El Todopoderoso Dios Capitalismo

Dios no existe. Al menos, no hay evidencia alguna sobre su existencia. Si alguien quiere adorar algo, resultaría mucho más útil centrarse en cosas que sí existen. Algunos rezan al Sol, otros a la Pachamama, pero todos (habrá excepciones) nos arrodillamos ante el dinero. Pero el dinero no es un Dios. El hecho de que nos arrodillemos y nos vendamos por dinero no se debe en realidad a los logros del dinero, sino al dominio y la organización de un ente mucho mayor: el Todopoderoso Dios Capitalismo.

Este es el verdadero Dios sobre la faz de la Tierra. No se corresponde con ninguna figura en concreto, ni es algo que se pueda oler o tocar, agrupa tanto a la más despiadada maldad como a la más compasiva bondad. Es un todo material, que vive a través de todos los seres humanos. El único problema, es que es un Dios sin consciencia propia, es un descerebrado, y de ahí sus contradicciones internas, sus crisis, su desigualdad y su injusticia.

Todos los supuestos Dioses, inventados en realidad por seres humanos, no son sino el reflejo de nuestra naturaleza. Todo lo que hacen y representan los supuestos Dioses forma parte en realidad de nuestras emociones y sentimientos, de nuestras impresiones, miedos y dudas. Y así es por tanto, el mundo en el que vivimos. La majestuosidad de muchas de las obras que el Capitalismo ha erguido sobre la faz de la Tierra, sólo es comparable con la mediocridad y la miseria que él mismo ha propagado.

Nuestra ropa, nuestros derechos, nuestra comida, nuestros inventos, nuestras casas, nuestra tierra y nuestros mares, todo ha sido apropiado por el Capitalismo. El Capitalismo es por tanto un Dios omnipresente, pues sus relaciones de producción y su economía mercantil han colonizado la totalidad de nuestro planeta. No existe forma de exilio posible, salvo, tal vez, Cuba.

Es un Dios que además, nos escucha aunque ni siquiera queramos hablar con él. Los mensajes y las llamadas, los correos, los chats y las videoconferencias, nuestra ubicación, lo que compramos con las tarjetas de crédito, todo está registrado y controlado. No podemos escaparnos de su dominio ni su control, estamos inmersos en Dios y formamos parte de él.

Haciendo un repaso a la historia, resulta curioso el paralelismo entre el genocidio del Dios Bíblico y el genocidio del Dios Capitalismo: millones de personas quemadas en campos de exterminio, penas de muerte, ciudades arrasadas por bombas atómicas, millones de cánceres mortales por contaminación, ecosistemas enteros destruidos, niños soldado, miles de especies extinguidas, violencia machista, terrorismo de Estado, violencia mafiosa organizada, policías torturadores, incontables guerras y masacres, bandas paramilitares, espías con licencia para matar, millones de muertes por inanición,…

Todo esto es en realidad un cáncer provocado. La cuestión es, ¿podremos entre todos curar este cáncer? para ello habrá que extirpar las células cancerosas: los banqueros y los empresarios, es decir, la clase capitalista. Ellos son el orígen del mal, y con ellos la propiedad privada, las patentes, y un sinfín de apropiaciones exclusivas que bajo la bandera del derecho a la propiedad, no hacen sino privar al resto de personas de ese derecho.

Los valores humanos se están perdiendo. La irracionalidad, el deshumanismo, la codicia, la avaricia y el egoismo están venciendo. Y todo ello tiene una explicación muy simple. La ideología del Dios Capitalismo gravita única y exclusivamente sobre el dinero. El Capitalismo ha reducido todas las relaciones humanas a unas parcas relaciones mercantiles, y considera que nuestro planeta es una simple mercancía. Es por ello que el dinero es más importante que las personas, pues tiene más derechos y más libertades. El dinero puede circular por el mundo sin límites ni controles, las personas no. Para las personas hay fronteras, muros, alambradas, papeles y xenofobia.

El mundo se vuelve cada vez más brutal y despiadado. El cáncer y la muerte vencen sobre la vida, la humildad, la honestidad, la solidaridad y la empatía.

Y con este Dios malvado, el hombre volverá a caminar sobre los senderos de la violencia. No queda otra. Hasta ahora el Estado, la paz social, las normas y la religión, han existido precisamente para que no tengamos que matarnos por un trozo de pan. Pero las desigualdades crecen, sólo en Europa hay más de 20 millones de parados y en todo el mundo se contabilizan ya más de 200 millones. ¿Cómo van a comer estas personas?, ¿qué salidas tienen? al sistema le importa un pimiento. Y es que los elementos de control del sistema también son herramientas de opresión y adoctrinamiento, y esto es una bomba que tarde o temprano estallará.

Es inevitable que la violencia del sistema engendre rebeliones violentas. Y es más, esas rebeliones tendrán toda la legitimidad para usar la violencia porque la violencia es innata al hombre, ningún organismo nos la puede extirpar. Es como si pretendieran acabar con la bondad del hombre. Y si pretenden que el Estado sea el único organismo que pueda monopolizar la violencia, deberá demostrar primero que tiene la legitimidad de la gente, porque de lo contrario, el derecho a usar la violencia será simple y llanamente, de todos. Digan lo que digan. Ahora tienen el monopolio de la violencia porque así lo han impuesto. Tienen ese monopolio de hecho, y no por derecho.

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