La Moda Impuesta

¿Qué es en realidad la moda?

En la definición matemático-estadística, la moda es el valor que cuenta con una mayor frecuencia en una distribución de datos. Es decir, que la moda de una muestra de datos se obtiene a posteriori de la obtención de esos datos.

Si extrapolamos esto a la realidad, sólo podríamos hablar de moda (diferenciando cada sector de consumo: ropa, dispositivos móviles, comida, música, etc) después de preguntar o haber registrado lo que la sociedad ha consumido. En este sentido, y coincidiendo parcialmente con la definición de la RAE, la moda sería el uso o costumbre que está en boga durante algún tiempo, en un determinado país.

Pero lo que habitualmente se conoce como moda, no es esto, sino que es una imposición: la sociedad no decide qué es tendencia y qué no, ni toma parte en lo que viene a ser “la Moda”, puesto que “la Moda” no se contempla como una respuesta del consumo de la sociedad, sino que se habla de “la Moda” cuando unas pocas empresas, generalmente del sector textil, introducen en el mercado una nueva línea estética en sus productos.

A esta nueva línea estética la llaman tendencia y moda, pero no lo es. No al menos en el momento de su lanzamiento. No obstante, debido a que el ser humano se comporta de una forma más psicológica que lógica, estas líneas estéticas se acaban, por lo general, convirtiendo en moda.

¿Cómo ocurre esto?

El mecanismo es bien sencillo, y se trata de un mecanismo psicológico repetido hasta la saciedad también en anuncios publicitarios (propaganda) y en los sondeos de las campañas electorales. Se trata siempre de imponer “lo mejor” (un ganador, un producto nuevo, etc). Pero no imponerlo por la fuerza, o de forma verbalmente autoritaria, sino de una forma sutil, es decir, haciendo uso de aspectos psicológicos poco explícitos o evidentes.

En el caso de la imposición de la moda (en el sector textil), se trata de difundir una nueva línea estética asociándola con varios sentimientos. El primero de ellos es el sentimiento de renovación para los que adopten esta nueva línea. Un sentimiento motivado por la idea del cambio y la mejora a través de la obtención de un producto nuevo. El segundo de ellos es el sentimiento de pertenencia a un extenso grupo de seres humanos que supuestamente van a consumir estos productos. Un sentimiento motivado principalmente por nuestro instinto gregario, fuertemente asentado en nuestro cerebro. El tercero y último de ellos es el sentimiento de superioridad frente a los que no “van a la Moda”, un sentimiento asociado a los dos anteriores que se desata como reafirmación personal hacia la nueva imposición, dotándola de una importancia desmedida, ubicada fundamentalmente en la mente de la gente.

Así, como consecuencia de todos estos mensajes, ideas y sentimientos, “ir a la Moda” implica, por lo general, un alivio y un aumento de la autoestima para el que la sigue.

La cuestión es, ¿por qué ocurre esto?

Si algo caracteriza a la moderna sociedad actual, es el monopolio de la apariencia: más importante que el ser, es el tener y el aparentar. Y esto implica necesariamente que estamos inmersos en una sociedad superficial y mediocre, que sólo alcanza a ver aquello que es puesto delante de sus ojos sin importar lo que se esconde detrás.

Es debido a esta superficialidad impuesta, que la sociedad necesita consumir para sentirse mejor, para sentirse parte de la humanidad deshumanizada, para no sentirse precisamente, la oveja negra del rebaño.

Así, el consumismo no es sólo el nuevo opio del pueblo, sino que es el opio supremo que, a través de sus múltiples formas y facetas, domina a todos los demás:

No es el fútbol el opio del pueblo, sino su consumo. No es la religión el opio del pueblo, sino su consumo. No son los videojuegos el opio del pueblo, sino su consumo. No son las series televisivas el opio del pueblo, sino su consumo. No es la lotería el opio del pueblo, sino su consumo. No es “la Moda” el opio del pueblo, sino su consumo. Y así con todos y cada uno de los negocios empresariales transformados en fenómenos sociales de entretenimiento, ocio y adoctrinamiento.

Volviendo a “la Moda”, aunque también es extrapolable a todo lo demás, tengo que decir que a mi parecer, alardear de “ir a la Moda” refleja a personas con poca personalidad y profundidad (en estos aspectos), que además pretenden restregar a los demás su supuesta superioridad.

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