Estrategia y Táctica para la Revolución Socialista

Para poder transformar el sistema capitalista es necesario conocer y definir las estrategias y tácticas que utiliza la clase burguesa contra el resto de clases explotadas y oprimidas. Cualquiera que se disponga a luchar contra un adversario y pretenda vencerle, debe conocer muy bien a ese adversario, saber cómo piensa y cómo actúa. A partir de entonces podrá definir estrategias y desplegar tácticas para intentar alcanzar la victoria.

Así pues, ¿quién es el enemigo?

El enemigo principal de la clase trabajadora es la clase burguesa. Y dentro de ésta la clase capitalista dominante que ejerce directamente el poder a través del Estado.

¿En qué consiste la dictadura de la clase burguesa?

La dictadura de la burguesía se divide en tres grandes áreas: la dictadura económica, la dictadura política y la dictadura ideológica, todas ellas intrínsecamente relacionadas.

La Dictadura Económica

En la dictadura económica la clase capitalista es dueña del Capital y de prácticamente todos los medios de producción y distribución del mundo. Este hecho permite a los capitalistas privar al resto de la sociedad del derecho a la propiedad privada de dichos medios, concentrando tal propiedad y tal poder en muy pocas manos.

A un nivel más laboral, la dictadura de la burguesía se traduce en el predominio de unas determinadas relaciones laborales donde el sometimiento del trabajador ante los dictados del empresario es la ley: el trabajador debe venderse a cambio de un contrato, a través del cual el capitalista obtendrá la plusvalía, necesaria para poder convertir el dinero en Capital. Nace así el trabajador asalariado explotado, necesario para el capitalista únicamente en tanto que genere Capital.

La Dictadura Política

En la dictadura política, la clase burguesa se ha ocupado de proteger herméticamente sus intereses económicos a través del control del Estado. Es desde las instituciones del Estado y desde la legislación y la jurisprudencia, desde donde se defienden los intereses privados de la burguesía.

Por tanto, las constituciones de las naciones o Estados capitalistas se asientan sobre una base económica profundamente desigual, injusta y antidemocrática, por mucho que pretendan hacer creer que la soberanía nacional recae en el pueblo. Los partidos y los sindicatos institucionalizados no son herramientas válidas para que el pueblo pueda luchar verdaderamente por sus intereses, pues todos ellos aceptan que la propiedad privada sea la ley inviolable del funcionamiento económico.

Contrariamente, los partidos y sindicatos se han convertido en herramientas de control, y cuando éstas no son suficientes para canalizar el descontento de la sociedad, las formas supuestamente democráticas establecidas hasta el momento se tornan en formas autoritarias de dominación. Si el pueblo se manifiesta para protestar contra el dominio y la atrocidad capitalista, el Estado interviene con las fuerzas de seguridad, como la policía o el ejército, que se encargan de maltratar y de torturar a los manifestantes. En este punto la burguesía suele utilizar también tácticas de infiltración y de injerencia extranjera a pequeña escala, además de la habitual financiación a grupos de extrema derecha. Estas estrategias también se utilizan para desestabilizar a gobiernos que no cumplan a raja tabla los dictados de la clase capitalista.

No obstante, la burguesía aún va más allá. Cuando el pueblo sigue sin aceptar la explotación y la opresión burguesas, y logra tener en sus manos la posibilidad real de perjudicar en gran medida los intereses de la clase capitalista, la burguesía opta entonces por el enfrentamiento armado directo contra la sociedad: nace así la forma de dominación fascista, que sólo es capaz de defender los intereses de la clase capitalista a través de la guerra, el sabotaje y el Golpe de Estado. En este punto la burguesía utiliza todos los medios de los que dispone para domar y castigar a la sociedad, entre ellos, la injerencia extranjera a gran escala, el espionaje masivo, los campos de concentración, etc.

La Dictadura Ideológica

A todo lo anterior se le añade la dictadura ideológica, un pensamiento único y dominante que va penetrando en nuestra mente durante toda nuestra vida. ¿Finalidad? que integremos la ideología de la clase burguesa para, por medio de su lenguaje viperino, justificar todo su sistema de dominación: que una minoría rica gobierne sobre una mayoría pobre, que la explotación tenga que existir necesariamente, que la competitividad y el egoísmo son buenos valores, que el capitalismo es sinónimo de libertad y progreso, que los empresarios son necesarios, que poder votar implica que haya democracia, que el comunismo es el mal, y un largo etcétera.

En este sentido, el sistema educativo sirve para que el sistema nos inculque la ideología burguesa dominante desde que somos niños, con el fin de adoctrinarnos y someternos. No se nos enseña a razonar ni a reflexionar, todo consiste en obedecer, memorizar y aceptar las cosas tal y como son, y tal y como deben ser.

Como conclusión, es necesario entender que la dictadura de la burguesía es mucho más que una dictadura puramente económica que se ejerce a través del Estado y las grandes corporaciones multinacionales; es además todo un engranaje político, filosófico y de valores, que está fuertemente asentado por el sistema educativo y la propaganda, y fuertemente protegido por una maquinaria militar y represiva inmensa. Por tanto, mientras la burguesía conserve su hegemonía, no habrá condiciones objetivas ni subjetivas para el cambio o la revolución social.

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer entonces para cambiar o transformar el mundo?

Para empezar, debemos prepararnos para, cuando se den las condiciones objetivas adecuadas, aprovechar el momento. Esto implica que mientras no se den estas condiciones es necesario estudiar, aprender, comprender el marxismo, organizarse, intentar articular movimientos, averiguar las necesidades populares, convencer a más gente de los intereses del proletariado, entender el contexto histórico de nuestro país, conocer la coyuntura concreta que nos rodea, reconocer las clases sociales existentes y el peso que tienen en la sociedad, etc.

Y entonces, ¿cuáles son las condiciones objetivas que podrían permitir un cambio?

Para ello es necesario remontarnos a las condiciones objetivas que se dieron en la revolución bolchevique de 1917. ¿Cómo pudo triunfar la revolución de octubre?

1. La primera condición fue que en el panorama mundial Rusia estaba enzarzada en la Primera Guerra Mundial. Las consecuencias de esa nefasta guerra imperialista entre Estados burgueses supuso para Rusia un deterioro sin precedentes. El hambre y la miseria se propagaron sin piedad por Rusia, y la violencia desatada por las fuerzas del Zar oprimían terriblemente al pueblo desesperado. Los antecedentes violentos en la historia de Rusia se habían integrado ya en la conciencia de toda la sociedad rusa. El incremento de la violencia, la miseria y el malestar, fue el caldo de cultivo adecuado para poder desarrollar la revolución.

2. La segunda condición fue que el pueblo estaba armado. Los primeros en rebelarse contra el régimen autoritario zarista fueron los marines rusos, cuyas filas estaban constituidas principalmente por proletarios y campesinos (esta revolución hizo ver a la burguesía que el servicio militar obligatorio era una desventaja frente a la posibilidad de disponer de un ejército mercenario).

3. La tercera condición fue la madurez del movimiento obrero ruso, que fue capaz de organizarse en Sóviets y adquirir la conciencia de clase apropiada para poder comprender que la clase burguesa era su principal enemigo.

4. La cuarta condición fue la brillante visión de Lenin, que con las Tesis de Abril declaró que el proletariado ruso estaba suficientemente preparado para abordar una revolución socialista contrariamente a los que sostenían que una revolución burguesa y “democrática” era suficiente para superar la crisis que azotaba Rusia. Sin el Partido Bolchevique y sin el marxismo-leninismo, no se hubiera podido organizar nunca la revolución ni formar a los elementos de vanguardia del movimiento obrero.

5. La quinta condición fue la desintegración del Estado ruso. La derrota en la guerra, la incapacidad por garantizar las necesidades de la población y la poca experiencia previa de los gobernantes burgueses y aristócratas, fue la que permitió en gran medida la derrota de los reformistas y liquidadores en pro al marxismo y la revolución socialista.

6. Y la sexta y última condición fue el debilitamiento sufrido por las potencias capitalistas occidentales tras la Primera Guerra Mundial. Sin el deterioramiento de sus fuerzas militares, la revolución bolchevique hubiera sido aniquilada en pocos años tras su victoria.

Así pues, es bastante evidente que no sólo son numerosas las condiciones que deben darse para que la sociedad se embarque en una revolución, sino que para que ésta triunfe también deben darse aun más condiciones.

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