Renacimiento Comunista (Parte 2)

Siguiendo con la parte 1, prosigo con el análisis de los tres pilares fundamentales que caracterizan el marxismo. Ante todo, nunca viene mal volver a recordar la premisa de que la doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Pues es completa y armónica, y brinda a la sociedad una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es heredero de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés.

La Filosofía Clásica Alemana

La filosofía del marxismo es el  materialismo, entendida como la corriente filosófica que se opone al idealismo y que basa sus principios en la observación. A partir del siglo XVIII, y en especial en Francia, donde se desarrolló la batalla decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo se mostró como la única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales, hostil a la superstición y a la mojigata hipocresía.

Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación de esa base. Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló esta filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció partiendo de los logros de la filosofía clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel y también de Feuerbach. El principal de estos logros es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo.

Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, nace el capitalismo; o cómo del capitalismo, nace el socialismo.

Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza que existe independientemente de él (es decir, la materia en desarrollo), el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados capitalistas sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado.

La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcionado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber.

La Economía Política Inglesa

Después de haber comprendido que el régimen económico/productivo es la base sobre la cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio y el análisis del sistema económico presente: El Capitalismo. Y su obra principal sobre esta materia es El Capital.

La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capitalista más desarrollado por aquel entonces. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo. Marx prosiguió su obra demostrando estricta y consecuentemente esta teoría, y mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción.

Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (el intercambio de mercancías), Marx descubrió y demostró la existencia de relaciones entre personas, las llamadas relaciones de producción. El cambio de mercancías expresa simplemente el vínculo establecido a través del mercado entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo único la vida económica íntegra de los productores aislados, estrecha este vínculo de cada vez más. Y el capital es tan solo el desarrollo ulterior de este vínculo, que consiste en que la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía:

El trabajador asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de los medios e instrumentos de trabajo, que compra dicha fuerza, o dicha mercancía, para obtener beneficios. ¿Cómo los obtiene? A través de la explotación encubierta: El capitalista paga al trabajador una parte de su jornada de trabajo, que es la que permite al trabajador cubrir el costo de su sustento y reproducción (es decir, el salario). No obstante, existe otra parte de la jornada de trabajo donde el trabajador trabaja gratis (y por tanto, es explotado), creando para el capitalista la plusvalía, la verdadera y más importante fuente de los beneficios y riquezas del capitalista.

La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx. El capital, creado por el trabajo del asalariado, oprime al trabajador, arruina a los pequeños propietarios, crea situaciones monopolistas y produce un ejército de desempleados. Se intensifican la anarquía de la producción, las crisis, la carrera desesperada en busca de mercados, y la vida de las clases trabajadoras se vuelve cada vez más insegura.

Al aumentar la dependencia de los trabajadores hacia el capital, el sistema capitalista crea la gran fuerza del trabajo conjunto. Y el hecho de que el capitalismo haya triunfado en el mundo entero no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.

El Socialismo Francés

Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa sociedad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diversas doctrinas socialistas. Sin embargo, aquel socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con  su destrucción, imaginaba un régimen superior, se esforzaba por hacer que los ricos se convencieran de la inmoralidad de la explotación, pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía explicar la verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no podía descubrir las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social está en condiciones de convertirse en creadora de una nueva sociedad.

Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente en Francia, acompañaron la caída del  feudalismo, de la servidumbre, revelaban de forma cada vez más palpable que la base de todo desarrollo humano y su fuerza motriz era la lucha de clases. Ni una sola victoria de la clase burguesa sobre la clase feudal se logró sin liberar una lucha atroz. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base libre o democrática, todos ellos, sin excepción, se formaron a través de una lucha a muerte entre la burguesía y las diversas clases sociales entonces existentes.

El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la conclusión que enseña la verdadera historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas lecciones. La conclusión a que llegó es la indiscutible doctrina de la lucha de clases.

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por hacer reformas o superar el régimen vigente, nunca lograrán alcanzar sus objetivos mientras no comprendan que toda institución se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden — y, por su situación social, deben — barrer lo viejo y crear lo nuevo. Y para ello es necesario también, educar y organizar a esas fuerzas para la lucha.

El núcleo de esas fuerzas es la Clase Proletaria, ya que, es la única que por su situación en la producción social del sistema capitalista, para emanciparse del yugo explotador del capitalista debe necesariamente erradicar la explotación, erradicar el capital, y por tanto, erradicar la clase social capitalista como tal, y al mismo sistema capitalista. No hay otra clase social cuyos intereses últimos de clase pasen por abolir completamente el régimen de explotación capitalsita. Y sólo el materialismo filosófico de Marx ha sido capaz de mostrar al proletariado la salida de la esclavitud moderna en la cual han sido sometidas hasta hoy todas las clases trabajadoras. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo.

Es por ello que el socialismo contemplado por Karl Marx nunca ha sido utópico, sino científico. El Socialismo Científico ha sido el único capaz de mostrar la realidad del sistema capitalista, el origen de la explotación, el desarrollo de las diversas sociedades humanas a través de la lucha de clases, y ha logrado encontrar, en el sistema capitalista presente, la clase social capaz de superar la explotación del hombre por el hombre y construir el Socialismo.

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