Todo depende de nuestra conciencia

Las contradicciones internas del sistema capitalista son más que evidentes: poseedores y desposeídos, dominadores y dominados, ricos y pobres, explotadores y explotados, clases altas y clases bajas, primer mundo y tercer mundo, etc. Es innegable el hecho de que el sistema capitalista está asentado sobre la desigualdad social y que hace de la desigualdad social, un criterio de progreso. Sin embargo, la mera existencia de la desigualdad social o de intereses contrarios entre las distintas clases sociales no son factores determinantes para el desmoronamiento del sistema capitalista o para el surgimiento de una revolución social, menos aun en el siglo XXI.

Lo que verdaderamente va a determinar el porvenir de la sociedad humana es hasta qué punto las contradicciones o desigualdades del sistema capitalista se volverán extremas o insostenibles, y de qué modo la sociedad responderá ante ellas.

Contradicciones Insostenibles

En realidad, lo que va a determinar que las contradicciones del capitalismo sean o no sean insostenibles, es la conciencia colectiva de la sociedad humana: de los trabajadores, de los estudiantes, de los jubilados y de los parados.

El sistema capitalista jamás se desmoronará únicamente por sus contradicciones internas, durará hasta que la sociedad diga basta, puesto que ningún sistema económico puede desmoronarse por sí mismo. Siempre existe una fuerza humana o social que lo logra derrotar y transformar. El feudalismo cayó porque la clase capitalista luchó y logró erradicarlo. La vieja Rusia zarista cayó porque la clase trabajadora luchó y logró erradicarla. La antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas cayó porque la clase capitalista luchó nuevamente y logró erradicarla. Nada cae por si solo, incluso un castillo de naipes cae porque alguien tira la primera carta.

Es por ello que el capitalismo no se detendrá ante genocidios humanos o catástrofes naturales. Cualquier escenario, por adverso que sea, proporcionará a los capitalistas nuevas oportunidades para abrir nuevos mercados y con ello seguir enriqueciéndose a toda costa. En este sentido, podría llegar el día en que ante una crisis económica, el capitalismo necesitase desarrollar una tercera guerra mundial para sostener el crecimiento, o podría llegar el día en que ante la contaminación absoluta del aire, los seres humanos tuviésemos que comprar aire purificado para poder respirar.

No importa cuan atroces sean las situaciones, los seres humanos sólo importamos en la medida que producimos o generamos ganancias para los capitalistas, y para todo lo demás, el dinero está siempre por delante. Un caso claro son los movimientos migratorios frente a los movimientos monetarios: el dinero puede moverse y trasladarse libremente por todos los países del mundo, pero cuando los seres humanos quieren hacer lo mismo, se encuentran con muros y alambradas, y con leyes y policías que los retienen, los torturan, los asesinan o los expulsan a otro país.

Sólo la sociedad tiene la llave para considerar insostenibles las contradicciones del capitalismo y poder frenar el descalabro y el despropósito del mismo. No obstante, si la sociedad humana considera que 2.200 millones de pobres no es motivo suficiente para alarmarse, si considera que las más de 50 guerras que se están desarrollando en estos momentos en todo el mundo no son motivo suficiente para reflexionar, si considera que la globalización y la libre competencia empresarial son elementos buenos para el mundo, si considera que la erradicación del Estado del Bienestar no es motivo suficiente para la indignación, si considera aceptable la precarización laboral y la bajada continuada de los salarios, si considera tolerable la existencia de paraísos fiscales, si considera ineludible el pago de una deuda ilegítima, si considera que el imperialismo occidental favorece la paz mundial, si considera que los pobres son pobres porque son tontos o se lo merecen, si considera irrisorio el nuevo auge del fascismo, etc., entonces es evidente que las contradicciones del capitalismo no serán nunca insostenibles.

Todo depende de nuestra conciencia. Si tragamos y nos sometemos a los dictámenes del capital y de los capitalistas, nunca se resolverá ninguna contradicción: los que no tengan dinero para consumir alimentos o productos, o procurarse un hogar, o permitirse una educación, o acceder a la sanidad, u obtener una pensión, simplemente tendrán que “vivir” sin ello, como ya ocurre con muchísima gente en muchos países del mundo.

Cada 4 segundos muere un niño de hambre en el mundo porque ni ellos ni sus familiares tienen recursos suficientes como para procurarse alimentos. En España hay más de un 20% de niños en situación de pobreza extrema, la privatización de hospitales y el cierre de urgencias ha provocado 70.000 muertes evitables en tan sólo 4 años, grandes empresas como Movistar o Coca-cola, han despedido en España a miles de trabajadores aun teniendo beneficios estratosféricos.

Los empresarios y sus mercenarios los políticos, están provocando el aumento de la pobreza y de la desigualdad social. Y es que la pobreza tiene su origen en la explotación y el esclavismo perpetrados por los capitalistas, especialmente por las corporaciones multinacionales que operan como auténticos criminales por todo el planeta.

Cada vez existen menos regulaciones y menos controles sobre las grandes empresas y las grandes fortunas, y esto denota el poder que tienen los ricos. Un poder que han obtenido gracias a la desigualdad social que ellos mismos han originado, y que con la excusa de la “libertad”, campan a sus anchas haciendo y deshaciendo a su voluntad: destruyen ecosistemas, contaminan y calientan el planeta, agotan el petróleo y el gas del subsuelo, explotan a niños y mujeres en el tercer mundo, roban e impiden el desarrollo de los países pobres, no pagan impuestos, controlan a los políticos, imponen su visión destructiva y competitiva en los medios de comunicación, impulsan guerras para obtener recursos estratégicos, especulan en los mercados financieros con los alimentos, crean burbujas especulativas que acaban generando crisis financieras, nos adoctrinan con los deportes mediáticos y la prensa basura, despiden a miles de trabajadores aun teniendo beneficios, deslocalizan empresas para poder explotar más a los trabajadores en otras partes del mundo, etc.

Están logrando imponer en todo el mundo su nueva doctrina de dominación y totalitarismo: el neoliberalismo, es decir, el capitalismo salvaje. Un modelo económico basado en la individualidad y la desigualdad social extrema, que permite que los que no tienen dinero o trabajo puedan ser excluidos de la sociedad y mueran en silencio cerca de un vertedero, debajo de un puente, o dentro de un cajero automático.

Los empresarios, los políticos y sobre todo los medios de comunicación, nos quieren convencer de que debemos aceptar estas cosas tal y como son, y tal y como deben ser. La reflexión y la empatía no están a la orden del día. No nos quieren inteligentes y críticos, nos quieren mansos y obedientes, que no cuestionemos el poder o la autoridad, que miremos únicamente por nuestro interés particular, que observemos con devoción la propaganda y vayamos como idiotas a comprar los productos anunciados, quieren que adoremos a payasos que chutan un balón y a famosos haciendo fiestas en sus inmensos yates, quieren que lo único que nos importe sea la riqueza y el dinero. Y es evidente que es una estrategia muy inteligente por su parte.

Si como sociedad aceptamos las ideas y los valores de los ricos que nos gobiernan, estaremos siempre desarmados frente a su dominación. ¿Cómo vamos a considerar que el capitalismo es insostenible o que hay que cambiar los cimientos del sistema, si nos creemos que hay democracia y que este es el mejor de los mundos?, ¿cómo vamos a comprender el origen de la desigualdad social, si nos creemos que la empresa privada es la mejor forma de gestionar la producción?, ¿cómo vamos a enfrentarnos a los ricos que han provocado la crisis si consideramos que la crisis es culpa nuestra por haber vivido por encima de nuestras posibilidades?, ¿cómo vamos a hacer frente al problema del fraude fiscal de los ricos si creemos que la culpa del déficit la tienen únicamente las administraciones y el sistema público del Estado?, ¿cómo vamos a defender la inversión pública y los servicios públicos universales si culpamos a inmigrantes, moros, extranjeros, o gitanos de haber provocado un derroche masivo, y como consecuencia de esta idea defendemos su exclusión del sistema público?, ¿y cuando se nos excluya a nosotros de la sanidad y la educación, qué haremos?

Nos están embaucando a todos y es fundamental comprender el engaño al que estamos siendo sometidos. Para contrarrestar este perjuicio a nuestra inteligencia y nuestra dignidad, es imprescindible comprender que bajo el capitalismo no existe forma alguna de resolver las contradicciones internas del sistema, ya que éstas tienen su origen en la base misma del capitalismo: el régimen de propiedad privada es la causa real de la desigualdad y la poca o nula distribución de la riqueza. Aun con los increíbles avances tecnológicos y científicos que se están llevando a cabo en la actualidad, y la cantidad de productos y servicios que se ofertan en el mundo, sigue habiendo pobreza, miseria y desigualdad. Los avances en electrónica, informática, comunicaciones, medicina, química, biotecnología o agricultura, entre otros muchos sectores productivos, no están ayudando a satisfacer las necesidades más básicas de la sociedad humana.

Un claro ejemplo son los alimentos y el hambre. Pese a que la industria agroalimentaria produce cada año y a nivel mundial, alimentos para 12.000 millones de personas, somos 7.000 millones y más de 1.200 millones pasan hambre. Es un insulto a la inteligencia y la dignidad humanas el que a estas alturas el capitalismo no haya querido resolver esta contradicción, ya que el hambre no es un hecho fortuito, sino provocado deliberadamente por la política del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros.

El sistema capitalista jamás será capaz de satisfacer las necesidades humanas más elementales porque no es un sistema diseñado para cubrir las necesidades de la sociedad humana, sino que únicamente ha sido diseñado para que muy pocos (los capitalistas) se puedan hacer muy ricos a costa de los demás. La riqueza y lo producido no se distribuyen racional o equitativamente. Todo se vende y se compra en un mercado donde quien no tiene dinero no puede consumir. Y en un sistema donde cada vez se busca producir más con menos tiempo y menos recursos, para inundar el mercado de productos, y donde los salarios son y serán cada vez menores, la capacidad de demanda jamás podrá igualar a la de la oferta, y he aquí el origen de las crisis periódicas de sobreproducción capitalistas.

El capitalismo no es mercado libre ni se basa en la ley de la oferta y la demanda. El capitalismo es concentración de la producción, monopolios, especulación financiera, crisis y guerras. Y si la sociedad humana no eleva su nivel de conciencia y conocimientos acerca de esta cruda y deleznable realidad, cabe la posibilidad de que el capitalismo no se supere jamás, llevando a la sociedad humana hacia un declive perpetuo e incluso hacia su propia extinción.

La Revolución Social

Por el contrario, si la sociedad eleva su nivel de conciencia y sabiduría, las contradicciones del capitalismo podrían resolverse a través de la organización de revoluciones y cambios profundos, que lograsen sentar las bases para la edificación de una nueva sociedad más justa, más libre y más igualitaria.

Pero para llevar a cabo una revolución, se necesita que existan ciertas condiciones previas. Primero, que las contradicciones del sistema sean lo suficientemente agudas como para despertar el malestar y la indignación generalizada en la sociedad. Segundo, que dicha sociedad sienta la necesidad de actuar de un modo distinto e incluso contrario del que ha sido educada. Tercero, que materialice dicha necesidad a través de la organización consciente y colectiva con el objeto de luchar y defender los intereses de la mayoría social. Cuarto, que exista una teoría revolucionaria que abrace tales aspiraciones y sea capaz de conducirlas al éxito. Quinto, que la sociedad revolucionada logre obtener los medios y los recursos necesarios para afrontar la lucha y llevar a cabo la tediosa y no menos heroica tarea de transformar el sistema capitalista.

Como consecuencia de lo expresado anteriormente, es fundamental la existencia de movimientos de izquierdas e intelectuales que vengan recogiendo las experiencias y los testimonios de las luchas sociales anteriores, de victorias y de derrotas, de las teorías revolucionarias que han servido para vencer, y de las que no lo han hecho.

Una de las claves es considerar al hombre como el centro mismo de la economía mundial, y no el dinero ni el afán de lucro ilimitado. Sin embargo, para ello es necesario erradicar la propiedad privada (es decir, la empresa privada) como núcleo central de la actividad económica. La alternativa a la propiedad privada no es otra que la propiedad colectiva, es decir, la igualdad y la democracia económicas, que sitúan al hombre y sus necesidades en el centro mismo del sistema productivo.

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2 responses to “Todo depende de nuestra conciencia

  • oscar

    Es necesario que existan estos dos grupos inportantes Ricos y Pobres. Pues,en un mundo de ricos no podriamos sobrevivir que les podemos vender a ellos si son ricos no nos van a comprar nada no podemos conseguir nada de ellos porque lo tienen todo. de igual en un mundo de pobres que les podriamos vender a ellos tampoco nos comprarian nada porque son pobres ,entonces para que el circulo funcione los pobres tienen q comprarle insumos a los ricos de igual los ricos deben pagar a los p[obres por los insumos que produzcan con dinero de los ricos de esa forma todos sobreviven en este mundo.

  • presentanovich

    Por donde empiezo.

    1. No es necesaria la existencia ni de ricos ni de pobres, no existe ninguna ley natural ni universal que afirme tal barbaridad.
    2. No se trata de sustituir una sociedad con ricos y pobres por, o bien una sociedad de ricos, o bien una sociedad de pobres.
    3. Se trata precisamente de erradicar tanto la riqueza como la pobreza, ya que ambas son caras inseparables de una misma moneda. Se trata por tanto de llegar a un equilibrio, donde se erradique la explotación y donde lo creado y producido por el hombre sea para el hombre, no para un grupo de perversos explotadores que se puedan enriquecer ilimitadamente a nuestra costa.

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