El Conflicto Cataluña-España

Soy catalán. No sé muy bien lo que significa ser catalán, porque últimamente según ciertas personas tenemos que tener una serie de atribuciones extraordinarias para ser catalanes, pero entiendo que soy catalán por haber nacido en Cataluña. También soy Español, quiero decir, en mi DNI lo pone. Entiendo que es porque Cataluña es una comunidad autonómica de un país llamado España y por consiguiente soy también Español. Y ahora también soy Europeo, porque “es ciudadano de la Unión Europea toda persona que ostente la nacionalidad de un Estado miembro de la Unión Europea“. Y España, forma parte de la Unión Europea.

Es curioso, tengo una especie de 3 nacionalidades, cuando los territorios de los que emana este atributo no son naciones:

Cataluña no es una nación plena: no en un sentido político. Cataluña no es un Estado sino una Comunidad Autonómica que tiene la mitad de sus competencias en manos de un Estado llamado España. En un sentido cultural, podríamos decir que Cataluña es una nación porque se habla catalán en general y hay toda una serie de tradiciones propias, podríamos decir, autóctonas. Lo cual no implica que todo el mundo las celebre, pues también se celebran otro tipo de tradiciones ajenas al territorio, como las tradiciones religiosas (navidad, semana santa, etc).

España tampoco es una nación plena: no en un sentido cultural. España contiene muchas tradiciones, pero hay demasiada diversidad y disparidad de tradiciones, sobre todo entre los distintos territorios que las practican. Podríamos decir que la más extendida es tomarse unas cañas en el bar y unas tapas. O comer paella. O comer una buena rebanada de pan con aceite, tomate y jamón. Pero a pesar de ello, no existen verdaderas tradiciones comunes para todos los españoles, exceptuando las fiestas religiosas como la navidad, pero éstas tampoco son propias o exclusivas de España. En su defecto, existen una gran cantidad de tradiciones regionales que sólo se celebran en ciertos territorios del país.  También están las distintas lenguas que se hablan en los distintos territorios, como la lengua vasca y catalana, propias del País Vasco y Cataluña, respectivamente. En un sentido político, tampoco está muy claro que España sea una nación. España es un Estado, de esto no hay duda, pero cada comunidad autonómica cuenta con unas normas y competencias distintas. La sanidad y la educación no son iguales para todos, dependen del desarrollo particular de cada territorio, por tanto, los derechos fundamentales de los que habla la constitución se ejercen de distinta forma en función del territorio. Existen parlamentos regionales y en varias comunidades existe una burguesía regional que en algunos casos ha logrado obtener ciertos estatutos y foros económicos en sus territorios, que los distinguen de los demás y los dotan de competencias muy particulares. En estas regiones, las formaciones políticas que suelen gobernar en España son minoritarias, y las fuerzas políticas autonómicas tienen un mayor peso político (por ejemplo, en el País Vasco y en Cataluña). Tal vez quitando estas dos regiones política y culturalmente díscolas, el resto de territorios se podrían agrupar bajo un paraguas común llamado España. Pero no entraremos en estos supuestos.

Y la Unión Europea tampoco es una nación, ni a nivel político ni a nivel cultural. Es una unión económica, a veces ni siquiera con obligaciones monetarias (hasta hace poco el Reino Unido formaba parte de la Unión Europea pero no de la moneda común, el euro). No existe una fiscalidad común, y las diferencias políticas y culturales entre países son sencillamente abismales.

Dicho todo esto, luego es necesario distinguir lo que uno es, con lo que uno se siente que es. Yo por ejemplo me siento terrícola e identifico mis raíces con la cultura y el país que me ha visto crecer. No me siento especialmente de un lugar en concreto, tal vez a lo sumo de la ciudad donde vivo, pero poco más. Soy una persona bastante crítica con mi entorno, y no estoy orgulloso de ser español. En general no soy muy partidario de las banderas excepto 2, que en estos momentos por desgracia no representan a ningún gobierno ni a ningún país existente. Con lo cual, ni me siento representado por la bandera europea, ni por la española, ni por la catalana, ni por la independentista (estelada).

Entendido este preámbulo básico, ya puedo comenzar a hablar de los problemas económicos y políticos que han caracterizado el creciente conflicto entre el Gobierno de España y la Generalitat de Catalunya.

Hemos sido testigos de la testarudez política en todo su esplendor, tanto por parte de unos, como por parte de otros, pero también del fanatismo y la fractura social que esta disputa ha propiciado.

 

El origen

 

El ideario de los defensores de la independencia es muy variopinto. Para algunos partidarios de la independencia, el origen del problema se remonta cientos de años atrás (els segadors, 1714…), para otros hace tan sólo algunas décadas (la guerra civil, el franquismo, la monarquía parlamentaria, las autonomías), y para otros tan sólo algunos años… especialmente por el tema del Estatut fallido, el “hay que españolizar a los catalanes”, el “nos oponemos al corredor del mediterráneo”, el “todos los vuelos pasarán por Madrid” y toda una serie de despropósitos esgrimidos desde la más rancia derecha castiza. Hay que comprender que las políticas y discursos promovidos por el Gobierno de España han ayudado en gran medida a agrandar las filas del independentismo catalán. Pero también desde Cataluña se ha alimentado el independentismo con mensajes demagogos como “somos demasiados solidarios”, “mirad que bien viven los andaluces”, “España nos roba” y un largo etcétera.

Estamos hablando desde la perspectiva de la gente. Es decir, estamos hablando de percepciones y sentimientos. Pero también de una clase política española y catalana que ha propiciado la escalada del conflicto. Hay que recordar el viejo dicho de que el nacionalismo levanta pasiones, pero también hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones puede resultar antiproducente. El riesgo de querer hacer política en base a sentimientos y resentimientos pasa factura. El choque entre nacionalismos se asemeja a la ley de acción y reacción: siempre que un objeto ejerce una fuerza sobre otro, el segundo ejerce una fuerza igual y opuesta sobre el primero. Esto es lo que está ocurriendo ahora entre el nacionalismo castellano y el nacionalismo catalán. Ambos se erosionan y se refuerzan al mismo tiempo. No se puede descartar un aumento del sentimiento españolista en Cataluña, en contraposición al sentimiento independentista catalán. La escalada de nacionalismos puede ser tan larga como se quiera. Cuando el nacionalismo español se intenta imponer, crece el nacionalismo catalán, y cuando el nacionalismo catalán se intenta imponer, crece el nacionalismo español. Una espiral que en definitiva no conduce a nada.

Desde una perspectiva de lucha de clases, estamos luchando entre nosotros en vez de atacar la fuente de nuestros problemas: la política de austeridad neoliberal y la privatización de los servicios públicos. En este sentido, la crisis económica es la gran olvidada aun habiendo ejercido un papel principal como catalizador del movimiento soberanista. Si no hubiera un malestar económico detrás, el movimiento soberanista no hubiera tenido tanta fuerza, tantos deseos, ni tantas aspiraciones. Recordemos cúal es su principal premisa: hay un dinero que es de los catalanes y que se va a España para no volver, si lo recuperamos revertirá en beneficio de todos los catalanes. A la que le sigue: ahora mismo nos roban por partida doble desde España y Cataluña, si nos independizamos, sólo nos robarán desde Cataluña y será menos. Estas premisas, además de demagógicas, son muy peligrosas. Venden esperanza y son palabras vacías. Tanto el pacto fiscal, como el concierto económico catalán, o la independencia de Cataluña, son escenarios que gravitan sobre esta misma premisa ilusoria, que impide vislumbrar que el problema económico de Cataluña y sus gentes sólo tiene que ver con la crisis y las políticas neoliberales (impuestas desde Europa y que también se han aplicado en el resto de España). También otros partidos de derechas se han nutrido históricamente de discursos demagogos cuando han pretendido confrontar autóctonos con inmigrantes, bajo la premisa de que los inmigrantes nos roban. Ahora el Gobierno de España ha dejado de lado el discurso contra el inmigrante para sustituirlo por el discurso contra el catalán. La gran ironía de todo esto es que los que culpan a otros de robar mediante discursos demagogos, son en realidad los verdaderos ladrones que tratan de encubrir sus robos, o de encubrir los robos de los que verdaderamente roban.

Bienvenidos a la política, pero entremos en materia sin más dilación. Hasta ahora hemos visto 2 ingredientes principales en el origen de este conflicto: por un lado, la crisis económica subyacente, y por otro, las provocaciones y la prepotencia del Gobierno de España sobre Cataluña. Pero aquí es donde entra en juego el tercer ingrediente que ha acabado descarrilando el conflicto: los independentistas. Pues el verdadero despropósito del conflicto Cataluña-España ha venido motivado por parte del sector independentista catalán, que se ha aliado con la derecha nacionalista catalana.

 

Los acontecimientos

 

Hablemos para comenzar de esta derecha nacionalista: CIU ha sido un partido político que en lo fundamental, ha hecho lo mismo que hubiera hecho el PP si hubiera gobernado en Cataluña: ha establecido una política económica neoliberal, una política social conservadora y ha favorecido los privilegios de la iglesia (especialmente del Opus Dei). CIU ha sido siempre un partido político contrario a los derechos sociales y profundamente corrupto (podemos considerarla abiertamente como “la mafia catalana“), y es en definitiva el partido que siempre ha defendido los intereses y los privilegios de la burguesía catalana, ya sea contra la clase trabajadora, ya sea por recibir más duros de España que por cierto, no han acabado nunca en manos del resto de catalanes. Durante muchos años (desde 1978 hasta 2003), CIU pactó y apoyó a los sucesivos gobiernos de PP y PSOE en España a cambio de ciertas compensaciones económicas. Sin embargo, con el estallido de la crisis (2008) y también con el hecho de que el PP logró mayoría absoluta en la X legislatura (2011-2015), CIU, que había ganado las elecciones al Parlamento de Cataluña en 2010, se vio en una encrucijada: por un lado, las políticas neoliberales que implementaron como respuesta a la crisis fueron una calamidad para los catalanes (recordemos que el 15M nació en 2011 como respuesta a estas políticas), y por otro lado, con una mayoría absoluta del PP en España no había opción de rascar bola a nivel económico (el PP ya no los necesitaba para gobernar). Su única salida fue la de optar por potenciar el movimiento soberanista en Cataluña para presionar al Gobierno de España por un lado, pero fundamentalmente para desviar la atención de los catalanes, por otro. Recordemos que el resentimiento contra España se disparó en Cataluña en 2006 con el recurso de inconstitucionalidad presentado por el PP ante el TC sobre l’Estatut d’Autonomia. Por tanto, las bases para elevar el conflicto nacionalista estaban servidas.

Así fue como ascendieron también las CUP, que irrumpieron en las elecciones al Parlamento de Cataluña con 3 escaños en el año 2012. Los de ERC no se quedaron cortos, y en 2012 obtuvieron 21 escaños, el doble que en las elecciones de 2010 regresando a niveles del 2006.

Pero todo cambia en las elecciones al Parlamento de Cataluña del 2015: CIU se separa y queda, por un lado UDC, y por otro CDC. UDC es ahora el verdadero representante de la alta burguesía catalana, mientras que CDC representa ahora sólo a una parte de la burguesía catalana y ha virado totalmente hacia posturas abiertamente nacionalistas. Esta formación, junto con ERD y otras entidades, forman la coalición de Junts pel Si que arrasa en las elecciones. Por su parte, las CUP duplican sus votos y triplican sus escaños respecto a 2012 para convertirse, junto a Junts pel Si, en la única fuerza independentista del Parlamento de Cataluña. El independentismo logra una mayoría en el Parlamento de Cataluña por primera vez en la historia. También es el momento en que nace la coalición de En Comú Podem-Guanyem el Canvi, pero ya es tarde para poder frenar la deriva independentista, y su fuerza e influencia política apenas supera la de las CUP. No tienen nada que pelar frente al sector independentista. Si al menos la llamada izquierda independentista hubiera sido una izquierda realmente crítica y combativa con las políticas de la derecha catalana, los catalanes hubieran sido mucho más conscientes del robo perpetrado en Cataluña por la propia burguesía catalana. Pero decidieron abandonar la izquierda en pro del independentismo.

De este modo, explotadores y explotados se dan la mano cumpliendo con el sueño de toda burguesía de lograr afianzar su hegemonía y alienar al pueblo. Una jugada maestra, ya que gracias a esto, en Cataluña hemos pasado varios años de completo oscurantismo, entendido como la capacidad de la derecha catalana de tapar su corrupción (y la de la burguesía a la que representa), ya que sólo han salido a la luz sus vergüenzas a través de medios minoritarios (como la revista Café amb Llet) y desde la persecución política partidista del Gobierno del PP (mediante los aparatos del Estado, a lo que se ha denominado como Las Cloacas de Interior).

En un primer momento, las CUP formaron parte de una izquierda anticapitalista y combativa. Pero de lo que fueron las CUP a lo que son hoy, hay un abismo. De hecho, conseguir apartar de la política al President Artur Mas (logro de las CUP en enero de 2016) no ha representado ningún cambio positivo, más bien le han salvado el culo y han permitido que eligiera como su sucesor a un independentista llamado Carles Puigdemont al que nadie ha votado. De este hecho se llega a la refundación de CDC, que en julio de 2016 pasa a llamarse PDeCAT, un partido que se declara ya totalmente independentista.

Por si esto no fuera poco, el sector independentista formado por las CUP y Junts pel Si (ahora integrado por PDeCAT, ERC, ANC y Òmnium), no han tenido mejor idea que enfocar las reivindicaciones y aspiraciones de la gente (retroalimentada a su vez por esta clase política en dirección a sus intereses partidistas, no lo olvidemos), en querer independizarse de España a través de un proceso que estuviese dentro de la legalidad española. Y esto, como ya se ha visto, no es posible. No es posible y nunca lo ha sido. Y estoy convencido de que estas formaciones políticas no son idiotas y que esto ya lo sabían. Pero aun así, han decidido conducir el procés hacia el absurdo, por un túnel sin salida alguna. Han hecho lo que en Cataluña se llama “fer volar coloms“, es decir, una cortina de humo. Un humo necesario para seguir tapando los recortes, privatizaciones y corruptelas de la derecha catalana, que ha gobernado Cataluña durante muchos años, y que ha sabido sobrevivir gracias a los pactos con la supuesta izquierda catalana (ERC) que no han dudado en aprobar los presupuestos de la derecha catalana (que incluían recortes de los servicios públicos), sólo porque prometían caminar hacia la independencia. Lo mismo ha ocurrido con las CUP, un partido abiertamente anticapitalista (aunque tal vez deberíamos decir supuestamente anticapitalista), cuyo lema es “independència i socialisme”, que básicamente sólo ha hecho que perseguir la independencia y podríamos reescribir su lema como “independencia y a la porra todo lo demás, incluido el sentido común”.

 

El final

 

Como el camino que los independentistas han elegido implicaba una muerte anunciada, la sociedad catalana está en aras de presenciar el fracaso completo del proceso independentista.

Lo que ha ocurrido es que como no se podía avanzar hacia el independentismo ni dentro de la legalidad española, ni dentro de la legalidad internacional, han tenido que desobedecer. Pero su desobediencia civil al convocar un referéndum ilegal y unilateral, no ha sido como la profesada por Gandhi, más bien han hecho lo que se conoce como tirar la piedra y esconder la mano. Votaciones secretas en el Parlamento de Cataluña, engañar a la gente diciendo que la ONU reconoce el derecho de autodeterminación sin especificar que únicamente es para casos de colonialismo y terrorismo de Estado, que el referéndum sería tranquilo y pacífico mientras 12.000 policías esperaban las órdenes de confiscar urnas e impedir las votaciones, y todo un sinfín de mentiras y tergiversaciones con el objetivo de engañar a los catalanes para continuar justificando su incompetencia política. Han enviado a la gente a enfrentarse a la policía y se han escudado en la brutalidad policial ejercida por el Estado español. Sí, efectivamente, ha habido desproporción. Bajo mi punto de vista no era necesario el uso de la fuerza bruta contra civiles inocentes. En este caso, y para no incurrir en avivar un conflicto visceral, los actos ilegales se hubieran podido gestionar jurídicamente, es decir, con leyes y sin necesidad de fuerza bruta.

Lo más interesante es que tras este referéndum que, digámoslo claramente, fue un éxito dadas las circunstancias, el independentismo sólo obtuvo un escaso 40% del censo electoral. Es decir, minoría.

Pero ni con esas. Los independentistas pa’lante. Claro que sí, ¿qué puede salir mal? ni tienen el reconocimiento internacional, ni tienen las leyes de su parte, ni tienen mayoría social… además han cometido delitos y la mitad de los dirigentes independentistas están en la cárcel… no hace falta ser muy listo para ver que este proceso no tiene nada que hacer excepto morir.

El Senado decreta la aplicación del artículo 155 de la constitución (aunque previamente ya se habían intervenido las cuentas de la Generalitat) y los independentistas por primera vez dan marcha atrás. Disuelven ellos solitos el parlamento, el presidente Carles Puigdemont se fuga a Bélgica y ¡¡la señora Forcadell dice que todo esto ha sido una broma!! parece que se han dado cuenta de que la han liado parda…

Aquí es necesario mencionar que todo este conflicto nacionalista le viene muy bien al Gobierno de España, que también desvía la atención de la corrupción endémica del PP hacia este conflicto.

Se han convocado elecciones al Parlamento de Cataluña el próximo 21 de diciembre de 2017. Las CUP aún no han confirmado si se presentarán, ERC y PDeCAT han partido peras, no hay coalición o lista única por la independencia.

La independencia no moriá, claro está. Pero el procés ha muerto, por fin.

Ahora, paciencia. Veremos el resultado de las elecciones.

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Sobre el Referéndum de Cataluña (1-O)

Es importante considerar el panorama político catalán con cierta perspectiva y no dejarse llevar por las pasiones políticas del momento. Siendo realistas, no conviene hacerse muchas ilusiones sobre el procés, ya que nos podemos llevar algunas sorpresas indeseadas…

Por dónde comenzar. Ah sí, por la lucha de clases.

Viene siendo curioso el hecho de que una parte de la izquierda catalana haya decidido hacer piña con la derecha catalana. Una derecha que representa a los ricos, y que no ha dejado de robar, privatizar y recortar servicios y derechos básicos de la ciudadanía catalana. Las mismas fórmulas utilizadas en España para reprimir al pueblo y empobrecerlo, se han usado en Cataluña, así que, eso de que Catalonia is not Spain, no sé muy bien a qué se refieren, ya que en la práctica los capitalistas se han hecho más ricos, y los trabajadores más pobres. Igual que en España. Además, Cataluña ha sido pionera en recortes a la sanidad y a la educación públicas, y mientras tanto, los mandamases de Cataluña se llevaban el dinero de los catalanes a Andorra, el país de los refugiados de guante blanco que tienen que esconder sus fortunas para no pagar impuestos. Pobrecillos, aun han sido víctimas de las cloacas del Estado español, que ha usado sus artimañas para destapar las miserias de estos mandamases. Sí, es cierto, hay una pugna de poder entre la aristocracia española y la burguesía catalana. Pero eso no exculpa ni a los primeros ni a los segundos de todo el daño que juntos, han hecho a la clase trabajadora española y catalana. No hace falta recordar que siempre que les ha interesado, han ido de la manita. Y hasta hace bien poco, la burguesía catalana representada en el Congreso de los Diputados votaba a favor del mismísimo Gobierno de Rajoy en votaciones secretas. Un espectáculo tan dantesco como lamentable.

El nacionalismo siempre ha sido una cortina de humo para ayudar a los ricos a borrar de la conciencia de los trabajadores la verdad sobre su explotación (alienación). Los trabajadores, mientras sigan explotados y a merced de las leyes y de las empresas de los capitalistas, no tienen patria que defender, salvo aquélla que les permita liberarse de las cadenas que los oprimen.

Para el caso del Referéndum del 1-O, la nueva patria prometida no rompe ninguna cadena de opresión de clases. Una República catalana suena muy bien, pero no deja de ser una República catalana capitalista. ¿Qué hemos avanzado en realidad?, ¿sustituir un amo por otro?, ¿no tener tantos amos? La única ventaja que podría tener el procés, en el imposible caso hipotético de que Cataluña lograse proclamar la independencia de forma unilateral y ser reconocida como tal, sería el hecho de salir de Europa para dejar de estar sometidos a los dictámenes de los recortes y la austeridad social (por no hablar de la deuda soberana, la prima de riesgo y demás). Sin embargo, paradójicamente la inmensa mayoría de las personas que defienden la independencia quieren la reentrada de Cataluña como Estado soberano dentro de la Unión Europea. Una idea brillante, así los catalanes podrán acatar directamente las directrices de Angela Merkel sin intermediarios de ninguna clase. Puede incluso que se ruede la cuarta entrega de Men in Black en el Parlament (alegoría de un gobierno en la sombra de los Hombres de Negro de la Troika).

Las motivaciones de la pugna de poder de la burguesía catalana se comprenden. Si España fuese un país civilizado, donde los fascistas (franquistas, para el caso español) hubieran perdido la guerra, cosa que no ocurrió, es muy probable que la catalanofobia hubiera desaparecido para siempre. De hecho, es probable que se hubieran reconocido y condenado todos los crímenes franquistas, y la ley de la memoria histórica fuese uno de los pilares de la convivencia entre territorios y culturas dentro de España. También, por supuesto, los territorios más ricos e industrializados llevarían las riendas del país. Bueno, esto último ya si acaso lo tendrían que discutir con Europa, que no ha hecho más que destruir la economía española desde que entramos en ella. Pero las motivaciones son claras: realmente la burguesía catalana quiere algo más del pastel que se reparte en España, o al menos, las condiciones del Concierto Económico Vasco para Cataluña. Y por otro lado, el nacionalismo y la independencia le sirve para dos fines: el primero, como instrumento de presión contra el Gobierno de España, y el segundo, como instrumento de alienación del pueblo catalán.

La burguesía catalana no desea la independencia de Cataluña y está jugando con fuego al tratar de equilibrar la presión contra el Gobierno de España y los deseos de los independentistas de llevar al extremo sus proclamas soberanistas.

En cualquier caso ya han roto el hielo, y como dijo Mahatma Gandhi, “cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer“. Pero, ¿cuántas leyes son injustas para la clase trabajadora?, ¿qué flaco favor nos estamos haciendo a nosotros mismos al caer de bruces en los intereses de la burguesía catalana?, ¿por qué no desobedecemos otras leyes? pues porque a los mandamases no les interesa y nos llevan por donde les conviene… más o menos.

Era evidente que por la vía legal no iban a lograr mucho. La ley del Referéndum es ilegal, como era de esperar, al igual que la ley de Transitoriedad. Veremos qué ocurre con el Referéndum, es probable que no se celebre, y de celebrarse, es probable que se impida votar, que se requisen urnas, que se invaliden los resultados y que la participación sea escasamente la independentista. También existe la posibilidad que tras el Referéndum, el Tribunal Constitucional invalide de oficio a todos los diputados catalanes que votaron a favor de estas leyes. En ese caso el Parlament no podría llevar a cabo sus funciones y se tendrán que convocar elecciones para elegir al Gobierno de la Generalitat. Y ahí será donde veremos a quiénes votan los catalanes para que decidan su futuro.

Personalmente opino que un Referéndum no hace daño a nadie, y que la sociedad catalana debería acudir masivamente a las urnas a votar. Es más, pese a todo lo que he comentado, podría ser interesante ayudar a la burguesía a asestar un duro golpe a Rajoy, al fin y al cabo, el Gobierno de España no es precisamente de izquierdas. Y esto no es todo, existe también la posibilidad de que el procés se le escape de las manos a la prudente burguesía catalana.

Por tanto, mi veredicto es, sin albergar ninguna esperanza, que hay que votar, y a la pregunta de ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente en forma de república? hay que votar que SÍ.

A ver qué ocurre…


Crítica al Vegetarianismo

El vegetarianismo es una religión que cada vez está más de moda. No se escoge ser vegetariano por cuestiones de salud, ni en la realidad mejora las condiciones de maltrato o sufrimiento de los animales.

Sobre la salud

Para llevar una vida sana se necesita tener una dieta sana (equilibrada y basada en la pirámide alimenticia) y realizar ejercicio de forma moderada. Siendo vegetariano es imposible cumplir con la dieta sana.

Al eliminar la carne de la dieta, los vegetarianos experimentan carencias nutritivas, entre ellas, la más crítica es la carencia de la Vitamina B12, que solo se encuentra en cantidades suficientes en la carne y cuya carencia produce trastornos neurológicos y ateroesclerosis (no confundir con arterioesclerosis).

Otra carencia nutritiva que los vegetarianos experimentan es la carencia de los aminoácidos esenciales que nos proporciona la carne, que tendrán que suplir a través del consumo de productos basados en soja.

Otra carencia nutritiva que los vegetarianos experimentan es la carencia del hierro de origen animal que nos proporciona la carne, y cuya absorción es mucho mayor que la del hierro de origen vegetal presente en las lentejas y las espinacas, por ejemplo. En la práctica es casi imposible suplir el hierro de origen animal a base de productos vegetales, además de que, si el hierro se mezcla con fibra, aun se reduce más su absorción. La carencia de hierro produce anemia.

También el vegetarianismo puede conducir con facilidad a un desajuste de la dieta. Del mismo modo que ocurre con las personas que abusan del azúcar y las grasas hidrogenadas (o trans), eliminar la carne y el pescado puede llevar a consumir una proporción mayor de alimentos basados en carbohidratos simples y almidones (como la pasta, el arroz y la patata, por ejemplo), hecho que podría ocasionar un aumento de peso.

Por otro lado, en los no vegetarianos, el consumo excesivo de carne roja y pescados grandes también produce daños a la salud, tanto por el aumento de padecer enfermedades cardiovasculares en el caso de la carne roja, como del aumento de la toxicidad corporal provocada por los plásticos y el mercurio que contienen los pescados grandes (tipo atún y similares). También, en los no vegetarianos, se debe cuidar la procedencia de la carne que se consume, evitando a toda costa aquella carne que lleve aditivos, antibióticos y hormonas, dado que su consumo es también perjudicial para la salud.

Sobre el maltrato animal (ética)

Cuando una persona es consciente del daño que está causando el ser humano a la naturaleza y decide que eso no es correcto, y en consecuencia decide volverse una persona ecológicamente activa, reduciendo su consumo de carne y de plásticos, reciclando en gran medida los residuos que genera y tratando de reparar las cosas que ya tiene en vez de comprar otras nuevas, está siendo coherente y razonable. Esto es así porque su actitud en la práctica ayuda a combatir aquello que critica en la teoría.

No ocurre lo mismo con la cuestión del maltrato animal y los vegetarianos. Ser vegetariano no es luchar contra el maltrato animal, sino incurrir en la autocomplacencia de dejar de ser partícipe de ese maltrato. La lucha contra el maltrato animal es política, y debe condenar las prácticas abusivas de la industria alimentaria, multarlas, forzar a los gobiernos a que prohíban el uso de fábricas de animales, etc. Ser vegetariano no cambia en nada el hecho de que sigan existiendo fábricas donde se hacinen a los animales y se les inyecten hormonas y antibióticos, y en definitiva, se les maltrate. Estas son aberraciones de la moderna industria alimenticia que ciertamente, todo el mundo debería evitar consumir (Fast Food, etc).

Existe un punto intermedio entre consumir carne de animales maltratados, y dejar de consumir todo tipo de carne como rezan los vegetarianos. Y este punto intermedio es consumir animales criados en libertad y alimentados con productos naturales, que también es una forma de luchar contra el maltrato animal sin las desventajas de los problemas de salud producidos por el vegetarianismo.

El único cambio que van a provocar los vegetarianos sobre el mercado mundial de la alimentación, es que la industria se amplíe para cubrir las necesidades de este colectivo creciente, por ejemplo, incluyendo productos vegetarianos (basados en soja) y productos supuestamente ecológicos en los supermercados. Bienvenidos a la estafa del ecocapitalismo. Cambiar la apariencia de las cosas para que en el fondo todo siga igual.

No obstante, si bien es cierto que el consumo moderado de carne o pescado es necesario, lo que está haciendo el ser humano es atroz. El grado de explotación de los recursos marinos debe frenarse en seco y prohibir la caza de ballenas, la pesca de arrastre, etc. No estamos permitiendo a la naturaleza regenerarse de una forma adecuada y no estamos garantizando en absoluto la calidad de los alimentos (recordemos que el pescado también se usa como pienso para producir carne, con lo que la carne concentra aun más toxinas que el pescado). Esto se combate dejando de consumir tanta carne y pescado, y la que se consuma que sea de animales criados en libertad y bien alimentados (pollo de corral, jamón de bellota, etc).

El consumo de carne y pescado debe ser testimonial: 2 o 3 veces a la semana en total, no 8 o 9 veces a la semana como ocurre con la inmensa mayoría de la población del primer mundo. Estamos consumiendo más del doble de carne y pescado de lo que necesitamos.

La muerte animal y el cambio de hábitos

En la naturaleza no existen los derechos, ni las leyes, ni la justicia. Los animales, como nosotros (que a veces nos olvidamos de que también somos animales y que formamos parte de la naturaleza que nos parió), se llevan matando desde que el mundo es mundo.

El león que se come a la gacela, el cocodrilo que se come a sus crías, las abejas que inyectan sus larvas en el estómago de las cucarachas, las arañas que se comen tras fecundar, los osos pardos que destripan a los salmones para comer sus huevas por gula, los monos que se matan entre ellos por el control del territorio, y un largo etcétera.

Toda la naturaleza está llena de dolor y sufrimiento. La vida, es así. Por eso existe lo que denominamos “ley de la selva”, porque en la naturaleza no hay ley. Y nuestra vida, nuestra sociedad, no es tan diferente a la del resto de animales.

El derecho, las leyes y la justicia, son pues, inventos del hombre que no existen fuera del ámbito de la sociedad humana (incluso dentro de nuestra propia sociedad, no siempre tienen validez).

Es por ello que el hecho de matar animales no me parece un asunto tan descabellado como para tener que cambiar de hábitos alimenticios que encima son perjudiciales para la salud. Más aun, teniendo en cuenta que la muerte de animales es lo habitual en la naturaleza.

Otra cuestión es matarlos públicamente y torturarlos, como ocurre con Los Toros, por ejemplo. El problema aquí es distinto, no por el hecho de matar a un toro tenemos que poner el grito en el cielo, sino por mostrarlo y celebrarlo, ya que con esto lo que ocurre es que estamos fomentando el sadismo en la sociedad, y el sadismo es malo por ser un acto conscientemente desconsiderado.

El ser humano tiene que centrar su vara de medir de lo que es bueno y malo en relación a lo que es bueno o malo para sí mismo, y en función de las consecuencias que puede haber para el conjunto de la sociedad.

Contaminar es malo porque es malo para nosotros, porque envenena el aire que respiramos, el agua que bebemos, y las plantas y los animales que comemos. El sistema capitalista es malo porque genera pobreza extrema en la mitad de la población mundial, entre muchas otras cosas.

El problema es que el ser humano no ha aprendido siquiera a cuidar de sí mismo. Pero esto no se combate siendo vegetariano, se combate teniendo conciencia de clase y luchando contra las atrocidades que pracica el hombre contra sí mismo (la explotación, la desigualdad, la concentración de riqueza, la pobreza, la guerra, la contaminación, la insostenibilidad medioambiental, etc).


Terrorismo Occidental

Terrorismo Occidental en Venezuela

Los capitalistas occidentales están desesperados por liquidar a Maduro y conquistar el poder político, porque es evidente que el poder económico ya lo ostentan. Todo un entramado de empresas, “medios de comunicación”, bancos, lobbies y grupos paramilitares son de hecho los que conforman la “oposición” venezolana que, mediante un partido criminal y de derechas, pretenden obtener el poder político mediante el uso del terrorismo, hasta el punto de provocar una guerra civil en el país. Esta misma oposición es la que origina el acaparamiento de recursos agrícolas y la consecuente escasez en los supermercados. Esta misma oposición es la que sale a pegar tiros y a matar civiles en el centro de Caracas. El 80% de las muertes de este conflicto político han sido a manos de los opositores y el 20% restante ha sido a manos de la policía mientras intentaban defenderse de estos criminales. Luego, cuando por fin arrestan a diversos dirigentes políticos de la oposición, los “medios de comunicación” tildan el acto de “tiranía”, y se apresuran a lanzar noticias sobre los “presos políticos”, cuando en realidad no son más que criminales que deberían estar en la cárcel, o en su defecto, en el Monte Olimpo criando malvas.

El problema de este conflicto siempre ha sido el mismo: La Revolución Bolivariana es débil y no se atreve a luchar seriamente contra el enemigo burgués que tiene delante. Los Gobiernos Bolivarianos de Chávez y Maduro nunca han conseguido hacer lo que era necesario hacer: expropiar a la clase capitalista de Venezuela, nacionalizar la banca, empoderar a la clase trabajadora y dejarse de gilipolleces. La burguesía ha declarado la guerra de clases contra la soberanía del pueblo de Venezuela y lo que hace Maduro es responder pacífica y diplomáticamente con unas elecciones a la Asamblea Constituyente. Unas elecciones que, pese a todos los impedimentos de la oposición, ya sea mediática y a través de boicotear la participación en los colegios electorales bajo amenazas y extorsiones, no obtuvo malos resultados para el Gobierno Bolivariano de Maduro. No obstante, la burguesía no se detendrá aquí. Seguirá luchando, demonizando, fanatiando, mintiendo, armando y extorsionando todo lo que pueda hasta que Maduro y su Revolución Bolivariana se vayan a tomar por culo. La única razón por la cual sigue en pie el Gobierno Bolivariano de Maduro es porque tiene el ejército controlado y de su parte, pero el día que esto cambie, la clase empresarial obtendrá el poder y será entonces cuando Venezuela deje de ser noticia. Las desigualdades sociales y la pobreza se dispararán, pero ya estará todo atado y bien atado en Venezuela: mientras gobierne quien toque, las miserias y las aberraciones ya podrán considerarse menores, y pasar a un segundo plano en las noticias de actualidad.

Lo que sufre Venezuela hoy, es el imperialismo occidental, que basa una parte de su estrategia expansionista sobre otros países en la siguiente táctica: si en un determinado país, el partido o los partidos que representan a la clase capitalista occidental no ganan las elecciones, entonces ese país es una dictadura y hay que derrocarla por todos los medios necesarios.

Terrorismo Occidental en Siria

Una cuarta parte de las armas que España exporta están fabricadas en Cataluña. España es el séptimo exportador de armas del mundo y uno de sus principales compradores es un país aliado de la OTAN que está en el punto de mira: Arabia Saudita.

La guerra de Siria se reduce a una cuestión de interés económico geopolítico: el de occidente de obtener energía fósil y controlar los recursos estratégicos de la región. Esta es la estrategia que se ha utilizado en América Latina, Norte y Centro de África, Oriente Próximo, Oriente Medio e Indonesia. EEUU es el país del mundo con más bases militares instaladas en países ajenos (tiene más de 200 bases militares repartidas por todo el mundo), y su objetivo no es sembrar la paz y la libertad, sino controlar el mundo para que el imperialismo occidental pueda seguir realizando su habitual extracción y transferencia de riqueza desde otros países.

Dicho esto, podemos hacer un breve repaso, no ya de los Talibanes, o los escuadrones de la muerte, o los “rebeldes libios”, o Al-Qaeda, o cualquier otra organización creada por los EEUU, sino de la creación del ISIS: Para entender porqué nace el ISIS, se necesita saber que en un determinado momento diversos países, como Rusia, Iran, Qatar, Arabia Saudita, Turquía y EEUU, pusieron sobre la mesa distintos proyectos de construcción de gaseoductos para abastecer a Europa desde Siria. La cuestión era meridiana: dependiendo del trazado de estos gaseoductos, estos países podrían tener un mayor control del gas natural de la región, y cada país propuso el que más le convenía económicamente. En un determinado momento, el Gobierno soberano de Basar Al-Assad en Siria, decidió poner en marcha el proyecto de un gaseoducto que favorecía a Irán, es decir, a los chiitas. Esta decisión suscitó mucos recelos entre los sunitas y empezaron a llover sanciones económicas para Siria. Recordemos que las facciones musulmanas chiitas y sunitas están enfrentadas (no entraremos ahora en los orígenes históricos del enfrentamiento), y actualmente podríamos clasificar los bandos con los siguientes países: el bando chiita estaría conformado por Iran, Irak, Siria y Rusia; y el bando sunita estaría conformado por Arabia Saudi, Qatar, Turquía, EEUU (y por extensión todos los países aliados de la OTAN). Como Siria no rectificó su conducta legítima tras el castigo de las sanciones, el bando sunita decidió pasar a la acción: se inició así una rebelión en territorio Sirio, encabezada por varias organizaciones de mercenarios terroristas entrenados por Francia y EEUU, financiados y armados por Arabia Saudita y Turquía, y que finalmente acabaron liquidados o absorbidos por un nuevo grupo que lideró la rebelión: el ISIS que todos conocemos y que ha seguido obteniendo armas y financiación por parte del bando sunita (el ISIS como tal, tiene su origen en Irak varios años antes, pero esto es otro tema aun más complejo de explicar).

Hoy por hoy seguimos con el mismo panorama: occidente intentando destruir el gobierno de Siria mediante un grupo terrorista para poder controlar el gas natural de la región, mientras los gobiernos occidentales van de demócratas que condenan el terrorismo.

Terrorismo del ISIS en Barcelona

No quiero entrar en si los nacionalistas de un bando y de otro utilizaron los atentados con fines políticos. Lo hicieron. Pero el culpable del atentado es su autor. Esto nos debe quedar bien claro a todos para no perder el mundo de vista.

Por otro lado, podemos intentar comprender las causas del atentado.

El culpable no es España o Cataluña por vender armas a Arabia Saudita (que a su vez financia al ISIS en Siria), porque ninguna de esas armas se han utilizado en los atentados de Barcelona.

Tampoco es culpable España por no dar acceso a los Mossos a la base de datos de la Interpol. Era un secreto a voces el hecho de que habría un atentado y parece que se tenían sospechas de un atentado en Barcelona desde mayo, si bien es cierto que el Iman estaba fichado por la Interpol y no por los Mossos, y ha sido un golpe de suerte que le rebentaran los sesos con la explosión fortuita de Alcanar.

Tampoco es culpable Ada Colau por no instalar bolardos en los principales paseos de la ciudad. Claro que, ciertamente, es mejor prevenir que curar y esos bolardos se deberían instalar, del mismo modo que España debería dar acceso a los Mossos a la Interpol.

Tampoco son culpables los “moros” o los “musulmanes”. Y aquí convendría distinguir entre un árabe, un musulman, un islamista y un terrorista. Un árabe es todo aquél que vive en un país de lengua árabe. Estos países se concentran sobre todo en Oriente Medio y Oriente Próximo. Un musulmán es todo aquél que cree en la religión de Mahoma (el Islam). Hay musulmanes que son árabes y hay musulmanes que no. La mayoría de los musulmanes del mundo viven en Asia. Un islamista, al contrario que un musulmán, además de creer en el Islam, lo lleva al terreno político, es decir, defienden la no separación entre Islam y Estado. Un terrorista, también llamado yihadista o integrista radical islámico, es el que, contrariamente a un islamista, además de defender un Estado confesional islámico, pretende alcanzar sus obetivos mediante el uso de la extrema violencia. Con todos los conflictos que occidente está desatando en países árabes y musulmanes, tenemos suerte de que los musulmanes en occidente hayan optado por la integración y la convivencia con nosotros, y así lo han demostrado condenando el terrorismo. No podemos caer en el discurso racista o islamófobo.

Muy alejadas de estos dicursos, las causas del atentado se pueden resumir en los conflictos y guerras que desata occidente en Oriente Medio, y cuyas consecuencias son ciertamente devastadoras para sus gentes: exilio, muertes, fanatización, injusticias, atentados, bombardeos, empobrecimiento, robo de recursos, etc. Estos conflictos imperialistas los desata la OTAN, de la cual España forma parte activamente, participando en más de 14 misiones y con el uso de varios miles de soldados.

Lo que resulta sorprendente es la clara hipocresía de la clase política y capitalista gobernante de occidente sobre todo esto. Un claro ejemplo de hipocresía es el que sustenta el Rey de España, que acude a una manifestación en Barcelona contra el terrorismo mientras va cerrando sus negocios con Arabia Saudita.

También existe otra cuestión meridiana y mucho más aterradora, que es la que reza la Doctrina del Sock: en realidad los gobiernos de occidente planean utilizar el terrorismo para expandir el miedo entre la población, crear estados de excepción (véase Francia), y con ello recortar derechos y libertades civiles en Europa.

Si la población occidental quiere verdaderamente liberarse de este tipo de atentados, debe luchar por la coherencia y el respeto a otras culturas, y exigir la no participación en misiones de la OTAN y la no intervención en conflictos armados, o en su defecto, salir de la OTAN para que no se nos relacione con las guerras que la OTAN desata en otros países. Esto evitaría los atentados de origen “externo”, pero aun así seguiríamos sin poder evitar los atentados de origen “interno”. Precisamente, como el uso de la Doctrina del Shock sirve para cualquier catástrofe, nada impide a los Gobiernos Occidentales realizar ataques terroristas de falsa bandera como ya ocurrió con el 11-S en EEUU…

El terrorismo, señoras y señores, es el nuevo fascismo, y ha llegado para quedarse. El terrorismo lo ha creado occidente para someter países extranjeros díscolos, y para someter a su propia población.


¡YO NO RECICLO!

En el mundo, 1 de cada 70 bolsas de residuos que la sociedad humana genera, proviene única y exclusivamente del consumo doméstico. Es decir, que si el 100% de la población mundial reciclase a nivel doméstico el 100% de todos sus resíduos, la sociedad humana en su conjunto estaría reciclando únicamente el 1,5% del total de todos los residuos que generase.

El 98,5% de los residuos restantes generados por la humanidad proviene del sector terciario, es decir, de las administraciones públicas y las empresas privadas, aunque mayoritariamente de las empresas privadas (sector industrial y agríocola).

En otras palabras, el hecho de que la gente recicle no sirve para nada. Para absolutamente nada. Es una pérdida total de tiempo. Además, en un sentido plenamente consciente y contestatario, nos tenemos que rebelar contra la idea de que reciclar es nuestro deber porque tenemos que cuidar del mundo y hacer del mundo un lugar mejor.

Pura propaganda capitalista.

La población civil no pinta nada en el mundo capitalista. No somos capaces de influir en prácticamente ninguna toma de decisión a nivel político y ni menos aún a nivel económico/productivo. Estamos sometidos al diseño de este macabro y perverso sistema que nos miente y nos explota, pero a ninguna autoridad parece importarle cuando esta circunstancia es en beneficio de los capitalistas y a la acumulación incesante de capital en unas pocas manos. Pero eso sí, cuando se trata de poner sobre la mesa los deplorables y nefastos resultados que presenta el sistema, entonces enseguida es culpa y responsabilidad de la gente. Ya lo hicieron con la crisis cuando nos soltaron que vivimos por encima de nuestras posibilidades, y lo vuelven a hacer ahora con el cambio climático cuando nos sueltan que debemos reciclar.

Pues yo me alzo y a toda honra digo: ¡YO NO RECICLO!

El problema no es nuestro. Evidentemente que no es nuestro. La sociedad civil no ha tenido nada que ver con el deliberado diseño de un sistema productivo lineal. Y esta es la raíz del problema. Desde hace casi 300 años, el sistema económico capitalista sólo se ha preocupado de producir, vender y ganar dinero con ello. Y ahora, voliá, resulta que hay un problema de contaminación ambiental de tres pares de cojones.

Pues me van a permitir que diga que el peso de la responsabilidad de este desastre no recae ni puede recaer sobre la población civil, y menos aun cuando los capitalistas nos han mantenido siempre al margen de su modelo económico/productivo. Sin embargo, se nos bombardea con la idea de que somos responsables del reciclaje y de que tenemos que reciclar para ser ciudadanos ejemplares y bla, bla, bla.

Cuanta vileza maquiavélica y podredumbre intelectual hay en estas consignas pérfidas que nos lanza el sistema. La realidad es bien distinta:

¡La responsabilidad es de los ricos!

¡La responsabilidad es de las empresas!

¡La responsabilidad es de las administraciones!

Ahí está el peso del problema, el peso de la responsabilidad y el peso de las soluciones.

El hecho de que la sociedad civil recicle no va a produciur ningún cambio, porque como ya he comentado, eso sólo supone un 1,5% de la solución a este problema, es decir, nada y menos. Además, a esto se añade el problema de que si algún ciudadano se equivoca reciclando, manda a tomar por culo el trabajo de reciclaje de los demás. Pero las pifias no provienen únicamente de los ciudadanos, los propios camiones de la basura han estado años mezclando todos los resíduos indistintamente para ahorrarse dinero. Todo es una puta pantomima, se nos quiere culpar ahora de no solucionar el cambio climático porque saben que la solución nunca podrá provenir de nosotros. Saben que nosotros no podemos resolver este problema pero que si nos creemos que el problema es nuestro o depende de nosotros, siempre nos podrán seguir culpando de ser los culpables de que no se solucione.

Vuelvo a repetir: Cuanta vileza maquiavélica y podredumbre intelectual hay en las consignas pérfidas que nos lanza el sistema.

El sistema capitalista quiere que trabajemos inútilmente para ellos, porque ellos no quieren responsabilizarse de nada. Pero la solución la tienen ellos y está en cambiar el modelo productivo. Dejar el modelo lineal y hacerlo cíclico. Implicando tanto a las empresas como a las administraciones. Que se generen más plantas de reciclaje y que se creen puestos de trabajo. Sólo en España, se podrían dedicar al sector del reciclaje más de 100.000 empleos adicionales y descargar a los ciudadanos de esta tarea completamente inútil e innecesaria.

Yo lo tengo claro.

¡YO NO RECICLO!


La Doctrina de la Religión

No existe evidencia alguna sobre la existencia de Dios. De lo que sí existe una evidencia clara, es que el hombre ha creado un sinfín de religiones a lo largo de su historia, y que en todas y cada una de ellas se han relatado siempre una serie de historias y deidades que se han presentado como hechos verdaderos.

El problema de las religiones es que están basadas en la fe, y no en los hechos. Motivo por el cual, todas las religiones se contradicen entre ellas. ¿Quién lleva razón?, ¿qué religión es la verdadera? Los creyentes dirán que obviamente la religión verdadera es la suya (la que les han inculcado, vamos). Sin embargo, no se dan cuenta que del ejercicio de negar la validez del resto de religiones, nace el germen para obtener el verdadero conocimiento. Los ateos, a diferencia de los creyentes, tan solo vamos un paso por delante de ellos, negando una religión más. Un creyente es un ateo del resto de religiones que existen.

Desde el punto de vista de un creyente, ¿cabría la posibilidad que aún no se hubiera encontrado la religión verdadera? Antes de la existencia del cristianismo, nadie sabía nada de Jesucristo ni del Dios que ahora está en boca de todos los curas. Sin embargo, las religiones estaban al orden del día. Predominaba el politeísmo, en vez del monoteísmo, y muchos de los antiguos creyentes estaban convencidos de que sus Dioses eran los verdaderos. Lo que ha ocurrido con estas religiones es equivalente a lo que acabará ocurriendo con las religiones de la actualidad en un futuro. Lo que antes era religión, ahora es una fábula mitológica. Lo que hoy es religión, en un futuro será una fábula mitológica.

Dicho esto, es importante comentar que, en ningún caso la ciencia tiene que demostrar la no-existencia de Dios. En todo caso, serán los que realizan afirmaciones extraordinarias, los que deberán aportar pruebas extraordinarias. La ciencia y el empirismo ya han demostrado por pasiva la inexistencia de Dios.

Por este motivo, y volviendo al tema de si hemos topado ya con la religión verdadera, cabe comentar que de descubrirse la existencia de Dios o de Dioses (quien sabe), nada tendrán que ver con lo que el hombre jamás haya escrito sobre estos supuestos seres sobrenaturales. Ya que nunca hemos tenido el más mínimo contacto con ellos. Por tanto, al no estar basadas en hechos, las religiones son puros inventos. Hasta que no haya pruebas, es el hombre el que ha creado a Dios, y no viceversa.

En realidad, lo que hace poderosa a la religión, no es el imaginario de un ser supremo que lo ha creado todo. Es más, viendo cómo el mundo está siendo gobernado por auténticos tiranos, donde reina la desigualdad y la hipocresía, donde hay guerras, hambre y miseria, si este mundo es realmente una creación de un ser todopoderoso y divino, yo no estoy nada impresionado. No se me ocurriría catalogar semejante despropósito como una verdadera creación divina. Me parece en todo caso, una creación mediocre, incompleta, y carente de la más mínima cordura.

En realidad, lo que hace poderosa a la religión, es que sirve como vehículo para la autocomplacencia y la superioridad moral. La política de la confesión sirve pues de justificante moral. Por eso, con la religión, todo vale. Puedes agredir, torturar, asesinar, violar, matar y cometer los más atroces delitos tipificados en las leyes humanas, que si te confiesas y abrazas a Dios en su misericordia, él limpiará tu alma de pecados y te reservará un espacio en el paraíso divino. Sin embargo, si nunca has creído en él, serás condenado para toda la eternidad a vivir en el infierno, sin importar lo buena persona que seas o lo buenas que hayan sido tus acciones en vida.

Además, la religión católica es una religión para estúpidos. El famoso Pecado Original de Adán y Eva fue que quisieron comer el fruto del conocimiento y fueron condenados por querer saber. Esto siempre me ha asombrado de la religión católica, es decir, el hecho de que al parecer, se defienda la ignorancia y se condene el conocimiento. ¿Por qué iba a ser malo el conocimiento?, ¿acaso podría inducir a que los creyentes abrieran sus ojos y desterraran la idea de Dios de sus mentes?

Porque seamos francos, Dios existe. Sí, en efecto. Existe como posverdad. Existe, en la mente de aquellas personas que así lo creen. Pero más allá de las fronteras de sus cráneos, Dios no es más que un susurro que se pierde con el viento y del que jamás se obtendrán respuestas.

Pero por desgracia el tema de la religión no acaba aquí.

La práctica que ejerce la religión sobre las mujeres y los homosexuales es francamente lamentable. La mujer es relegada a un segundo plano en la vida y sólo interesa de ella la influencia que ejerce sobre los niños, porque es la encargada de cuidarlos y ayuda a difundir y perpetuar las ideas y la moral católica. Respecto a los homosexuales, lo normal en la doctrina católica es considerar la homosexualidad como una enfermedad. Una enfermedad de la que suelen contagiarse muy a menudo los curas, sobre todo cuando hablamos de sus relaciones con los niños. Ya son cientos y miles los casos de pederastia perpetrados por los curas de la religión católica. La pederastia es ya el cáncer de la iglesia. Voluntad de Dios, tal vez. El plan divino, que dicen.

El plan divino es otro tema que también es bastante curioso, sobre todo cuando lo relacionamos con el acto de rezar. Veamos: si existe un plan divino y todas las cosas ocurren por mandato o voluntad de Dios, si todos tenemos el destino escrito…¿qué hacen entonces  los religiosos rezando? Si todo está trazado, rezar no tiene sentido. ¿Quieres que Dios te conceda un deseo y cambie su plan divino sólo para satisfacerte a tí?, ¿qué clase de ser divino elaboraría entonces un plan si tiene que cambiarlo contínuamente para hacer lo que los mortales le pidan? Y si la respuesta es que de todas formas Dios hará lo que ya esté trazado, ¿para que molestarse en rezar entonces? Ocurrirá lo que tenga que ocurrir independientemente de que se rece, ¿no?

Tampoco el ideario de Dios ayuda a responder ninguna pregunta. ¿Cuál es el origen del universo y la vida? ¿porqué estamos aquí? Si la respuesta es que Dios lo creó todo, estamos igual que si suponemos que el Big Bang lo creó todo. ¿Y antes del Big Bang, que había?, ¿y Dios, quién creó a Dios? ¿se creó solo?, ¿qué había antes de que Dios existiera, o es que siempre ha existido?, y si siempre ha existido y la Tierra fue creada hace 5.000 años, ¿no se aburrió un poco todo ese tiempo anterior?, ¿porqué entonces crearía la tierra hace 5.000 años?, ¿porqué no hace 10.000?, ¿a qué se debió la espera?

Ninguna de estas preguntas se puede responder, ergo, la religión no responde a nada. A lo sumo su gancho reside en lanzar un poderoso mensaje de esperanza: la vida continúa tras la muerte. He aquí el quid de la cuestión. La religión es un instrumento de confort para aquellas personas que son tan inmaduras que son incapaces de aceptar que la muerte forma parte de la vida, y que después de la muerte, ya no queda nada.

¿Tan terrorífico es pensar que la vida es así?

A esta filosofía se le puede sacar mucho jugo. Y la clave es tan simple como pensar que la vida es única y que hay que vivir cada momento como si fuese el último. ¿Realmente no merece la pena vivir la vida de esta forma?


Para qué estamos vivos

Atado a una red invisible de cables, no hay salvación posible. El ser humano se ha adentrado ya en la nueva esfera de lo desconocido. El ritmo frenético de la presente sociedad capitalista está imprimiendo un nuevo hombre: Un hombre que ha sido despojado de su vida, de su libertad, de su pasado, de su cultura y de la historia de su civilización.

Un hombre que ha sucumbido ante la omnipotencia y la omnipresencia del capital, ante el modo de vida dominante y ante toda autoridad ajena.

El hombre ha integrado ya los engranajes neoliberales que tejerán su vida por la vasta red de procesos, contactos, desvaríos y suerte de experiencias banales y efímeras, que sólo existirán en tanto puedan ser expuestas en un museo virtual desvirtuado de toda honradez.

La incapacidad de pensar y la inexperiencia de hacer, impedirá realizar cualquier cambio en el ritmo de vida, propiciando de cada vez más, el sometimiento del hombre sobre sus propios actos, que lo condenarán una y otra vez a la esclavitud, la indiferencia, la soledad y el olvido.

El tiempo que no se posee no puede ser invertido en nada. El hombre actual no tiene tiempo. Lo gasta trabajando y empeorando su salud a cambio de dinero, dinero que sólo utilizará para consumir su vida.

Vamos tan acelerados, que no podemos reflexionar. La revolución necesaria es la que conlleve a la ralentización de los tiempos de vida en la ciudad. Debemos detenernos ante el frenesí del consumo y de los tiempos de trabajo asfixiantes.

¿Qué será si no, lo que distinguirá al hombre de las máquinas?

La respuesta es impredecible. El hombre ha ofrecido su cerebro en sacrificio, y ha optado por la vacua vivencia de lo inmediato, del aquí y del ahora, de la incoherencia, la desconexión y el capricho.

Los productos han dejado de ser mercancías para transformarse en meras experiencias. Pagar a cambio de experimentar, pagar a cambio de seguir viviendo, o para sentirse vivo. Pero la realidad es que llevamos muchos años muertos. El consumo no es sino otra forma de alienación, además de la que propicia el trabajo, que se traduce en búsqueda de la evasión.

El ser humano vive evadido de la realidad, sumergido en un mar de tiendas, dispositivos, consumibles y demás inventos de la modernidad.

Han inundado y sobresaturado nuestros cerebros con demasiada información y actividades superfluas, y en superfluos nos hemos convertido, incapaces ya de salir de la rueda de la estupidez.

El hombre es un mero número. Una estadística, una probabilidad.

Hay que detenerse, ralentizar los tiempos, respirar profundamente, y ver la sociedad en la que estamos. La evasión no es una alternativa. No nos podemos permitir el lujo de desvincularnos del mundo y de las personas que lo habitan. Todo acto conlleva unas consecuencias. Es necesario retomar aquello que daba sentido a nuestras vidas. Es necesario recuperar al hombre e instalarlo en el lugar que le corresponde, no más a un lado, no más en un pozo sin fondo.

Cabe preguntarse pues, tan sólo una cosa, ¿para qué estamos vivos?