Reflejos del Mundo

A veces cuesta mirar a tu alrededor y ver las cosas objetivamente.

Normalmente, nuestra mente proyecta en la realidad pensamientos e ideas predefinidas que el sistema capitalista nos ha inculcado. Dichas ideas o prejuicios nos nublan la mente y no nos dejan progresar. Es decir, no nos sirven para comprender cómo funciona la sociedad. No obstante, sirven para amoldarnos a esta sociedad podrida y para reproducir lo que ya está predefinido: egoísmo, competitividad, consumismo, indiferencia, prepotencia, hipocresía, cinismo, agresividad. El resultado: que aun con las numerosas y no menos importantes contradicciones e injusticias del sistema, intentamos no salirnos de nuestro camino marcado, justificando para ello toda clase de absurdeces y atrocidades. Nos esforzamos por no intentar ver la realidad de fondo, por intentar ver sólo la fachada, es decir, aquello que coincide con las ideas y prejuicios que nos han inculcado.

Muchos somos el simple reflejo del mundo que nos envuelve.

Yo no veo a una sociedad unida, cohesionada y funcional. Veo a un conjunto interrelacionado de meros individuos aislados que compiten, se pisan, e intentan ir a la suya sin pensar en los demás. Veo empresarios sin escrúpulos que dirigen la política y restriegan todo su menosprecio en la cara del resto de la gente. Veo a trabajadores que intentan adaptarse al macabro ritmo de esta sociedad enferma, que se venden por un trabajo que acaba agobiándoles y estresándoles, pero que a través de su propio autoengaño creen ser afortunados o mejores que los demás.

Y para adaptarnos mejor a este macabro mundo, nuestra mente desarrolla así un fuerte sentimiento de superioridad, ligado irremediablemente a una constante obsesión por ser “normales” y por tanto, parecer serlo siguiendo los patrones de conducta dominantes impuestos por la clase burguesa. Por doquier veo gente que consume compulsivamente, que trata de aparentar algo que no es, que trata de no pensar en el resto de personas o en los problemas sistémicos que les afectan. Veo una atroz indiferencia frente a la indigencia y la marginación social, frente a la pobreza y la desigualdad, frente a las macro estafas de la banca y las multinacionales, frente a los políticos corruptos, frente a las organizaciones fascistas, frente a un sistema económico irracional e insostenible, etc.

Lo que ocurre es evidente: la ideología burguesa dominante nos ha enseñado a preocuparnos única y exclusivamente de nosotros mismos, o a lo sumo por nuestros familiares más próximos. Nos han dividido a base de reforzar nuestro egoísmo, ya sea compitiendo en las escuelas, en el trabajo, o a través del bombardeo mediático y constante de determinados valores e ideas.

Y es que integrar los valores y las ideas del poder capitalista, y en definitiva su lenguaje, nos encasilla y nos estanca, pues nos impide desarrollarnos libremente o progresar; No de una forma propia y libre, sino “a la forma” que el sistema osa en ofrecernos. Reproducimos los patrones que la clase burguesa ha creado, sus ideas y sus prejuicios con el objetivo de que todo siga igual, es más, la mera idea de querer que todo siga igual es una idea impuesta por la clase burguesa para que no nos rebelemos, para que no reaccionemos ni critiquemos al sistema, para que no combatamos ni luchemos. Una idea fundamental que se instaura en lo profundo de nuestra mente y que en realidad invita a todas aquellas ideas que, en la mísma línea, vienen a defender y justificar el sistema presente.

¿Lo hacemos por temor? si, evidentemente. Lo hacemos por un temor que el propio sistema capitalista nos ha inculcado, al mismo tiempo que repetimos que vivimos en democracia y en el mundo de las libertades. Y es que nuestras contradicciones internas son sólo el reflejo de las contradicciones inherentes del sistema capitalista.

Pero entonces, ¿cómo salirse de este cículo vicioso y sobrevivir al mismo tiempo?. En otras palabras, ¿cómo conseguir dinero luchando y combatiendo al sistema?, ¿hay realmente alguna alternativa factible o paralela que los trabajadores podamos poner en marcha mientras la burguesía conserve su hegemonía?

La respuesta es no. No, siguiendo los esquemas que la burguesía nos ha inculcado, de ahí que para sobrevivir se necesite un mínimo de adaptación. Sólo la lucha por la superación y la transformación radical de este sistema nos ofrecerá una verdadera salida, pues por cuanto este mundo siga en manos de los capitalistas, no habrá modo alguno de progresar, ni se podrá cambiar de sistema por mucho que lo intentemos reformar: la competitividad, la explotación, la desigualdad, la miseria y las guerras, no desaparecerán jamás mientras dure el capitalismo. La cuestión es, ¿esperaremos impasibles hasta que las contradicciones del sistema acaben afectando directamente a nuestra propia superviviencia?, ¿tan ciegos estamos?, ¿tan maniatados y condenados nos tienen?

Si es así, entonces es evidente no se puede hacer mucho…

Pero si por vuestras venas corre sangre roja, si vuestros ojos ven lo que nadie quiere ver, si vuestras ideas son verdaderamente revolucionarias, entonces debéis luchar contra el sistema. La humanidad nunca ha progresado sin luchar, sin derramar su sangre, y sin cambiar lo establecido.

Protestar sirve, y mucho. Contrariamente con lo que el pensamiento dominante pretende inculcarnos, lo único que ha demostrado no servir nunca de nada, es el aceptar las cosas como son sin oponer resistencia. Este no es el camino del progreso, sino del atraso y de la decadencia humanas. El verdadero progreso sólo podrá venir de la revolución socialista.

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