De la Hipocresía Capitalista

Cuando la economía crece todo vale: la especulación, el derroche, la despreocupación, el vive y deja vivir, el optimismo desmesurado, la corrupción, etc.

Pero cuando, mientras la economía crece, algunos analistas con datos fiables en la mano apuntan a que el crecimiento llegará a su fin, a que explotará la burbuja especulativa y se entrará en una crisis, entonces todo son griteríos por parte de los capitalistas: que la economía va muy bien, que no hay que hacer caso de datos y supuestos improbables o exagerados, que los mercados se autorregulan, y que fundamentalmente no se cambie nada: Lo importante es el beneficio a corto plazo porque pensar en el futuro y en los demás requiere un esfuerzo que no están dispuestos a hacer.

Así pues, toda la burguesía grita al únisono: ¡Mirad que bien crece la economía, tenemos el sistema financiero más sólido del universo!, ¡éste es el mejor de los sistemas posibles!

Por tanto, mientras la economía crece, los capitalistas, que son los principales organizadores de esta sociedad, tiran la casa por la ventana y nos venden la moto. Los bancos empiezan a dar crédito a diestro y siniestro, y no importan los riesgos porque la economía crece. Todo el mundo tiene dinero porque pide préstamos, nace el consumismo irracional y desmesurado, y la burguesía nos convence de que vivimos en el mundo de la piruleta, donde todo lo bueno es posible.

Entonces, como era de esperar, la burbuja especulativa explota y empiezan los problemas. Primero no quieren aceptar que el crecimiento se ha acabado y que hay que cerrar el chiringuito, y empiezan con que esto no es una crisis, etc. Más adelante comprenden realmente el alcance de su cagada maestra, o tal vez ya lo entendían antes y preferían manipularnos, pero sea como sea deciden darnos la culpa a los ciudadanos: ¡Qué habéis hecho!, ¡habéis estado viviendo por encima de vuestras posibilidades!, ¡necios!.

Automáticamente la gente se pone a repetir que todo el mundo ha vivido por encima de sus posibilidades, a veces excluyéndose a si misma de haberlo hecho o creyéndose el cuento burgués y por tanto, cayendo en la resignación. Y con esto la burguesía ha logrado hacer creer a la gente que la culpa no es del capitalismo, de los banqueros, políticos o empresarios, sino que la culpa es del vecino, del parado, la pensionista o del inmigrante. ¡Fantástico!, los responsables y provocadores de la crisis, que son los mismos que han organizado esta putrefacta sociedad, es decir, grandes banqueros y empresarios, salen así de rositas ante este monumental robo a la ciudadanía.

Pero no sólo eso, luego nos convencen de que como ellos son inocentes y nosotros culpables, el dinero público, es decir, el dinero del Estado que todos pagamos, debe ir destinado a ayudar a los empresarios y banqueros responsables de la crisis, y no a las miles de familias que ya están empezando a sufrir las brutales consecuencias de la crisis financiera: despidos masivos, recortes salariales, aumento de los impuestos, eliminación de derechos laborales históricos, recortes de los servicios públicos, congelación de las pensiones, etc.

En este punto se hace necesaria una profunda reflexión: Vamos a ver, esto es como si yo monto un sistema económico donde exploto al trabajador y difundo la idea de que como empresario, soy el motor del mundo. Luego, como la explotación y la globalización ya no me bastan para ser el hombre más rico y poderoso del mundo, mi amigo banquero y yo nos enfrascamos en el mundillo de la especulación financiera sólo para obtener incalculables beneficios. Cuando la burbuja especualtiva explota, resulta de que todo eso de la especulación es un fraude y que en realidad todos esos beneficios y precios eran ilusorios, alejados de la economía real, pero bueno, como somos los amos vamos a culpabilizar a la gente y con la escusa de la crisis diremos que no hay más remedio que socializar nuestras pérdidas ilusorias. Además, ya que estamos, nos dedicaremos a decir que el Estado y las empresas públicas son deficientes y que deben ser privatizadas para quedárnoslo todo nosotros y así obtener más beneficios a costa de los demás.

Es decir, hemos montado este tinglado solos, los beneficios han sido siempre para nosotros, prácticamente no hemos invertido nada en aumentar la producción o los salarios y ahora que la hemos liado parda, todo el mundo pagará por nuestra irresponsabilidad.

En vista de esto no me queda otra que aplaudir a la burguesía. ¡Que gentuza más inteligente!.

Aunque lo peor de todo esto no es esta gentuza. Lo peor de todo es la gente normal que permite que esto ocurra, y aqui sí que la inmensa mayoría de la sociedad ha sido culpable. No en la gestación de la crisis, no en su desarrollo y explosión, sino en permitir que estos hijos de puta envenenen nuestra mente y nos roben sin piedad. Los capitalistas han logrado hacernos cómplices de su tiranía.

Por esto ya es hora de despeñar a la oveja que llevamos dentro, y de que florezca en nosotros el espíritu crítico, la valentía y la sensatez. Ya basta de aplaudir la explotación y de consentir las injusticias. Ya basta de concebir como bueno el sistema capitalista. Ante todo esto sólo hay cabida para un único veredicto: ¡Muerte al capitalismo!

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