Crítica a Ignacio Ramonet

Leyendo a Igancio Ramonet en su último artículo titulado Tramposos banqueros (publicado en Le Monde diplomatique), me asaltan ciertas cuestiones. Haciendo referencia a la nueva oleada de políticas neoliberales que están arrasando Europa y que se han impuesto a raíz de la crisis, Ignacio Ramonet compara así los escenarios de crisis y pre-crisis:

“el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros.”

Bien, es cierto que las políticas neoliberales benefician sobretodo al capital financiero, pero técnicamente, el poder nunca ha estado en manos de los políticos. Los políticos siempre han sido marionetas del verdadero poder: el poder económico que ostenta la burguesía capitalista.

Lo que ocurre es que ahora estos poderes económicos han decidido avasallar a la clase trabajadora. Antes los políticos mantenian el Estado del Bienestar y ahora van a destruirlo. Pero los que dictaminan si se destruye o no, no son los políticos, sino los capitalistas. Y antes de la crisis los capitalistas ya mandaban y las políticas que se hacían también les beneficiaban a ellos.

De hecho, antes de la crisis la tasa de ganancia de los capitalistas estuvo en aproximadamente un 20% cada año, esto es, que el poder económico capitalista se enriqueció un 20% más cada año a expensas de los trabajadores. Y ahora en crisis, con la abrumadora transferencia de rentas del trabajo hacia las rentas del capital, este beneficio será probablemente mucho mayor.

Por tanto, los capitalistas siempre han tenido el poder.

Desde que existe el derecho a voto en occidente, los partidos políticos del sistema (los institucionales pero también otros) se han financiado a través de una compleja y oculta red bancaria y empresarial. Los políticos han estado de facto, al servicio de esta oligarquía económica. Y es más, han hecho y desecho a la voluntad de los capitalistas con total impunidad una vez transcurridas las elecciones. Nada nuevo bajo el sol.

Podríamos haber puesto el grito en el cielo de la misma forma que hoy hace Ignacio Ramonet, cuando Felipe González decidió incluir a España en los planes de la OTAN, o cómo una vez en el poder, se dedicó a privatizar empresas públicas. O de cómo Aznar nos endiosó en la guerra de Irak para favorecer a la industria militar capitalista y al imperialismo estadounidense. Ya entonces también podríamos haber dicho que el poder había pasado de los políticos a la industria militar capitalista (de la cual algunos dirigentes del PP formaban parte).

Pero esta no es la cuestión. La cuestión es que Ignacio Ramonet pretende decirnos que antes de la crisis había democracia, y que ahora ya no. Pues no señor. Nunca en el capitalismo ha habido democracia y los políticos nunca han tenido el verdadero poder.

Otra cosa que sorprende de esta eminencia de izquierdas, es que no sólo pretende decirnos que lo que teníamos antes era democracia, sino que en términos económicos el sistema capitalista era cojonudo:

“Es evidente que los bancos representan un papel clave en el sistema económico. Y que sus actividades tradicionales –estimular el ahorro, dar crédito a las familias, financiar las empresas, impulsar el comercio– son constructivas.”

Vamos a ver. Cuando Karl Marx expuso que el capitalismo está condenado a vivir una sucesión sistémica de crisis comerciales, lo hace en términos productivos, y no sólo especualtivos. Las crisis del capitalismo son crisis de sobreproducción. Ni siquiera cuando los bancos controlan y dirigen la producción, e invierten en producir, están siendo constructivos.

Muy al contrario, están siendo destructivos: la anarquía productiva del capitalismo destruye el medio ambiente, despilfarra los recursos a través de la competitividad, y origina las crisis de sobreproducción al producir más oferta de la que la demanda puede absorber (aunque ésto sólo ocurre en los paises desarrollados, en los subdesarrollados se sigue pasando hambre).

Por tanto, en época de crecimiento, los capitalistas también explotan y abusan de la clase trabajadora, y hoy en día medio mundo está sumido en la pobreza porque durante la era de la mal llamada Sociedad de Consumo, el capitalismo empobreció a miles de millones de personas bajando los salarios y transfiriendo (es decir, robando) los recursos de los paises más empobrecidos hacia los paises más desarrollados. Y es precisamente a raíz de este modelo imperialista económico, que el mundo capitalista ha llegado al punto sin retorno del calentamiento global, que provocará un cambio climático sin precedentes en la historia del hombre.

¿Es esto constructivo?, ¿es que Ignacio Ramonet nos quiere hacer creer que bastará con eliminar el capital financiero para acabar con los problemas del capitalismo?. Pues no señor. El capitalismo no tiene solución. Siempre ha sido y será un sistema insostenible. Es un problema de raíz cuyo origen está en la propiedad privada y por tanto en la apropiación del fruto del trabajo ajeno. No es un problema bancario, ni monetario, ni especulativo, ni crediticio, ni de deuda y ni de déficit.

Finalmente, Ignacio Ramonet concluye su artículo contradiciéndose con su discurso inicial:

“¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad?”

Es decir, primero nos dice que antes había democracia y que todo era muy constructivo. Luego nos dice que ahora mandan los banqueros “tramposos” (yo más bien diría criminales) y que por tanto ya no hay democracia. Y concluye diciéndonos que en realidad sí hay democracia, pero que hay un divorcio entre “la democracia” y el poder financiero.

Pero ¿qué entiende Ignacio Ramonet por democracia?. No lo se, pero le recomiendo que revise su lenguaje, porque las palabras tienen un significado concreto y hay que saber utilizarlas con propiedad y rigor.

Si la izquierda sigue cayendo en el vicio del lenguaje, si seguimos utilizando el mismo lenguaje que utiliza el poder capitalista, caeremos irremediablemente en el despropósito de explicar las cosas tal y como nos las muestra el capitalismo, y no tal y como son en realidad.

La alternativa es clara:

Dícese del Marxismo la ciencia que ha desarrollado su propio lenguaje, un lenguaje distinto al usado por la burguesía. Pues usémoslo, mas no se puede vencer la ideología del poder con las palabras del poder. Democracia es una palabra tergiversada, igual que libertad o justicia. Utilizarlas es peligroso y hay que saber hacerlo porque el capitalismo las ha manipulado a su favor, como también lo ha hecho con nuestras insignias: la palabra comunismo despierta habitualmente el temor o el rechazo. Pero quien tiene que temblar con esta palabra no es el pueblo, sino los capitalistas. De hecho, son ellos los que ya tiemblan con ella y por eso la manipulan.

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