Verdades no televisadas

Derecha mafiosa

Partidos políticos de derechas como CDC, PP, PSOE, y un largo etcétera, comparten no sólo el aplicar sin pudor las recetas antisociales de la doctrina neoliberal capitalista, sino el tener un funcionamiento interno que realmente podríamos calificar como MAFIA.

En estos partidos, quien entra y quiere escalar dentro de ellos debe pasar por el aro. El aro, significa aceptar y deber favores. De entrada, altos cargos y dirigentes del partido y de sus estructuras menores, se dedican a encontrar las debilidades y los vicios de aquellos nuevos adeptos que aun van un poco perdidos, con el fin de asegurar el control e impedir cualquier desviación de las pautas marcadas y los intereses ocultos del partido.

Si un miembro ingresa en alguno de estos partidos, y tiene dificultades económicas, no es de extrañar que el partido actúe para resolver esa situación si lo ve conveniente. Algunos de esos favores suelen ser del tipo: asegurar un puesto de trabajo a un familiar, conceder pases preferentes de familiares en centros públicos o privados, y un largo etcétera. De esta forma, los nuevos miembros, si aceptan estos favores, los deben. Y deber favores es la forma más sutil que tiene el partido para tener controlados a sus miembros, ya que si éstos dejan de obedecer las directrices del partido, los favores se acaban.

Impuestos de pacotilla para ricos

El partido de Podemos propone en su programa aumentar el IRPF a los que más cobran creando varios tramos que van desde el 45% al 55% en rentas por encima de los 60.000 y 300.000 euros respectivamente. ¿Alguien en su sano juicio realmente cree que los que ganan más de 300.000 euros van a pagar un céntimo más y que en España se podría recaudar mucho más dinero gracias a esta medida?

Los gerentes y altos cargos de las empresas, estos que cobran por encima de los 300.000 euros anuales, saben perfectamente como hacer que su sueldo sea el adecuado para no tener que pagar más impuestos. Estos directivos reciben salarios en forma de diversos conceptos, uno de los cuales es el salario monetario. Pero también reciben bonificaciones fiscales y pagos en especie de muy diversa índole. El problema con estos merluzos es que tienen el poder de fijarse su propio salario, y por tanto, tan solo es cuestión de jugar con sus balanzas y mover los pesos adecuados a los platillos correspondientes para lograr pagar menos impuestos.

El impuesto IRPF es pecata minuta para un socio capitalista, y más cuando se tienen sociedades y enormes patrimonios. El impuesto que más afectaría a los ricos tal vez fuera el impuesto a las rentas del capital y a las SICAV.

Sindicarse es imposible

La izquierda española suele enfadarse con frecuencia cuando se ven los índices de afiliación sindical en España: apenas un 15% de los trabajadores están sindicados. Las causas de que esto ocurra son diversas, y todo suma:

1. El factor cultural y educativo, que promueve que los humanos seamos obedientes y sumisos, además de estúpidos. Con esto el sistema ya se ha asegurado al menos un 50% de abstención sindical.

2. El factor de los propios sindicatos. Los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) son amarillos y promueven la conciliación y la paz social en vez de promover la lucha por la dignidad laboral y la conservación de los convenios colectivos, los cuales están desapareciendo porque la ley permite que una vez “caducado” el convenio, si la empresa y los trabajadores no llegan a un acuerdo, el convenio “desaparece” o deja de poder aplicarse en la empresa. Es decir, basta con la innacción de la empresa para hacer desaparecer un convenio, y esto se debe combatir desde la lucha sindical para que a la empresa no le quede otro remedio que negociar y llegar a un acuerdo con los trabajadores.

3. El factor del tejido productivo español, donde el 94% de las empresas del país tienen menos de 4 empleados y muchos de ellos son directamente autónomos. Este es un factor importante del bajo nivel de afiliación sindical en España. Donde precisamente cobra fuerza el sindicalismo es en la gran empresa, donde muchos trabajadores unidos pueden llegar a tener incluso más fuerza que el capitalista. Estamos hablando de empresas con más de 50 currantes (constructoras, bancos, cadenas de alimentación, empresas del sector de la energía y el transporte, cadenas hoteleras, fabricantes de coches, etc..). Ibex 35 y unas cuantas más. Para el resto de PYMEs se hace muy complicada la presión por parte de los trabajadores.

4. El factor de la crisis y el miedo. Con casi 5 millones de parados esperando poder trabajar y los empresarios que amenazan con despedir a cualquier trabajador sindicado, es normal que nadie quiera saber nada de sindicatos en el trabajo. Muy mal hay que estar en la empresa para dar este paso. Además, hay que sumar a esto el impacto de la reforma laboral, que facilita el despido, etc, etc…


Del dominio y la lucha

El mundo ha cambiado. Las viejas y obstinadas formas de rebelión del proletariado son ya caducas, estériles, e inútiles. Las nuevas formas de dominación capitalista obligan a replantear toda la lucha de clases.

En el primer mundo, aun con el masivo e implacable ataque neoliberal contra los trabajadores, el proletariado tal y como lo conocemos del siglo XX es absolutamente minoritario. Centrémonos en el caso de España.

Fue durante la dictadura franquista que se decidió transformar un país de proletarios en un país de propietarios. Hoy por hoy, más del 80% de la población tiene al menos una vivienda en propiedad. Y esto lo cambia todo, fundamentalmente la mentalidad de las personas, es decir, en última instancia, la burguesia ha logrado controlar las condiciones subjetivas que podrían haber dado lugar a una rebelión social. Pero también este hecho tiene influencia sobre las condiciones objetivas. Difícilmente podemos hablar de condiciones objetivas para el estallido de una rebelión mientras la inmensa mayoría de familias españolas tenga un patrimonio que defender. El conservadurismo cultivado por la burguesía ha dado sus frutuos, y como ya saben nuestros benefactores, las revoluciones solo estallan cuando las sociedades no tienen nada que perder.

Por tanto, y pese al ataque neoliberal y al consiguiente empeoramiento de las condiciones de vida de la población española, no exsiten condiciones objetivas para un levantamiento social. Seguimos viviendo muy bien, más si nos comparamos con los países del tercer mundo.

En el tercer mundo, la situación es diametralmente opuesta. El 90% de la población sufre hambre, enfermedades, está expuesta a la más inhumana explotación laboral, no tienen derechos, no tienen acceso a agua potable, y viven hacinados en chavolas y barracas.

En el tercer mundo sí existen las condiciones objetivas para una revolución social en toda regla. El problema al que se enfrenta la gente es al aberrante poder militar que ostentan sus gobiernos dictatoriales y sus clases dirigentes. La fuerza de la burguesía comparada con la de los trabajadores es inmensa, titánica, y los trabajadores no tienen armas para defenderse, menos aun para ser considerados oponentes del sistema.

Allí las ideas revolucionarias no han salido de la más minúscula clandestinidad, y la razón es clara. Las empresas capitalistas establecidas en Asia o África no contratan trabajadores sindicados, y cuando un trabajador se sindica, es inmediatamente despedido, eso, si no corre la suerte de ser directamente asesinado. En América Latina pasa algo muy parecido (no hace falta recordar las atrocidades cometidas por las mafias, los escuadrones de la muerte, y las dictaduras procapitalistas).

Para toda esta gente, la violencia es la única salida, es más, debería ser la única respuesta legítima de los trabajadores. Quien paga con sangre debe recibir su castigo. Sin embargo, a todo esto hay que contraponer la necesidad diaria de contar con un plato caliente. El instinto de conservación y superviviencia juegan aquí un papel destacado. Es la eterna lucha que lleva siglos establecida y que para ser fructífera requiere de mártires y muchos otros sacrificios.

Se podría pensar que la clave de la lucha sigue estando en la unión de los trabajadores, ahora disgregada en múltiples divisiones del trabajo en todos los rincones del planeta. Pero la unión de los trabajadores nunca será tan poderosa como la unión de los capitalistas contra ellos. Existen múltiples casos en los que las huelgas y las quemas de cultivos y fábricas, propiedad de los capitalistas, no ha propiciado sino la concienciación y el pacto entre burgueses que al final, han logrado nuevamente someter a los trabajadores a sus dictados. Para todos estos casos, la solución vuelve a ser la comentada con anterioridad: la expropiación de las propiedades capitalistas por los trabajadores a través de la violencia revolucionaria.

Pero tal y como se puede deducir de la historia escrita, esto sólo ocurre en los momentos en los que la clase capitalista está enfrentada y dividida. Es entonces cuando la clase trabajadora tiene una mínima oportunidad de llevar a buen puerto sus luchas. Hasta entonces, ajo y agua. Los trabajadores podrán eso si, mostrar su indignación, desplegar su descontento, pero la resistencia es y será siempre inútil. Lo único que cuenta es la fuerza, entendida como la capacidad de imponer las cosas. Así funciona toda sociedad humana.


La Europa del Fascismo

Tras la caída de la URSS, la clase capitalista dominante comenzó en occidente una dura ofensiva contra los derechos y las libertades de la clase trabajadora (y por extensión, del resto de la sociedad).

El objetivo de esa ofensiva era, y es, la destrucción del Estado del Bienestar en occidente.

Durante muchos años, los cambios hacia la desregulación del sector financiero y la privatización de lo público han ocurrido de una forma lenta aunque no menos constante.

Sin embargo, los atentados del 11S del año 2001 sirvieron para que el Gobierno de EEUU, lacayo de los intereses de las corporaciones privadas, impulsara políticas de corte fascista con las que poder someter mejor a su población ante la puesta en marcha acelerada de nuevas políticas neoliberales en el país.

Además, con la llegada de la crisis de sobreproducción del año 2008, la clase capitalista ha acelerado considerablemente sus políticas de choque, teorizadas ya por Naomi Klein en su Docrina del Shock. El fundamento de esas tácticas consiste en imprimir el miedo en los ciudadanos para mejorar su sumisión, tal y como se hizo con lo comentado sobre el 11S.

De una forma análoga, en Europa está ocurriendo lo mismo. Y ahora el objetivo es la destrucción del Estado de Bienestar francés.

Los atentados islamistas ocurridos en Francia recientemente no son una casualidad, de la misma forma que no lo fueron los atentados del 11S. Hace años que el gobierno neoliberal francés intentó realizar una maniobra política contra los derechos de los trabajadores (reducir salarios, despido libre, contratos de primer empleo, etc). Sin embargo, Francia cuenta con uno de los sindicatos más potentes de Europa. Lo que viene siendo la CGT francesa no está controlada por el poder capitalista.

No por el momento.

El objetivo de estos atentados es impulsar nuevamente políticas de corte fascista con las que poder ganar la batalla contra los sindicatos. Estoy hablando de la nueva ley francesa que permite que policías armados puedan entrar en los domicilios, requisar bienes y arrestar a sus habitantes sin necesidad de que exista una orden judicial. También estoy hablando de la nueva ley en la que se considerarán ciudadanos franceses únicamente aquellos nacidos en Francia, y de padres franceses.

Miremos por ejemplo lo que ocurrió con la revista Charlie Hebdo: todos los terroristas que participaron en estos atentados ya estaban fichados por la policía pero aparentemente nadie les vigilaba ni les seguía. Además, la policía, que vigilaba esta revista satírica, retiró la vigilancia 15 días antes de producirse los atentados; es decir, los terroristas estaban muy bien informados de la actividad de la policía. Y para más inri, cuando se produjeron estos ataques, la policía interceptó llamadas de los terroristas a un traficante de armas belga. Y tras el atentado de la discoteca Bataclan, se ha descubierto que las armas suministradas a los terroristas que atentaron contra Charlie Hebdo y Bataclan provenían de este mismo traficante belga, que la policía francesa ya tenía fichado.

Los últimos atentados del 13 de noviembre, esconden tras la fachada de la propaganda mediática, profundamente xenófoba, racista y reaccionaria, auténticas barbaridades provenientes de las instituciones francesas, que pronto o tarde saldrán a la luz.

Otro objetivo que se persigue con todas estas estrategias es la de cerrar completamente las puertas de Europa a los inmigrantes y refugiados, y acabar con la política de ayudas que habían tímidamente implementado.


Nada nuevo desde la “izquierda”

Desde el momento en que Karl Marx desplegó toda su dialéctica y elevó a su máximo eslabón toda la filosofía humana, ésta ya no se ha podido superar. Los movimientos filosóficos modernos (post-modernismo y demás) en ningún caso han sido capaces de mejorar el pensamiento filosófico de Marx ni de arrojar ningún nuevo conocimiento a la filosofía. La Dialéctica Materialista de Marx se sigue mantenido en la cima de la filosofía humana.

Dicho esto, convendría volver nuestros ojos a la obra de Marx, la cual sigue explicando muchos de los orígenes de los problemas de la moderna sociedad en la que estamos: crisis, desigualdad, explotación, monopolios, guerras, etc. Todo el entramado del acontecer nacional e internacional del mundo son perfectamente comprensibles desde la óptica del marxismo. En este sentido, las soluciones que Marx propuso entonces, siguen vigentes. Siguen teniendo validez.

Por eso sigue sorprendiéndome que desde la izquerda y los movimientos sociales sigamos con la habitual empanada mental y la poca o nula comprensión de los mecanismos de la política y la economía actuales.

Si realmente comprendiésemos como comprendió Marx el mundo, compartiríamos sus soluciones.

Pero lo cierto es que muchos movimientos de izquierda siguen empeñados en rehuir del conocimiento marxista. Tal vez, no sean tan de izquierdas como predican ser. Tal vez, no quieran realmente superar el capitalismo. Tal vez, no consideren el capitalismo tan malo. Tal vez, no tengan ni puta idea de nada.

Estoy cansado de observar la misma puñetera bazofia cada día:

  • A los que quieren salir del euro: Deberéis enfrentaros a Alemania y a Europa entera! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren salir de la OTAN: Deberéis enfrentaros a EEUU y a Europa entera! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren una banca pública: ¿Y quitarle el negocio al mayor Poder del capitalismo? No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren redistribuir la riqueza: ¡Ya no tendría sentido el capitalismo! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren eliminar los paraísos fiscales: ¡No se puede establecer una misma legislación a todos esos territorios o nichos tan dispares en todo el mundo! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren evitar la privatización de lo público: Nos espera un futuro tiránico, con el apoyo de todos los poderes del capitalismo. Buena suerte si el reformismo es la propuesta, pero no es posible sin una revolución armada.

Esto es lo que hay. Aquél que niege el horizonte de lucha estará condenando toda la lucha que se haga. Toda. Queriendo o sin querer, de manera consciente o inconsciente. Y es por ello que desde la izquierda seguimos sin estar a la altura.

Balbuceamos, no tenemos un proyecto convergente ni combativo. No hay verdadera transformación en nuestras palabras, menos en nuestros actos. El capitalista ha logrado instalar su gérmen en nuestro interior. Pensamos a través de la lógica de la burguesía. Creemos que las elecciones servirán para cambiar las cosas. Seguimos cegados por buscar mayorías, por basar nuestra táctica en las palabras que la burguesía ha pervertido y que ya no contienen ningún significado: democracia, libertad, justícia,…

Nada de todas ellas existen. Tampoco es necesario buscarlas. Hay alternativas que pasan por eludir la búsqueda de estos conceptos utópicos. Cuando Marx habla de la Dictadura del Proletariado, habla de imponer por la fuerza un modelo de sociedad, en cuyo proceso puede haber o no democracia, haber o no mayorías que lo apoyen, haber o no libertad plena, haber o no una justícia pura. Todas estas fantasías de la izquierda no forman parte de las bases de la lucha y la transformación social.

Lo único que cuenta es la fuerza. El poder. La imposición. Se trata de tener la capacidad de poder imponer por la fuerza las cosas. Del mismo modo que el capitalismo se ha impuesto por la fuerza y sobrevive por la fuerza, será derrotado por la fuerza. No existe otra forma de hacer las cosas. Y este es el problema de la izquierda. Que no entiende lo más elemental. Que no comprende que las mayorías no se podrán obtener jamás, sin antes lograr conquistar el poder político y mediático.


Cataluña nunca será independiente

Cataluña no es una nación.

España tampoco.

España es un país, concretamente, un Estado formado por Autonomías. Cataluña es una Comunidad Autónoma de España cuyo marco jurídico y legal está definido por el Estado español. El derecho de autodeterminación no existe, además de ser vago e impreciso. Solo existe el sometimiento y la fuerza.

Si Cataluña quiere la independencia, lo cual es un supuesto y no una realidad, deberá obtenerla por la fuerza. No existe alternativa.

Ahora, veamos la composición social de Cataluña. ¿Quién quiere la independencia y por qué?

Que yo recuerde, el movimiento nacionalista catalán era mucho menos fuerte y notorio durante la Segunda República Española, que ahora. Existen dos motivos que fundamentan este hecho:

  1. La República respetó la cultura, los sentimientos y las tradiciones catalanas, la España Franquista no ha respetado nunca a Cataluña.
  2. En 2008 estalla una crisis económica capitalista que se ceba con la clase trabajadora recortando derechos y libertades.

Por tanto, tenemos un componente visceral y un componente económico en toda esta cuestión. Ambos componentes se entrelazan complicada e irremediablemente dificultando notablemente su análisis por separado:

Cataluña es una de las comunidades más ricas y que, proporcionalmente, más dinero aporta a España y por tanto, menos dinero recibe. Esto hace que Cataluña sea muy solidaria con España. Algo que, despierta cierto malestar entre los catalanes cuando se observan comunidades tales como Extremadura, que pese a su pobre y escaso “progreso”, gozan de un elevado número de funcionarios por habitante y tienen el servicio médico dental incluido en su Seguridad Social. Cosa que en Cataluña no existe. Cuando un catalán es consciente de que parte de sus impuestos se destinan a que ciertos españoles vivan, no ya al mismo nivel que ellos, sino mucho mejor, y con todo ello el Gobierno de España sigue apostando por sus particulares campañas catalanofóbicas, pues hombre, es normal que muchos catalanes estén hasta los huevos.

Sin embargo, algunos catalanes también consideran que el problema no es únicamente de Madrid. En Cataluña también cuecen habas. Ya en su momento, España ofreció el hoy en día tan deseado concierto económico (o pacto fiscal) a Cataluña, pero los gobernantes catalanes (CIU, principalmente) lo rechazaron. En la época dorada de CIU, además de apoyar activamente a gobiernos fachas del PP en España, altos cargos como Jordi Pujol han estado estafando a Hacienda y evadiendo impuestos. También muchos políticos catalanes se han dedicado a montar sus negocios privados, muchos de ellos a costa del dinero de los catalanes (autopistas de peaje, hospitales privados, etc). Además, tras el estallido de la crisis, Cataluña ha sido pionera en España en el desmantelamiento del Estado del Bienestar. Y en todas estas cosas, España no ha tenido nada que ver.

En efecto, la burguesía catalana lo que siempre ha deseado ha sido poder recaudar sus propios impuestos y enviar a Madrid lo que quisiera. También es probable que los verdaderos intereses económicos de la burguesía catalana hayan sido formar parte del poder en España, y no ser desplazados de Madrid por los aristócratas y la gran banca española. Algo que, por ejemplo, no ocurre en Alemania, donde la burguesía industrial (y sus territorios) tiene más poder político que otros grupos económicos.

Sea como fuere, lo que inequívocamente caracteriza la actitud en la práctica de la burugesía catalana es la sumisión y la cobardía. Una sutil mezcla de católicos lameculos, ladrones sibilinos, manipuladores, y toda una serie de apoltronados que sólo se han dedicado a lanzar piedras y a esconder la mano.

Así pues, la gran burguesía catalana, representada a día de hoy por Unió y CDC, no quiere la independencia. No la quiere. La lista unitaria “Junts pel Sí” es una patraña en toda regla orquestada por el Sr. Artur Mas, con el fin de perpetuarse en el poder. Ya que, sólo a través de la manipulación de los sentimientos de la gente, podría volver a ganar un partido que sólo se ha dedicado a joder a los catalanes.

La próximas elecciones catalanas no son plebiscitarias. Son elecciones autonómicas. Los catalanes van a votar para la Generalitat de Cataluña. Ni por la independencia ni por nada.

Si la gente quiere realmente la independencia, tendrá que imponerla por la fuerza, no con un papel. Lo mismo ocurre con las revoluciones sociales.


Los Partidos Comunistas deben morir, para resurgir de sus cenizas

El movimiento comunista fue derrotado completamente a finales de la década de los 80 del siglo XX. A partir de entonces, los partidos comunistas se han ido atomizando y diversificándose hasta llegar a lo que yo denomino, la Discontinuidad Histórica.

La Discontinuidad Histórica supone un antes y un después para el movimiento comunista, supone una rotura total entre la vieja escuela comunista y la nueva, pero sobre todo se caracteriza por la manifiesta incapacidad real del actual movimiento comunista para adaptarse a los tiempos modernos y conservar al mismo tiempo el espíritu revolucionario y combativo del marxismo. Hablo aquí del abandono completo de la doctrina marxista, motivado tanto por los sectores burgueses como por los propios comunistas.

En la actualidad, se puede apreciar la drástica diferencia entre, por un lado, los Partidos que en el siglo XX lograron movilizar a las masas, levantar pasiones, organizar revoluciones,  edificar el socialismo, luchar y vencer al fascismo capitalista, y por otro lado, los Partidos que en el siglo XXI sólo se dedican a repetir descerebradamente viejas consignas, a practicar la demagogia, a poner en práctica el más paupérrimo revisionismo, a establecer lazos de amistad con la burguesía, a burocratizarse, a apoltronarse, a hacer del marxismo un dogma, y un largo etcétera.

En concreto, el movimiento comunista se encuentra disgregado en tres grandes sectas:

  1. Los que se encuentran bajo el dogmatismo del marxismo-leninismo.
  2. Los que se encuentran bajo el revisionismo burgués.
  3. Los que se encuentran bajo el trotskysmo, que antes incluso de producirse la Discontinuidad Histórica ya llevaban décadas en un irremediable pozo sin fondo.

Todos ellos solo tienen una cosa en común: el abandono de la teoría revolucionaria marxista.

Los primeros, por no haber actualizado el marxismo y haber caído en las redes del infantilismo izquierdista, los segundos, por haberse pasado directamente al lado contrario, y los terceros, por ambas cosas.

Al parecer, nadie se da cuenta de la obviedad más importante: el marxismo, hasta el punto en el que ha sido desarrollado y adaptado a la realidad del siglo XX, ya no sirve como teoría revolucionaria para el siglo XXI. Los profundos cambios que ha experimentado el desarrollo del sistema capitalista en todo el mundo han imprimido nuevas reglas de juego, nuevos escenarios en lo económico, lo político y lo social. Y nada de todo ello aparece en la teoría revolucionaria marxista, porque ésta solo se actualizó hasta el siglo XX.

Los que repiten que la solución es el marxismo y no han cambiado una sola coma de la teoría original, se equivocan. Los que repiten que la solución no es el marxismo y se han desvinculado incluso de la teoría original, se equivocan.

La solución está, pues, en la actualización del marxismo como teoría revolucionaria para el siglo XXI.

Un trabajo que evidentemente, no está al alcance de cualquiera.

Es por ello que el movimiento comunista debe morir, morir para resurgir de sus cenizas. Debe reinventarse, actualizar sus términos, actualizar sus métodos, desenmascarar los subterfugios de la economía moderna mundial, arrojar nuevamente un rayo de esperanza y demostrar al mundo que el cambio y la revolución socialista son aun posibles.

Lo primero que los comunistas modernos deben lograr, es comprender la complejidad de la sociedad capitalista: la nueva economía mundial, las clases sociales existentes, la distribución de esas clases por países, los intereses de esas clases, las luchas entre esas clases. Y determinar así qué clases sociales, dependiendo del país, pueden estar económicamente interesadas en una revolución. Y entonces crear las estructuras organizativas adecuadas para movilizar y elevar el nivel de conciencia de esas clases. Y fraternizar esas clases desde distintos países. Y forjar alianzas con otras clases que persigan objetivos similares. Y un largo etcétera.

Pero nada de todo esto se está siquiera planteando… ojalá llegue el día en que los comunistas vean la luz.


Dictadura Financiera

Dentro de 30 años el dinero efectivo dejará de existir. Todo nuestro salario, nuestro esfuerzo, nuestro sudor y nuestro sacrificio, serán simples bits codificados en alfanumérico a través de pantallas orgánicas, perfectamente diseñadas para captar todos nuestros sentidos.

Si la sociedad humana se deja llevar y no lucha por sus intereses, al final, los intereses de los ávidos y avariciosos acabarán por dominar y controlar nuestras vidas. Nuestro porvenir está en juego. Una crisis devastadora se cierne sobre la civilización humana.

Tal vez sea demasiado pronto para escribir estas líneas pero, un error en la transmisión de datos o un simple bug en el software que controle nuestro dinero podrán poner en riesgo la superviviencia de la especie humana. Jamás seremos libres del yugo de la dominación bancaria y financiera.

El control sobre nuestras vidas será total.

Incontables drones seguirán y vigilarán nuestros pasos, nos grabarán, escucharán lo que decimos, lo que vemos a través de internet, lo que nos gusta consumir y lo que no, etc. 1984 fue una bazofia anticomunista, pero nadie se da cuenta de que es un fiel relfejo de la pútrida sociedad capitalista.

El control social es fundamental para mitigar las devastadoras consecuencias que se derivan de una ineficaz planificación económica y de la consiguiente desigualdad social. Y más que en una forma de dominación a través del conusmo obligado, el control social capitalista se basa en el miedo.

El miedo. la forma más inequívoca de la reacción evolutiva por la superviviencia, nos llevará paradógicamente al fin de nuestros días. La violencia y la parálisis provocada por el miedo, son dos caras de una misma moneda: la moneda de los contrastes, de las contradicciones naturales de la vida. Luz y oscuridad, limpieza y suciedad, dolzor y amargura, bondad y maldad, trabajo y capital, explotado y explotador, libertad y represión, compartir y acaparar, ofrecer y saquear, etc.

Es primordial comprender que la lucha contra el sistema capitalsita no es una lucha puramente económica y política, sino que es una lucha plena contra la naturaleza humana, contra el ser humano tal y como la tiranía lo ha moldeado.

El comunismo no es utópico. Simplemente hay que comenzar de cero. Una nueva humanidad no se construye pensando en cosas bonitas, ni partiendo de una base alienada o viciada por la hipocresía y el cinismo.

Renovación o podredumbre, salvación o decadencia, lucha o muerte. El veredicto final es la respuesta a la cuestión que plantea hacia dónde debe dirigirse nuestra voluntad y nuestra conciencia. Como dijo Richard Dawkins, “yo tengo tanta autoridad como el Papa, salvo que no tengo a tanta gente que me crea”. Esto es lo que diferencia a un hombre de éxito, con caché y liderazgo, de cualquier otro mortal.


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