Competitividad vs Planificación

¿Cuántas veces hemos oído eso de que la competitividad es necesaria para que los ciudadanos podamos consumir mejores servicios y productos?, ¿y cuántas veces lo que ha acabado ocurriendo es que las grandes empresas pactan precios, se reparten el mercado, o incluso se dan situaciones aberrantes de oligopolios y monopolios?

Al fin y al cabo, todo son intereses económicos. La competitividad no nace por que sea una necesidad “natural” o intrínseca de la especie humana. La competitividad surge motivada por una situación previa de absoluta anarquía productiva, donde la desregulación de la producción a nivel mundial es la norma.

Este marco normativo que permite la creación y el desarrollo de empresas privadas es el que genera la competitividad atroz del capitalismo. Un paradigma en el que miles de empresas luchan entre sí por un trozo del gran pastel llamado mercado. Y en cada sector de la producción mercantil, las empresas se establecen para producir y obtener beneficios.

¿Qué ocurre? que al final el mercado acaba sobresaturado de productos que nadie necesita y que ninguna empresa puede vender o colocar.

¿Entonces, las empresas no se adaptan a las necesidades reales de la sociedad? no, no se adaptan. La competitividad lo impide, puesto que las empresas desarrollan de cada vez más sus medios de producción para ser “mejores” que sus competidores, y poder producir más con menos costes y en menos tiempo que las demás empresas. Este despilfarro hace de la competitividad, y por tanto del capitalismo, un sistema productivo absolutamente irracional.

¿Y en las crisis, las empresas rectifican? no, no rectifican. Es decir, mientras la crisis dura, las empresas que no pueden seguir el ritmo anterior de crecimiento y beneficios, tienen que reducir costes. Esto implica necesariamente despedir a los trabajadores, pues es la lógica que usan los empresarios, y por tanto, se va conformando un ejército cada vez mayor de desempleados, que además no pueden consumir. Este ejército tiene la “virtud” de infundir miedo al resto de trabajadores, que aceptan a regañadientes las presiones de los empresarios para rebajar su salario. De esta forma la explotación capitalista aumenta, ya que la masa salarial disminuye al mismo tiempo que crece el PIB: el clásico aumento de la tasa de ganancia, que va acompañado del aumento de la acumulación del capital por parte de la clase capitalista.

Pero si la destrucción de productos y mano de obra no es suficiente para las empresas, las que se lo pueden permitir mejoran además sus procesos productivos.

¿Qué implicaciones tiene este último hecho? reforzar la maquinaria que ha generado la crisis, puesto que estas empresas podrán inundar nuevamente el mercado con sus productos en menos tiempo que antes, aumentando considerablemente el riesgo de entrar prontamente en una nueva crisis. Si estos procesos se repiten con asiduidad, de cada vez más, los períodos de crecimiento se hacen más cortos y las crisis más duraderas y atroces para con los trabajadores. Es por ello que las crisis del capitalismo no sirven para hacer rectificar a las empresas privadas, sino más bien todo lo contrario, y de ahí que se denominen crisis sistémicas.

¿Pero, hay alternativas? si, sólo una. El modelo de producción socialista, basado en la planificación productiva a través de la socialización de los medios de producción.

¿En qué se diferencia del capitalismo? muy fácil, al no existir la propiedad privada sino la propiedad social, la competitividad irracional desaparece y con ella el despilfarro y las crisis de sobreproducción. En este nuevo paradigma, las empresas sociales están fuertemente reguladas, pues el interés privado desaparece en pro al interés general y colectivo. De esta forma, las empresas públicas se adaptan por primera vez a las necesidades sociales, produciendo lo que la sociedad necesita, sin el recurso de tener que implantar falsas necesidades, como sí ocurre con el sistema capitalista.

¿Los productos y los servicios de las empresas sociales serán peores que los de las empresas privadas? no, todo lo contrario. Serán mejores, pues se avanzará sin escalas, sin las esperas de tener que obtener beneficios para poder invertir en nuevos y mejorados productos. Sin la necesidad de tener que inundar constantemente el mercado de todas las gamas de productos que se van desarrollando y mejorando, “obligando” a los ciudadanos a tener que consumir en poco tiempo todos los modelos producidos.

En el socialismo, la mejora de productos es constante, pero sólo se venden cuando la sociedad realmente los necesita. No existen presiones de la oferta para intentar determinar la demanda, es la demanda social la que moldea la producción.

Además, se tendría la ventaja de una mayor variedad de productos y servicios, puesto que el objetivo no sería intentar vender una gama de productos predeterminados por la empresa, la gente podría solicitar los productos que quisiera, sin tener que esperar a ver cumplidas sus expectativas para cuando las empresas ofreciesen sus gamas inflexibles de productos.

Resumiendo, la cuestión es clara: la producción planificada supera en eficiencia, escalabilidad, sostenibilidad, flexibilidad y estabilidad a la producción anárquica y competitiva. Además de que, con el socialismo, la explotación de los trabajadores desaparece.

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