La publicidad es ¡MENTIRA!

Bienvenidos al siglo XXI.

Entren, caballeros.

Entren y vean, el espectáculo va a dar comienzo ahora.

Entren y vean…

¡Hola!, ¿Aún no sabe lo que necesita?

Tenemos el remedio de todos sus males, la solución a todos sus dolores de cabeza.

¿Harto de no tener suficiente confort?

¡El nuevo sofá reclinable le garantizará la máxima tranquilidad!

¿Cansado de vivir una vida monótona?

¡Pruebe ahora con nuestro producto!, ¡Millones de personas lo usan!

¿Preocupado por parecer diferente?

¡Súmese al pensamiento único y dominante!

¿Agotado por no dar el pego en su vida?

¡Consuma!, ¡consuma!

¿Tiene problemas con su jefe?

¡Esta pastilla le evadirá temporalmente de sus problemas!, ¡así, cuando despierte, volverá a tener los mismos problemas y querrá tomarse de nuevo nuestra pastilla!

¿Le gustaría disfrutar de la vida?

¡Hágalo ahora de la mejor forma posible!, ¡no procure cultivar su interior, húndase en la cultura del entretenimiento y la mediocridad!, ¡encontrará millones de alienados como usted con los que compartir su decadencia!

¿Aún no tiene el producto de última generación?

¡Compre ahora el nuestro!, ¡hay que ir a la moda!, ¡dentro de 7 días aparecerá un nuevo y mejor modelo, pero ahora compre el que le decimos!, ¡déje que nos lucremos con la cultura del derroche innecesario!

¿Quiere saber qué es lo que necesita?

¡Ser gilipollas!, ¡siendo gilipollas, se tragará toda la mierda que le vomitemos encima para así agradecérnoslo y  hacer caso de lo que nosotros le digamos!

¿Sabe lo poco que cuesta ser feliz?

¡Tan sólo debe obedecer, producir y consumir!, ¡y no se preocupe de NADA más!

¿No es genial vivir con comodidad?

¡Olvídese de todos sus problemas con nuestra nueva droga!

¿Es usted una persona activa y responsable?

¡Tenemos lo que necesita!, ¡las mujeres se arrodillarán ante esta nueva fragancia!

¿A usted también le gusta soñar?

¡Compre boletos!, ¡vaya al casino!, ¡probablemente nunca le toque nada, pero así querrá codiciar cosas que con su trabajo le son inalcanzables!, ¡entrará en la rueda de la infelicidad y tendrá deseos de ser rico sin esforzarse o trabajar!

La psicologia de la propaganda es sutil y mete el dedo en la llaga: nuestros sentimientos y emociones. Los anuncios pretenden llevar nuestra mente al terreno publicitario: tu vida es una mierda pero consumiendo alcanzarás la felicidad. No luches por mejorar tus condiciones laborales o sociales, los convenios colectivos desaparecerán y se privatizarán los servicios públicos, pero la felicidad se encuentra en el consumo vacuo de productos.

La publicidad pretende, y muchas veces lo consigue, despertar en nosotros la “necesititis”, nos inducen “necesidades” para que creamos que lo que necesitamos es lo que la propaganda nos ofrece. Pero todo es una mentira. Una de las más perversas y desvergonzadas manipulaciones sociales que no debemos permitir.

¿Qué será del género humano?, ¿nos comportaremos como niños malcriados hasta que nos muramos?, ¿pretenderemos llevar el estilo de vida marcado por la inútil propaganda?. Nuestros males no acabarán y nuestros problemas no se solucionarán por medio del consumo. Es simplemente la política del autoengaño. Creer lo que otros nos dicen y ser víctimas de la manipulación.

No hay que consumir. Hay que luchar.

Hay que quitar el sonido a los anuncios, hay que ver menos la tele y apagarla mientras comemos o cenamos.

Hay que reflexionar.

La clave de la felicidad se encuentra muchas veces en nosotros mismos, está en el SER y no en el TENER. Ahora bien, hay que exigir y TENER unos mínimos en esta vida. Pero esos mínimos no son productos. Son derechos, verdaderos derechos: Derecho al trabajo, a la sanidad, a la educación, a la vivienda, a la pensión, al descanso, etc.

Consumir productos no hace que seamos más felices, muy al contrario, las mercancías acaban poseyéndonos, nos transforman, nos inducen la ideología mercantil, despiertan en nosotros la codicia y nos producen el efecto placebo.

Obedecer al poder nos despersonifica, nos convierte en seres cada vez más sumisos, más superficiales, menos críticos, más mediocres, menos luchadores, etc. Vivimos simplemente para ser llevados por la danza macabra del sistema de la alienación: el hecho de no poder llegar a un mínimo de consumo vacuo, no lo asociamos con la decadencia y mediocridad del mundo capitalista, con nuestra explotación injusta, sino que el poder nos ha convencido para que creamos que todo es culpa nuestra, y nos hace sentir inferiores si no poseemos productos o presumimos de ellos.

Esto es el siglo XXI, la modernidad de la prehistoria humana.

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