El Mundo al revés

En todo el planeta, el dinero domina las relaciones sociales, productivas, económicas, legislativas, y morales. El hombre es un simple objeto de uso, una herramienta y un medio para el dinero, que goza ya del estatus de Dios, con plenos derechos y poderes sobre la vida.

El dinero lo marca todo. Es el negocio. Y cuando las cosas se convierten en negocios en un mundo basado en la jauría y la competitividad entre productores, las personas, sus necesidades y sus derechos, quedan reducidos a un segundo plano.

No importan los derechos laborales, sociales, ni las libertades civiles. No importa tampoco el hombre ni su condición humana. Todas las cosas de este mundo deben ser mercantilizadas y puestas al servicio del negocio privado, la obtención del máximo beneficio, y la especulación sin límites ni fronteras.

El hombre es, en efecto, una herramienta, cuya fuerza de trabajo es una simple mercancia que es comprada por el capitalista a cambio de un salario que no refleja nunca la totalidad de la jornada trabajada. He aquí el asalariado, este esclavo moderno que ha sido engañado y sometido al hábil juego de manos de la burguesía.

Tampoco los recursos que nos brinda la Tierra se salvan de ser simples mercancías. Es por esto que la destrucción del mundo se está llevando a acabo a un ritmo frenético. El mundo presente es insostenible, y no tardará en estallarnos en nuestras propias manos. La sociedad está totalemente dominada por la corriente megalómana de la producción capitalista mudial. Estamos abocados a ser meros especatadores de un mundo salvaje y totalitario.

Los negocios privados de unos pocos deciden lo que la sociedad en su práctica totalidad debería decidir. Hemos sido relegados a no hacer más que ser sirvos obedientes del engranaje capitalista a escala mundial. Nada pintamos en el mundo, más que para ser llamados a poner un papel en una caja cada varios años para que todo sigua igual, para que los empresarios y banqueros que dominan y controlan el mundo económico, político y social, sigan siendo los amos del mundo.

La guerra es un negocio rentable y por ese motivo hay tantas guerras. Numerosos bancos, empresas e industrias armamentísticas se forran con la muerte y la apropiación violenta e indebida de recursos naturales ajenos. Son ellos los que provocan que millones de inocentes mueran por el fuego y la destrucción.

La industria ganadera y agroquímica es otro gran negocio a escala planetaria. Otra guerra invisible que priva a los hombres del acceso al agua potable, ya que ésta ha de servir para producir carne. El 45% del agua dulce del planeta se destina a la producción de carne. Una carne desarrollada a través de transgénicos, hormonas y antibióticos. La misma que contamina el planeta, la misma que provoca los graves trastornos alimentarios y psicológicos que actualmente sufre una parte de la humanidad, y la misma que es causante del envejecimiento del cerebro, de las enfermedades cardiovasculares y de algunas enfermedades cancerígenas.

Pero nunca ha importado el hombre, sus derechos o su salud. Las empresas multinacionales tienen prohibido por ley beneficiar la salud del hombre o la sostenibilidad de los ecosistemas naturales si eso implica no obtener los máximos beneficios posibles.

Es por tanto obvio que la dirección que ha tomado la humanidad no es otro que el precipicio absoluto. El mundo es ya un inmenso matadero, donde cada año son sacrificados 60.000 millones de animales para saciar nuestra sed de sangre. Aniquilamos al Neandertal, y aniquilaremos todo en cuanto se cruce en nuestro camino. Somos armas de matar, somos bestias devoradoras, el cáncer de este planeta. Y allí donde reina la abundancia, se extiende en otro lugar la miseria.

Cada año mueren de hambre decenas de millones de personas, otros cientos de millones sufren enfermedades prevenibles y curables, y otros miles de millones se encuentran en situación precaria o de absoluta pobreza.

Y el holocausto planetario tiene un responsable: El Sistema Capitalista de producción o, dicho de otro modo, el Sistema Totalitario Mercantil. El mismo sistema que nos adoctrina y nos convence por medio de una sutil educación y una mediocridad desbocada en la televisión.

Es el mundo al revés. A veces es curioso como la realidad es capaz de superar con creces la ficción.

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