2015: La Deflación de la Eurozona

Las recetas neoliberales impuestas por la clase capitalista dominante, no sólo están socavando los derechos laborales y el nivel adquisitivo de la clase trabajadora europea, tampoco están funcionando ni para estabilizar la economía ni para salir de la crisis.

En el transcurso de esta inacabada crisis de sobreproducción capitalista, el BCE ha seguido una política “de ánimo” a través de la bajada continuada de los tipos de interés. Sin embargo, el volumen de deuda es tan abrumador, y los bancos están tan sumamente centrados en cobrar la deuda y obtener beneficios, que finalmente no se han producido los estímulos económicos que cabría esperar.

Por las razones anteriores, la idea de hacer una “quita” de la deuda no atrae en absoluto a los bancos. Los bancos quieren cobrar toda la deuda cueste lo que cueste. Hacer una “quita”, o declarar una parte de la deuda como “ilegítima”, provocaría una importante pérdida de capital para los bancos, hecho que no están dispuestos a asumir.

Con los bancos fuera del mercado productivo, el estancamiento y la morosidad es la única realidad. Las empresas están reestructurándose para afrontar los años de crisis venideros, que se auguran difíciles. El despido de los trabajadores y la optimización de los gastos es la tónica que domina en el sector empresarial. Sin embargo, recortar en trabajadores implica necesariamente reducir la capacidad productiva, ergo, recortar los gastos implica reducir los ingresos.

En esta tesitura, las grandes empresas logran sostenerse sin alcanzar los beneficios esperados, las medianas y pequeñas empresas se dirigen lentamente hacia un precipicio, y los autónomos sobrevivien como pueden en un mercado altamente competitivo, con los precios a la baja y los ingresos ciertamente escasos. El sector público también ha sufrido recortes y privatizaciones, lo que a la larga repercutirá en la calidad de vida de la sociedad, exceptuando la calidad de vida de los ricos, que ya va en aumento.

Tenemos por tanto una Europa estancada, cuyo tejido productivo resiste con la esperanza de que pronto se va a recuperar la economía. Sin embargo, todos los indicadores apuntan a una deflación generalizada, promovida por la nula inversión productiva, tanto en infraestructuras como en servicios públicos.

La estrategia no es otra que la de estrangular a la clase trabajadora, la cual aun no es consciente de la lucha que se está desarrollando. El poder adquisitivo de la clase capitalista ha aumentado con la crisis mientras el poder adquisitivo de la clase trabajadora ha ido cayendo. Esta tendencia se mantendrá en el futuro, disparando la ya acentuada desigualdad social. Una tendencia que es fruto de una estrategia avara, orquestada a través de los instrumentos de la clase capitalista europea, que lejos de planificar la economía o pensar en un sentido más estratégico de futuro, mira únicamente por la obtención del beneficio a corto plazo.

Ante las atrocidades perpetradas por la clase capitalista, sólo quedan dos opciones: resignarse y resistir pacientemente la debacle económica, con todo lo que ello implica, o bien alzar la mirada, distinguir a nuestros verdugos, y acabar con ellos.

Ciertamente, existe una tercera opción, que es la penetrar en el difuminado mundo de la fantasía. Un mundo donde la esperanza y la autocomplacencia determinan nuestro absurdo nivel de conformismo, donde ya sea Podemos, la Liga BBVA, la Lotería de Navidad, o el Independentismo, logran engañarnos una vez más, con el fin de que olvidemos nuestros verdaderos objetivos de clase.

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