborales, dietas, comodidades, etc.

El pueblo español no puede confiar por más tiempo en la política institucional. Pues ésta está absolutamente podrida y vendida a la clase empresarial, que es precisamente la que nos quiere llevar de vuelta al siglo XIX: proletarización masiva de la sociedad, ínfimos salarios, aumento de la jornada laboral, alto desempleo, inexistencia de servicios públicos, inmensas desigualdades sociales, nulos derechos civiles, escasas libertades (salvo la de comprar sus productos), etc. Este es el capitalismo neoliberal, el capitalismo de antes de la Revolución Soviética pero aun más agresivo.

Si hemos gozado de tranquilidad, prosperidad, derechos, libertades y un Estado del Bienestar durante algunos años, ha sido indudablemente gracias al movimiento comunista y la lucha social.

Pero derrotado el comunismo, el capitalismo se ha puesto manos a la obra para revertir todos los progresos sociales alcanzados hasta la fecha, sobre todo en materia de salarios, empleo y servicios sociales. Lo que viene es, ni más ni menos, que el despotismo totalitario, cinismo y arrogancia en estado puro.

Empresarios y políticos están destruyendo nuestra sanidad, nuestra educación y nuestras pensiones públicas. Servicios sociales básicos que son patrimonio de todos nosotros, pero que están recortando y privatizando sin piedad ni consulta. ¿No están ahora tan de moda las consultas?, pues que nos pregunten, si tienen huevos, si queremos que destruyan nuestros servicios sociales.

Sólo en Cataluña, donde residen los amantes de las consultas, la lista de espera para acceder a operaciones en hospitales públicos es de varios años y más de 180.000 catalanes están en lista de espera. Cataluña es pionera en el Estado español en privatizar la sanidad pública. ¿Consecuencias?, preguntemos a los que ya han muerto por falta de asistencia sanitaria. ¿Culpa de España?, más bien no, pues son los ricos y los empresarios catalanes los que se quedan con el negocio de la sanidad privada, evaden impuestos, y practican la corrupción de forma descarada. La cuestión del nacionalismo es tan sólo una pantomima que favorece a los empresarios, pues se nutren de dividir y confrontar a los trabajadores entre sí. No hay más que eso, divide y vencerás.

Sea como sea, el panorama privatizador no nos conviene. La alternativa a los servicios sociales públicos y universales, son los servicios sociales privados, es decir, un robo. Y los políticos intentan justificar la privatización de lo público a través de ir recortándolos y empeorando deliberadamente su calidad, para intentar conformar la idea falsa de que lo público no funciona, y por tanto, de que lo privado funciona mejor.

Y es que a los ricos no les interesa lo público. ¿Y por qué? porque los ricos no quieren contribuir al bienestar social, les importa una mierda la gente. Los ricos sólo piensan en el dinero, y por tanto, el dinero está por encima de la sociedad: por dinero explotan a los trabajadores, hunden en la miseria a los países del tercer mundo, matan de hambre a la gente, provocan guerras, especulan con productos, etc. ¿realmente alguien cree que se preocupan por nuestro bienestar? NO!, los ricos son todos unos completos hijos de puta que sólo piensan en su puto bolsillo.

Así, la sanidad privada, lo mismo que la educación privada, están pensados única y exclusivamente para ricos. ¿Y por qué?, porque los que tengan dinero se curarán y se educarán, y los que no, se morirán siendo ignorantes. Fin de la historia.


Reflejos del Mundo

A veces cuesta mirar a tu alrededor y ver las cosas objetivamente.

Normalmente, nuestra mente proyecta en la realidad pensamientos e ideas predefinidas que el sistema capitalista nos ha inculcado. Dichas ideas o prejuicios nos nublan la mente y no nos dejan progresar. Es decir, no nos sirven para comprender cómo funciona la sociedad. No obstante, sirven para amoldarnos a esta sociedad podrida y para reproducir lo que ya está predefinido: egoísmo, competitividad, consumismo, indiferencia, prepotencia, hipocresía, cinismo, agresividad. El resultado: que aun con las numerosas y no menos importantes contradicciones e injusticias del sistema, intentamos no salirnos de nuestro camino marcado, justificando para ello toda clase de absurdeces y atrocidades. Nos esforzamos por no intentar ver la realidad de fondo, por intentar ver sólo la fachada, es decir, aquello que coincide con las ideas y prejuicios que nos han inculcado.

Muchos somos el simple reflejo del mundo que nos envuelve.

Yo no veo a una sociedad unida, cohesionada y funcional. Veo a un conjunto interrelacionado de meros individuos aislados que compiten, se pisan, e intentan ir a la suya sin pensar en los demás. Veo empresarios sin escrúpulos que dirigen la política y restriegan todo su menosprecio en la cara del resto de la gente. Veo a trabajadores que intentan adaptarse al macabro ritmo de esta sociedad enferma, que se venden por un trabajo que acaba agobiándoles y estresándoles, pero que a través de su propio autoengaño creen ser afortunados o mejores que los demás.

Y para adaptarnos mejor a este macabro mundo, nuestra mente desarrolla así un fuerte sentimiento de superioridad, ligado irremediablemente a una constante obsesión por ser “normales” y por tanto, parecer serlo siguiendo los patrones de conducta dominantes impuestos por la clase burguesa. Por doquier veo gente que consume compulsivamente, que trata de aparentar algo que no es, que trata de no pensar en el resto de personas o en los problemas sistémicos que les afectan. Veo una atroz indiferencia frente a la indigencia y la marginación social, frente a la pobreza y la desigualdad, frente a las macro estafas de la banca y las multinacionales, frente a los políticos corruptos, frente a las organizaciones fascistas, frente a un sistema económico irracional e insostenible, etc.

Lo que ocurre es evidente: la ideología burguesa dominante nos ha enseñado a preocuparnos única y exclusivamente de nosotros mismos, o a lo sumo por nuestros familiares más próximos. Nos han dividido a base de reforzar nuestro egoísmo, ya sea compitiendo en las escuelas, en el trabajo, o a través del bombardeo mediático y constante de determinados valores e ideas.

Y es que integrar los valores y las ideas del poder capitalista, y en definitiva su lenguaje, nos encasilla y nos estanca, pues nos impide desarrollarnos libremente o progresar; No de una forma propia y libre, sino “a la forma” que el sistema osa en ofrecernos. Reproducimos los patrones que la clase burguesa ha creado, sus ideas y sus prejuicios con el objetivo de que todo siga igual, es más, la mera idea de querer que todo siga igual es una idea impuesta por la clase burguesa para que no nos rebelemos, para que no reaccionemos ni critiquemos al sistema, para que no combatamos ni luchemos. Una idea fundamental que se instaura en lo profundo de nuestra mente y que en realidad invita a todas aquellas ideas que, en la mísma línea, vienen a defender y justificar el sistema presente.

¿Lo hacemos por temor? si, evidentemente. Lo hacemos por un temor que el propio sistema capitalista nos ha inculcado, al mismo tiempo que repetimos que vivimos en democracia y en el mundo de las libertades. Y es que nuestras contradicciones internas son sólo el reflejo de las contradicciones inherentes del sistema capitalista.

Pero entonces, ¿cómo salirse de este cículo vicioso y sobrevivir al mismo tiempo?. En otras palabras, ¿cómo conseguir dinero luchando y combatiendo al sistema?, ¿hay realmente alguna alternativa factible o paralela que los trabajadores podamos poner en marcha mientras la burguesía conserve su hegemonía?

La respuesta es no. No, siguiendo los esquemas que la burguesía nos ha inculcado, de ahí que para sobrevivir se necesite un mínimo de adaptación. Sólo la lucha por la superación y la transformación radical de este sistema nos ofrecerá una verdadera salida, pues por cuanto este mundo siga en manos de los capitalistas, no habrá modo alguno de progresar, ni se podrá cambiar de sistema por mucho que lo intentemos reformar: la competitividad, la explotación, la desigualdad, la miseria y las guerras, no desaparecerán jamás mientras dure el capitalismo. La cuestión es, ¿esperaremos impasibles hasta que las contradicciones del sistema acaben afectando directamente a nuestra propia superviviencia?, ¿tan ciegos estamos?, ¿tan maniatados y condenados nos tienen?

Si es así, entonces es evidente no se puede hacer mucho…

Pero si por vuestras venas corre sangre roja, si vuestros ojos ven lo que nadie quiere ver, si vuestras ideas son verdaderamente revolucionarias, entonces debéis luchar contra el sistema. La humanidad nunca ha progresado sin luchar, sin derramar su sangre, y sin cambiar lo establecido.

Protestar sirve, y mucho. Contrariamente con lo que el pensamiento dominante pretende inculcarnos, lo único que ha demostrado no servir nunca de nada, es el aceptar las cosas como son sin oponer resistencia. Este no es el camino del progreso, sino del atraso y de la decadencia humanas. El verdadero progreso sólo podrá venir de la revolución socialista.


Mentiras, mentiras, mentiras…

¡El capitalismo es progreso!, ¡la homeopatía funciona!, ¡Dios existe!, ¡la propaganda es buena!, ¡los productos de marca son mejores que los demás!, ¡la empresa privada equivale a libertad!, ¡la acupuntura funciona!, ¡fumar mola!, ¡la iglesia siempre está al lado de los pobres!, ¡lo privado funciona mejor que lo público!, ¡comprar cosas nos hace libres!, ¡consumir productos de marca nos hace superiores!, ¡los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo!, ¡la medicina alternativa funciona!, ¡los extraterrestres han llegado a la tierra!, ¡Stalin fue un tirano asesino!, ¡hemos vivido por encima de nuestras posibilidades!, ¡el comunismo provocó 100 millones de muertos!, ¡Nicolás Maduro oprime a su pueblo!, ¡votar es democracia!, ¡no hay alternativas a las reformas neoliberales!, ¡el comunismo equivale a dictadura!, ¡el Rey salvó la democracia!, ¡la derecha es más moderna que la izquierda!, ¡vivimos en la sociedad de la información!, ¡tener un piso en propiedad es mejor que alquilarlo!, ¡la productividad en España es baja!, ¡la competitividad es necesaria!, ¡en España tenemos un Estado de derecho!, ¡los negros son razas inferiores!, ¡cualquiera puede llegar a ser rico!, ¡el dinero da la felicidad!, ¡los de ciencias son más listos que los de letras!, ¡el mercado capitalista se autorregula!, ¡el 11S fue obra de Bin Laden!, ¡China es comunista!, ¡los fantasmas existen!, ¡el consumismo nos traerá la felicidad!, ¡vivimos en el mejor de los mundos!, ¡el capitalismo se basa en la ley de la oferta y la demanda!, ¡la obra social de los bancos es muy importante!, ¡pronto saldremos de la crisis!, ¡los homosexuales son personas enfermas!, ¡el aborto es un crimen!, ¡la tecnología nos traerá la prosperidad!, ¡el Chakra existe!, ¡en el socialismo la gente no trabaja!, ¡la Transición española fue modélica!, ¡la justicia es igual para todos!, ¡el sistema público es insostenible!, ¡no hay dinero!, ¡EEUU es un ejemplo de democracia!, ¡la Infanta es inocente!, ¡la información de los telediarios es neutral!, ¡el Estado vela por los ciudadanos!, ¡las energías renovables encarecen la factura de la luz!, ¡la gestión privada es más eficaz que la pública!, ¡Hugo Chávez fue un dictador!, ¡en España hay mucha transparencia!, ¡es necesario rescatar a los bancos!, ¡las reformas neoliberales son el camino para el crecimiento!, ¡el Horóscopo es cierto!, ¡ya no existen las clases sociales!, ¡votando se pueden cambiar las cosas!, ¡los comunistas nos quieren quitar la libertad!, ¡en tiempos de Franco se vivía muy bien!, ¡el psicoanálisis funciona!, ¡los empresarios ya no explotan a los trabajadores!, ¡en España, quien más tiene, más paga!, ¡el PSOE es un partido de izquierdas!, ¡la jornada de 8 horas es insuficiente!, ¡si no tienes un Smartphone eres un pringado!, ¡EEUU defiende la libertad en el mundo!, ¡Marx fue un utópico trasnochado!, ¡Lenin llevó a su pueblo a la ruina!, ¡el holocausto nazi no existió!, ¡Diós creó la Tierra en 7 días!, ¡la URSS fue una dictadura totalitaria!, ¡el comunismo equivale a pobreza!, ¡el capitalismo es meritorcracia!, ¡los inmigrantes y los negros tienen la culpa de todo!, ¡los ricos son listos y los pobres son tontos!, ¡quejarse no sirve de nada!, ¡el ser humano es egoísta por naturaleza!, ¡los debates televisivos tienen una gran pluralidad!, ¡el PP defiende a los trabajadores!, ¡no se debe regular el mercado!, ¡la Sexta es un medio progresista!, ¡ya no existen las ideologías!, ¡las pirámides de Egipto fueron construidas por extraterrestres!, ¡el creacionismo es tan válido como la evolución!, ¡nada se puede demostrar!, ¡las huelgas no sirven de nada!,  ¡no se puede cambiar el mundo!…


Estrategia y Táctica para la Revolución Socialista

Para poder transformar el sistema capitalista es necesario conocer y definir las estrategias y tácticas que utiliza la clase burguesa contra el resto de clases explotadas y oprimidas. Cualquiera que se disponga a luchar contra un adversario y pretenda vencerle, debe conocer muy bien a ese adversario, saber cómo piensa y cómo actúa. A partir de entonces podrá definir estrategias y desplegar tácticas para intentar alcanzar la victoria.

Así pues, ¿quién es el enemigo?

El enemigo principal de la clase trabajadora es la clase burguesa. Y dentro de ésta la clase capitalista dominante que ejerce directamente el poder a través del Estado.

¿En qué consiste la dictadura de la clase burguesa?

La dictadura de la burguesía se divide en tres grandes áreas: la dictadura económica, la dictadura política y la dictadura ideológica, todas ellas intrínsecamente relacionadas.

La Dictadura Económica

En la dictadura económica la clase capitalista es dueña del Capital y de prácticamente todos los medios de producción y distribución del mundo. Este hecho permite a los capitalistas privar al resto de la sociedad del derecho a la propiedad privada de dichos medios, concentrando tal propiedad y tal poder en muy pocas manos.

A un nivel más laboral, la dictadura de la burguesía se traduce en el predominio de unas determinadas relaciones laborales donde el sometimiento del trabajador ante los dictados del empresario es la ley: el trabajador debe venderse a cambio de un contrato, a través del cual el capitalista obtendrá la plusvalía, necesaria para poder convertir el dinero en Capital. Nace así el trabajador asalariado explotado, necesario para el capitalista únicamente en tanto que genere Capital.

La Dictadura Política

En la dictadura política, la clase burguesa se ha ocupado de proteger herméticamente sus intereses económicos a través del control del Estado. Es desde las instituciones del Estado y desde la legislación y la jurisprudencia, desde donde se defienden los intereses privados de la burguesía.

Por tanto, las constituciones de las naciones o Estados capitalistas se asientan sobre una base económica profundamente desigual, injusta y antidemocrática, por mucho que pretendan hacer creer que la soberanía nacional recae en el pueblo. Los partidos y los sindicatos institucionalizados no son herramientas válidas para que el pueblo pueda luchar verdaderamente por sus intereses, pues todos ellos aceptan que la propiedad privada sea la ley inviolable del funcionamiento económico.

Contrariamente, los partidos y sindicatos se han convertido en herramientas de control, y cuando éstas no son suficientes para canalizar el descontento de la sociedad, las formas supuestamente democráticas establecidas hasta el momento se tornan en formas autoritarias de dominación. Si el pueblo se manifiesta para protestar contra el dominio y la atrocidad capitalista, el Estado interviene con las fuerzas de seguridad, como la policía o el ejército, que se encargan de maltratar y de torturar a los manifestantes. En este punto la burguesía suele utilizar también tácticas de infiltración y de injerencia extranjera a pequeña escala, además de la habitual financiación a grupos de extrema derecha. Estas estrategias también se utilizan para desestabilizar a gobiernos que no cumplan a raja tabla los dictados de la clase capitalista.

No obstante, la burguesía aún va más allá. Cuando el pueblo sigue sin aceptar la explotación y la opresión burguesas, y logra tener en sus manos la posibilidad real de perjudicar en gran medida los intereses de la clase capitalista, la burguesía opta entonces por el enfrentamiento armado directo contra la sociedad: nace así la forma de dominación fascista, que sólo es capaz de defender los intereses de la clase capitalista a través de la guerra, el sabotaje y el Golpe de Estado. En este punto la burguesía utiliza todos los medios de los que dispone para domar y castigar a la sociedad, entre ellos, la injerencia extranjera a gran escala, el espionaje masivo, los campos de concentración, etc.

La Dictadura Ideológica

A todo lo anterior se le añade la dictadura ideológica, un pensamiento único y dominante que va penetrando en nuestra mente durante toda nuestra vida. ¿Finalidad? que integremos la ideología de la clase burguesa para, por medio de su lenguaje viperino, justificar todo su sistema de dominación: que una minoría rica gobierne sobre una mayoría pobre, que la explotación tenga que existir necesariamente, que la competitividad y el egoísmo son buenos valores, que el capitalismo es sinónimo de libertad y progreso, que los empresarios son necesarios, que poder votar implica que haya democracia, que el comunismo es el mal, y un largo etcétera.

En este sentido, el sistema educativo sirve para que el sistema nos inculque la ideología burguesa dominante desde que somos niños, con el fin de adoctrinarnos y someternos. No se nos enseña a razonar ni a reflexionar, todo consiste en obedecer, memorizar y aceptar las cosas tal y como son, y tal y como deben ser.

Como conclusión, es necesario entender que la dictadura de la burguesía es mucho más que una dictadura puramente económica que se ejerce a través del Estado y las grandes corporaciones multinacionales; es además todo un engranaje político, filosófico y de valores, que está fuertemente asentado por el sistema educativo y la propaganda, y fuertemente protegido por una maquinaria militar y represiva inmensa. Por tanto, mientras la burguesía conserve su hegemonía, no habrá condiciones objetivas ni subjetivas para el cambio o la revolución social.

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer entonces para cambiar o transformar el mundo?

Para empezar, debemos prepararnos para, cuando se den las condiciones objetivas adecuadas, aprovechar el momento. Esto implica que mientras no se den estas condiciones es necesario estudiar, aprender, comprender el marxismo, organizarse, intentar articular movimientos, averiguar las necesidades populares, convencer a más gente de los intereses del proletariado, entender el contexto histórico de nuestro país, conocer la coyuntura concreta que nos rodea, reconocer las clases sociales existentes y el peso que tienen en la sociedad, etc.

Y entonces, ¿cuáles son las condiciones objetivas que podrían permitir un cambio?

Para ello es necesario remontarnos a las condiciones objetivas que se dieron en la revolución bolchevique de 1917. ¿Cómo pudo triunfar la revolución de octubre?

1. La primera condición fue que en el panorama mundial Rusia estaba enzarzada en la Primera Guerra Mundial. Las consecuencias de esa nefasta guerra imperialista entre Estados burgueses supuso para Rusia un deterioro sin precedentes. El hambre y la miseria se propagaron sin piedad por Rusia, y la violencia desatada por las fuerzas del Zar oprimían terriblemente al pueblo desesperado. Los antecedentes violentos en la historia de Rusia se habían integrado ya en la conciencia de toda la sociedad rusa. El incremento de la violencia, la miseria y el malestar, fue el caldo de cultivo adecuado para poder desarrollar la revolución.

2. La segunda condición fue que el pueblo estaba armado. Los primeros en rebelarse contra el régimen autoritario zarista fueron los marines rusos, cuyas filas estaban constituidas principalmente por proletarios y campesinos (esta revolución hizo ver a la burguesía que el servicio militar obligatorio era una desventaja frente a la posibilidad de disponer de un ejército mercenario).

3. La tercera condición fue la madurez del movimiento obrero ruso, que fue capaz de organizarse en Sóviets y adquirir la conciencia de clase apropiada para poder comprender que la clase burguesa era su principal enemigo.

4. La cuarta condición fue la brillante visión de Lenin, que con las Tesis de Abril declaró que el proletariado ruso estaba suficientemente preparado para abordar una revolución socialista contrariamente a los que sostenían que una revolución burguesa y “democrática” era suficiente para superar la crisis que azotaba Rusia. Sin el Partido Bolchevique y sin el marxismo-leninismo, no se hubiera podido organizar nunca la revolución ni formar a los elementos de vanguardia del movimiento obrero.

5. La quinta condición fue la desintegración del Estado ruso. La derrota en la guerra, la incapacidad por garantizar las necesidades de la población y la poca experiencia previa de los gobernantes burgueses y aristócratas, fue la que permitió en gran medida la derrota de los reformistas y liquidadores en pro al marxismo y la revolución socialista.

6. Y la sexta y última condición fue el debilitamiento sufrido por las potencias capitalistas occidentales tras la Primera Guerra Mundial. Sin el deterioramiento de sus fuerzas militares, la revolución bolchevique hubiera sido aniquilada en pocos años tras su victoria.

Así pues, es bastante evidente que no sólo son numerosas las condiciones que deben darse para que la sociedad se embarque en una revolución, sino que para que ésta triunfe también deben darse aun más condiciones.


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