Lucha de Clases (parte 1)

El Fantasma que se convirtió en realidad

El Capitalismo, antes de la Revolución Bolchevique de 1917, era un infierno para la clase trabajadora: no existían ni la seguridad social, ni la sanidad pública, no había educación pública, no existían los derechos humanos, y los limitados derechos laborales y civiles que se podían tener, se obtenían luchando a sangre y fuego.

El Capitalismo transformó el sistema feudal en dos sistemas que coexistieron durante largos años: el sistema explotador asalariado, y el sistema esclavista.

El sistema explotador asalariado se daba principalmente en el llamado Primer Mundo Occidental, pero hoy en día ya se ha extendido por todo el mundo. Consiste básicamente en que los capitalistas se apropian de una parte de los frutos del trabajo ajeno. Pero el truco del Capitalismo consiste en la ocultación de este hecho, pues la explotación se esconde por sí sola tras el contrato salarial, en el cual el trabajador recibe mucho menos salario del que le corresponde por su trabajo. De esta forma los trabajadores asalariados realizan un plustrabajo, que traducido en plusvalía para el capitalista da origen al Capital: nuevo y aumentado dinero creado a través de dinero ya invertido.

Por otra parte, el sistema esclavista, hoy prácticamente erradicado, se daba principlamente en las colonias del llamado Tercer Mundo, y consistía en que los capitalistas se apropiaban de todo lo que sus ojos podían ver: las montañas, los bosques, los campos, los lagos, los ríos, los animales y los indígenas. Pero para que pareciese algo normal lo de esclavizar al hombre negro, los capitalistas han tenido que inventarse, a lo largo de toda la historia, toda una serie de falacias que vienen a justificar su trato sobreexplotador e inhumano: que si el hombre negro es un animal, que si el hombre negro es un hombre pero de raza inferior, que si el hombre negro está genéticamente adaptado para realizar un trabajo servil, etc.

Por aquel entonces, e igual que ahora, los capitalistas nadaban en oro explotando a los oberos en las fábricas y a los indígenas en las lejanas tierras coloniales. Y cada forma de dominación iba acompañada de sus particulares mentiras y falacias, todas diseñadas para poder justificar tal tiranía. Y cuando todo ello no fue suficiente para saciar su codicia, se enzarzaron en aberrantes guerras, también mezquinamente justificadas, con el fin de poder obtener más recursos: he aquí las dos grandes guerras mundiales…

Las demás guerras que se han ido sucediendo han sido directamente masacres, donde la opulencia militar occidental invadía países ajenos para robar sus recursos naturales: había nacido ya el Imperialismo, una nueva forma abusiva y atroz que utilizan los capitalistas para dominar y explotar a otros pueblos. Hoy en día no existe ninguna diferencia: Irak, Afganistán, Libia, Sudán, el Congo, Chile, Panamá, Colombia, Siria, Palestina, Uganda, el Sáhara Occidental, Mali, etc. Todos estos países y muchos más, han sido víctimas del Imperialismo.

Pero ya entonces, en el siglo XX, los capitalistas nadaban cómodamente en su mar de oro, las grandes potencias occidentales se repartían el mundo y nada parecía atormentar la tiranía que desataban… oh, ¿he dicho nada?, ¡pues no!

¡Sí hubo algo que les complicó la vida!: La Revolución Bolchevique de 1917, también conocida como la Revolución de Octubre, la Revolución Socialista, la Revolución Marxista o la Revolución Rusa. Yo la considero simplemente como la Gran Revolución del siglo XX, la Revolución Humana, el camino a seguir.

Esta revolución realizada a través de la organización y la unión entre obreros, campesinos, soldados e intelectuales, puso en pie de guerra al Capitalismo. En pocos años, la Revolución Bolchevique comenzó a edificar el Socialismo desarrollando la seguridad social, la educación pública y gratuita, la colectivización del campo, la democratización de los lugares de poder en los centros de trabajo, la planificación de la economía, etc. Con todo ello erradicaron el hambre y el analfabetismo, y transformaron la destartalada Rusia de los Romanov en la segunda potencia económica munidal, lanzando satélites al espacio y realizando grandiosas obras por todo el país.

Pero para los capitalistas esta revolución supuso una aberrante e imperdonable atrocidad, puesto que el nuevo sistema socialista demostró empíricamente que ni los empresarios ni los banqueros eran necesarios para la organización de la sociedad humana. Las fábricas fueron gestionadas por los trabajadores, concretamente por los sóviets: comités asamblearios de obreros y soldados.

Y poco a poco, este Estado fue creciendo hasta que se consolidó la URSS, la unión económica, territorial y fraternal de 15 Estados socialistas. Para entonces el Socialismo navegaba viento en popa, amenazando seriamente el Imperialismo y la hegemonía capitalista sobre el mundo. Pues un nuevo sistema había nacido, más justo, más igualitario, y más democrático que el capitalista.

Seguir en parte 2.

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