El Irracional Nacionalismo Catalán

Para comprender el alcance del nacionalismo catalán debemos remontarnos al pasado, a dos momentos históricos concretos. El primero de ellos corresponde a la sublevación de la clase campesina catalana contra el rey Felipe IV en 1640. El segundo de ellos corresponde a la caída de Barcelona en manos de las tropas borbónicas el 11 de septiembre de 1714, durante la Guerra de Sucesión Española. El sentimiento nacionalista catalán está inspirado en esas luchas, de las cuales se conserva la famosa canción de Els Segadors, el himno del nacionalismo catalán, y el día 11 de septiembre, la Diada o fiesta oficial del nacionalismo catalán.

La música hace un llamamiento a la defensa de la libertad de la tierra, y recorre los acontecimientos de la revuelta protagonizada por los segadores denominada Corpus de Sangre. Es precisamente este canto nostálgico sobre la lucha por la tierra y la libertad lo que la burguesía catalana ha repetido durante años, haciendo penetrar ese pensamiento en la mentalidad de la sociedad catalana. Un corpus ideológico que se ha ido incrementando a medida que los intereses del Gobierno de Cataluña, es decir, de la burguesía catalana, chocaban irremediablemente con los intereses del Gobierno de España.

Ahora, uno de cada ocho catalanes cree sinceramente que existe la posibilidad de llevar el nacionalismo al extremo, es decir, cree que la independencia de Cataluña es posible, y que bastará un simple referéndum para lograrlo. Además, ciegos por el nacionalismo catalán, piden que Cataluña sea reconocida como un Estado Europeo más, como si tal cosa fuese a beneficiar a los trabajadores, parados, estudiantes o pensionistas catalanes. Como si el hecho de pertenecer a Europa no fuese precisamente la causa del malestar de la sociedad española y por tanto, catalana.

Europa, es decir, los principales bancos y Estados que mandan en ella (alemanes y franceses) nos detestan. Imponen a los contribuyentes españoles el sobrecoste de unos intereses que debemos pagar a los bancos. Dictan nuestra política exterior y nuestra política económica. Esta última, responsable de la insensatez que supone pagar con absoluta prioridad, la deuda privada que los bancos han contraído con total irresponsabilidad todos estos años. Y es precisamente esto lo que hace que nuestra política económica se centre irracionalmente en recortar todos los servicios públicos, mientras permite a los bancos y grandes fortunas desviar sus capitales hacia paraísos fiscales. A los más ricos se les permite la evasión fiscal, la evasión de sus impuestos, y a los más pobres se les expulsa de sus hogares.

El pretexto de la independencia y del rancio e hipócrita nacionalismo catalán, sólo sirven para que la sociedad catalana se desvíe de lo que más importa: de la lucha de clases. Las protestas nacionalistas han logrado unir a empresarios y trabajadores, desviando la atención de estos últimos del problema de fondo, que es la explotación y el expolio de los capitalistas, catalanes incluidos.

El nacionalismo catalán ha persuadido a sus seguidores para que miren con recelo a España, nublándoles la vista sobre el problema que realemente tienen delante: la propia burguesía catalana que mediante el control de la Generalitat recorta y privatiza los sectores públicos mientras mantiene bajos los impuestos a los más ricos. Procede de la Generalitat, y no del Gobierno de España, el poder para realizar políticas fiscales en los ámbitos descritos.

Lo que verdaderamente le interesa a la burguesía catalana, es un trozo más grande del Pastel llamado España, porque el trocito que Madrid les ha otorgado les parece insuficiente. Y aprovechan el malestar de los ciudadanos catalanes para canalizar las reivindicaciones, llevándolas al terreno del nacionalismo y el independentismo. No contentos con la explotación de la sociedad catalana y la expropiación de su patrimonio, la clase burguesa catalana aun quiere más. Más poder y más control. Y las masas manipuladas, víctimas del nacionalismo catalán, se postran ante los delirios de grandeza de sus señores explotadores.

El nacionalismo está muy bien pensado por parte de la clase burguesa. Sirve para domesticar a una parte de la clase trabajadora a través de confundir sus intereses de clase. Por tanto, el nacionalismo es un veneno para la clase trabajadora. En el mundo actual, dividido, ya no entre naciones, sino entre explotadores y explotados, el nacionalismo nace y se propaga para erradicar de la mente de los explotados, la conciencia de su explotación, la conciencia de sus intereses de clase y por tanto, la conciencia de su lucha de clase.

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