La Bondad del Hombre, que no su Inocencia

Sin bondad, el hombre está absolutamente perdido. La bondad es el pilar de la esperanza, el pilar por el que se puede fundamentar la idea de lograr construir un mundo mejor. La bondad es la base, y sobre ella se debe aposentar el conocimiento y la persistencia en la lucha por transformar el sistema capitalista en sistema socialista. Si, el socialismo, pues su objetivo no es otro que el de consolidar y hacer hegemónica una sociedad basada en el bien común, en la cooperación y la unión, más que en la competitividad y la desigualdad.

El ser humano es capaz de mucho más que de mirar tan sólo por sus propios intereses. Una persona es persona a través de las otras personas. La humanidad de una persona se encuentra unida a la de los demás. El comunismo no priva al hombre de la libertad de apropiarse del fruto de su trabajo, lo único de lo que lo priva es de la libertad de esclavizar a otros por medio de tales apropiaciones.

En realidad, el mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. El mal comportamiento no puede ser por más tiempo tolerado. Demasiado hemos aguantado ya a los que nos oprimen y nos ahogan. Y no podemos considerarlas personas, son monstruos. Las personas viven cuando aman, y maduran cuando su preocupación por los demás es mayor que su preocupación particular. El mundo que vivimos está dominado por auténticos gorrones de la sociedad. No hay alternativa a la miseria y la pobreza sin poner en sus sitio a los explotadores capitalistas.

La mentalidad sumisa y pacífica que tenemos nos es en parte inculcada por los propios medios de comunicación capitalistas. Por ejemplo, pensad en la típica escena de película cuando el bueno y el malo se encuentran en el duelo final. El bueno, como es mejor que el malo, está a punto de matarlo. Pero en última instancia, curiosamente, el bueno decide perdonarle la vida al malo, ya que matar supuestamente es sólo cosa de malos. Entonces, tras haberlo perdonado, el bueno se gira y el malo intenta atacarle por la espalda, teniendo la casual mala fortuna de tropezar y morir por su propia perfidia. Realmente maravilloso, las fuerzas del destino divino han obrado para hacer justicia.

Pues bien, esto es absolutamente ridículo. En los cuentos de hadas esta historia está muy bien, pero en la realidad, cuando se perdona al malo, el malo acaba matando al bueno. La realidad vuelve a superar a la ficción mostrándonos que el malo de la ficción no le llega a la suela del zapato al malo de la realidad. Ni que decir tiene el cuento del destino y la divnidad como jueces de nuestros actos.

El único objetivo que persiguen todas estas patrañas es inculcarnos que las personas buenas tenemos que perdonar a los malos, que el destino ya se encargará de castigarlos, tal y como “ocurre” con el mito de Jesucristo. Pues repito, esto es absolutamente disparatado. Las personas buenas tienen que hacer el bien y los malos merecen ser castigados.

Los buenos deben, por tanto, hacer justicia, y no esperar a que fuerzas misteriosas y sobrenaturales dirijan el porvenir, pues lo único que conseguimos con ello es hacer que los malos lo dirijan. No hacer nada a sabiendas de lo que ocurre es intolerable, no se puede dejar hacer ni perdonar a los malos, porque entonces les estamos recompensando por su mal comportamiento, y ésto es lo que está pasando hoy en día en el mundo:

Los banqueros más poderosos del planeta han provocado una crisis financiera brutal donde nos están estafando y robando sin dilación ni piedad, y en respuesta a su aberrante irresponsabilidad y sus políticas atroces les hemos recompensado con sumas inverosímiles de dinero. Montañas infinitas de dinero que destinándose de otra forma hubieran podido erradicar el hambre y la miseria en el mundo por más de 50 años seguidos.

Por tanto, siguiendo con el cuento de hadas antes mencionado, en vez de hacer justicia nos dedicamos a perdonarlos, a no hacer nada contra ellos, a simplemente pensar que “oh pobres, son malos y el destino ya les jugará una mala pasada”, como si el final feliz en el que gana el bueno fuera a cumplirse. ¡no!, error absoluto. Los malos hacen el mal porque los buenos lo permitimos, porque precisamente los malos nos han inculcado que hacer el bien y perdonarlos es lo que tenemos que hacer.

El pacifismo, entendido sobre estos términos, es un invento muy astuto. En resumen, consiste en arrodillarse ante la mala gente y aceptar la maldad del hombre como algo imposible de remediar. Cuántas veces habremos oido la dicha de “el mundo está mal porque el hombre es egoísta por naturaleza”. Al pensar esto aceptamos cederles el paso en todo lo que hagan. Nos convencemos de que no se puede cambiar el mundo mientras el mundo nos va cambiando poco a poco hacia la sumisión y la aceptación de la maldad que gobierna.

Por tanto, ésta es nuestra perdición: ser permisivos con aquellos que nos oprimen y nos explotan. Yo digo, ¡basta ya!, en vez de sumergirnos en el sueño romántico-capitalisa, recuperemos el sueño romántico-revolucionario: Ensangrentar las calles con la sangre de los hombres malos que nos han estado robando y estafando.

Así es como debe actuar el hombre bueno del mundo, como un héroe, como un justiciero, como el que no permite por ningún medio la maldad. Los fines son hacer justicia y erradicar la maldad, los medios justificarán los fines siempre que éstos no destruyan el fin. Si utilizamos la violencia como medio, ésta no puede ser indiscriminada, pues sería un medio que haría fracasar al fin, porque en este caso ya no estaríamos haciendo justicia. Se ha de hacer de forma concreta y precisa, y siempre como medio, nunca como un fin en si mismo.

El objetivo no es la violencia, la violencia debe estar supeditada a un proyecto político, no al revés. El objetivo es intentar que mucha gente comparta la idea de utilizar la violencia para hacer justicia. Pues no existe juez ni tribunal alguno para los hombres malos que tienen el poder. Su justicia es en el fondo una forma de hacer justicia, pues “La Justicia” en abstracto no existe. Tomarse uno la justicia por su mano es precisamente lo que hacen los capitalistas por medio de sus instituciones del Estado moderno. Ellos imponen su forma particular de hacer justicia. Y por ese motivo tomarse uno la justicia por su mano, al margen del sistema, es perfectamente válido.

En esta línea hay una frase que resume muy bien lo que intento expresar: en la guerra vale todo. Y los capitalistas ya han iniciado su guerra contra la sociedad. Debemos tomar el pulso, luchar, y ganar. No podemos permitirnos el lujo de olvidar ni perdonar. Acabar con la gente mala es hacer justicia, y es lo que los buenos debemos hacer. Ni Dios ni Jesucristo nos ayudarán jamás, pues de existir sólo han hecho que ayudar al hombre malo que nos somete. Dios es en todo caso un hombre malo, y esta sociedad dominada por hombres malos así lo refleja.

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