El Futuro de la Rebelión Española

Ha nacido el Frente Cívico en España. Pretende ser una plataforma de plataformas para poder articular las distintas asociaciones, organizaciones y movimientos sociales que luchan contra la injusticia y la desigualdad. Está llamada a debatir y a actuar, a conocer y a realizar. Sus objetivos básicos son garantizar la dignidad a todos los ciudadanos, reestablecer los derechos laborales básicos, nacionalizar la banca y los sectores estratégicos, no pagar la deuda soberana, devolver a España lo que corresponda de los paraísos fiscales, y salir del Euro y la OTAN. Un proyecto sumamente ambicioso.

Y ahora, empecemos a deliberar…

Supongamos que efectivamente se lograse articular con objetivos concretos y un programa común, a las asambleas de barrio del 15M, la PAH, ATTAC, Implícate, Nolesvotes, Juventud sin Futuro, Traficantes de Sueños, Plataforma por la Nacionalización de las Cajas de Ahorro, los CUO y multitud de diversas asociaciones y otras tantas organizaciones.

Imaginemos por un momento que esto supone tener articulado un movimiento estatal de protesta capaz de movilizar, en un principio, a 2 o 3 millones de personas (siendo optimistas). Este movimiento sería capaz de realizar grandes azañas: Ocupar los medios de comunicación y difundir comunicados combativos en la hora del Telediario, realizar grandes manifestaciones pacíficas y sumarse a las protestas por las huelgas parciales y generales, boicotear actos oficiales, llamar a la insumisión ciudadana, etc.

Un caldo de cultivo que evidentemente incomodaría muchísimo al Gobierno y a los sectores económicos, tanto españoles como a los llamados “mercados financieros”. En este punto, el objetivo primordial se habría alcanzado: frente al Poder Capitalista, la sociedad habría creado un Contrapoder Popular, con suficiente fuerza para hacer retroceder al Gobierno en la implantación de ciertas medidas y probablemente también, en forzar la implantación de otras medidas que en un principio se establecerían sin perjudicar las ambiciones de los mercados y por tanto, sin perjudicar el pago de la deuda soberana: impuestos progresivos, que el Estado dejase de financiar a la Iglesia Católica, disminución del gasto militar, etc.

Por tanto, el Gobierno de España se encontraría en una clara encrucijada. Por un lado, la presión de los “mercados financieros” le impulsaría a recortar servicios públicos por doquier, y por otro, el creciente Contrapoder Popular le impulsaría a moderar su política de recortes y a redirigir las políticas sobre quienes deben soportar más esfuerzos. La pregunta es, ¿cedería el Gobierno de España ante las legítimas exigencias de los ciudadanos españoles?

Si cediese, significaría que verdaderamente son posibles otras políticas, significaría que el argumento de la inevitabilidad de los recortes se mostraría ante todos como una gran estafa premeditada, y consecuentemente, ceder sería peligroso. Peligroso para el poder, claro, que perdería influencia y marco de acción. Y es que, ceder ante pueblo puede hacer más fuerte al pueblo. No obstante, no ceder implicaría que el poder popular buscase nuevas vías de actuación, entre las cuales evidentemente estaría la violencia revolucionaria.

¿Que haría el Gobierno de España?

Cediese o no cediese en determinados momentos, existe una realidad detrás de todas estas suposiciones: Cuando la sociedad obtiene el suficiente poder y lo utiliza para desestabilizar las instituciones del Estado y el Poder Económico con el fin de asegurar que la política sirva verdaderamente al pueblo y no a los capitalistas, el poder burgués se rebela contra esa sociedad.

Una sociedad que no quiere ser domesticada es una sociedad que debe ser sometida nuevamente a la domesticación, y para ello la burguesía utilizaría todas las herramientas que se encuentran a su alcance. Las bonitas “formas democráticas” que nos ha mostrado la burguesía se desmoronarían, y las malas formas, las formas fascistas de dominación, aparecerían frente a nosotros mostrando el rostro verdadero de la burguesía. Como nunca hay que olvidar: el fascismo es hijo del capitalismo.

Por tanto, en este punto, mientras la rebelión se mostrase en sus formas aun pacíficas en un primer intento de imponer los intereses de la mayoría frente a los de la minoría que gobierna, la revolución estaría condenada al fracaso. El pacifismo sólo haría que entregar la rebelión en bandeja de plata a la burguesía. Por tanto, si la rebelión quiere sobrevivir a la nueva forma tiránica de dominación fascista, la rebelión deberá aceptar el uso de la violencia revolucionaria, deberá renunciar a que el Poder Burgués siga teniendo el monopolio de la violencia. Un uso inteligente de la violencia revolucionaria podría ser la creación de Tribunales Populares, destinados a dictar sentencia y condenar a los más altos cargos del Estado: jueces fascistas, políticos corruptos, etc.

En este punto podría desatarse una guerra civil, una revolución popular o una masacre social. Sea como sea, supongamos que el Poder Burgués es derrotado por la revolución armada. En este punto, el movimiento revolucionario debe abordar complicadísimas tareas, entre ellas: salir de la crisis, crear empleo, satisfacer las necesidades de la sociedad, devolver la dignidad a la gente, perseguir y condenar a los burgueses responsables de esta crisis-estafa, etc. Es decir, en este punto el movimiento revolucionario deberá cumplir con su programa y eso significa empezar a hacer las prometidas reformas estructurales: nacionalizar la banca y los sectores estratégicos, dejar de pagar la deuda sobrerana, rescatar el dinero de los paraísos fiscales, salir del Euro y salir de la OTAN. Probablemente todo esto implicaría también salir de Europa. Pero sea como sea, éstas son precisamente las medidas que acabarían cabreando definitivamente a los “mercados financieros”, y si no han actuado militarmente contra la revolución armada, lo harán probablemente en este punto. Europa, la OTAN, o simplemente Francia y Alemania nos declararían la guerra. Ellos no quieren una España Roja y Libre, quieren una España de idiotas, sin industria y sometida a los dictámenes del FMI, el BCE y la CE. Quieren un Estado-Marioneta sin poder de decisión alguno sobre los “mercados”.

Rebelión, Revolución y Guerra, son coyunturas que siempre se han sucedido de una forma u otra. Si verdaderamente queremos cambiar las cosas, habrá que dejarse la piel y en el peor de los casos luchar hasta la muerte. Si por el contrario optamos por renunciar a la lucha, probablemente viviremos más, pero no dejaremos un futuro mejor ni para nuestros hijos, ni para el resto de seres humanos.

Si no hacemos nada, el pensamiento crítico del futuro nos juzgará inequívocamente como descerebrados cobardes o pasotas hipócritas en el mejor de los casos… la elección de ser alguien o pasar desapercibido como ciudadano de segunda está al alcance de todos y cada uno de nosotros. Sólo hay que despertar la mayor fuerza física del universo: la voluntad.

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