Propaganda nociva

¿Recordáis cuando Youtube no tenía anuncios?

Qué época tan gloriosa… Ahora hay un anuncio al inicio de casi cada vídeo y los hay que ya no permiten saltárselos pasados 5 segundos. Ahora hay que verlos enteros. También los intercalan entre vídeo y vídeo de una lista de reproducción, y entre canción y canción en Spotify…

Poco a poco, Internet se está transformando en la nueva televisión.

La propaganda consumista está por todas partes. En los omnipresentes carteles publicitarios de las urbes, en las Apps de los smartphones, inundan cada andén de los Metros, cada cristal de los autobuses, cada página de las revistas y los periódicos; en las webs se convierten en banners y pop-up’s, en la televisión interrumpiendo incluso los diálogos de las películas, en los programas de entretenimiento los presentadores nos venden productos, en los telediarios, en el terreno de juego de infinidad de deportes, en aplicaciones software, etc.

La propaganda (algunos la denominan erróneamente publicidad), es ya una plaga mundial. Y lo peor, es que se ha convertido en el engranaje principal que sustenta los medios de comunicación y los portales de internet. Sin publicidad no hay ingresos.

Muchos se olvidan que, quien paga, manda (una frase que no se puede aplicar a todo, pero sí es cierta en muchos casos). La propaganda en un medio de comunicación implica pérdida de la independencia económica e ideológica de ese medio, implica manipulación de la información por parte del publicista.

La propaganda es una burda mentira. Es sinónimo de la más vil manipulación de nuestros tiempos. Detrás de los anuncios se esconde una sutil y premeditada fórmula para captar nuestro interés y nuestros sentidos. Interminables asesores, psicólogos, técnicos audiovisuales, etc. se encargan de transformar una simple frase (cómpralo ya!), o una simple idea (quiero que compres este producto), en una recreación fantástica, completamente alejada de la realidad, que hace uso de las emociones humanas, cuyos detalles están perfectamente estudiados y sincronizados para hacerte sentir una expreiencia única e inolvidable. Muchos de estos anuncios pasan incluso a formar parte de la cultura de la gente, ¿oye, te acuerdas de aquél anuncio de X que era tan bueno? Qué época tan buena, ¿eh?

Sin darnos cuenta, estamos interiorizando la propaganda inconscientemente, la damos por válida sin cuestionarnos nada, y muchos ya la consideran un arte propio. El arte de vender un producto. El mensaje de fondo es el mismo para todos los anuncios, pero ese mensaje implícito se camufla a través de la forma de transmitirlo, y la sensación final poco tiene que ver con ese mensaje. La sensación final es un intento de personalización del producto, de pretender atribuir emociones humanas al consumo y la posesión de dicho producto. El mensaje implícito trasciende a manipulación fantasiosa.

Sin embargo, a mi la propaganda y los anuncios no me interesan lo más mínimo. Es más, estoy harto de tener que ver anuncios dado que no me aportan nada. ¿Dónde está mi libertad de elección? Pero además, lo peor está por venir: Google y otras corporaciones multinacionales pretenden conocer mi vida personal e intereses para incrustarme anuncios acordes a mis gustos. ¿A nadie le parece que esto es una violación de la privacidad en toda regla?

Yo no quiero anuncios, ni personalizados ni nada por el estilo. Quiero vivir sin tener que ver aquello que otros quieren que compre, y que encima me digan que al comprarlo seré más feliz. Es como si me dijeran a la cara, cada vez que veo un anuncio, que soy un infeliz. Que mi vida es una mierda porque no formo parte del rebaño de ovejas ciegas que compran compulsivamente aquello que les manda el poder.

Yo no quiero comprar nada de lo que me digan. Prefiero conservar mi intimidad y mi integridad, al margen de este festín indigno, grosero, inmoral y cansino, que es la propaganda.

Sólo cuando la propaganda se transforme en mera publicidad, en mero conocimiento de los productos, en mera descripción de las características de los productos, entonces, sólo entonces, me interesará saber qué es lo que hay y qué me interesa comprar. Del mismo modo que ahora, busco la información y el conocimiento, más allá del engaño propagandístico.

MUERTE A LA PROPAGANDA.

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