El Angel del Infierno: Madre Teresa de Calcuta

La Madre Teresa de Calcuta, de Santa no tiene nada. Pero dada la dilatada experiencia del Vaticano en nombrar santos a verdaderos criminales, hubiera sido muy extraño que hicieran una excepción con este demonio.

La Madre Teresa de Calcuta era un Angel del Infierno. Creó una especie de ONG llamada Las Misioneras de la Caridad, con el supuesto objetivo de recaudar fondos para construir centros de atención y ayuda para los pobres.

Sin embargo, si bien es cierto que se construyeron bastantes centros, la realidad es que, de poco sirvieron. Lejos de pretender ayudar a los pobres, el Angel del Infiernodedicó su vida a expandir el catolicismo más fundamentalista, pregonando el culto al sufrimiento. A los moribundos no se les daba ningún analgésico fuerte, incluso en los casos más extremos, y los cuidados no eran profesionales, carecían de la más básica higiene, sufrían condiciones de tortura“. Según sus propias palabras, “Hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, sufren como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho de su sufrimiento“. Pero hay más, “con una oposición firme contra la maternidad planificada, contra la modernización de equipos y contra muchas otras iniciativas que buscan soluciones, la Madre Teresa no era una amiga de los pobres, sino más bien una promotora de la pobreza“. Suya es la frase que afirma que “la mayor amenaza para la paz es el aborto”.

El Angel del Infierno se fotografiaba con los pobres y utilizaba esas imágenes de sufimiento para orquestar su aberrante campaña de márketing mundial. El objetivo era dar lástima a la gente para recibir donativos. Y funcionó.

No obstante, aunque los donativos que recibieron Las Misioneras de la Caridad fueron muy cuantiosos, éstos no se invertían en mejorar las condiciones de los centros, ni de la higiene, ni en curar a los enfermos, ni en dar de comer a los pobres, ni en nada de nada.

Año tras año, seguían apareciendo nuevas imágenes del sufrimiento y la miseria de los pobres, y por consiguiente siguieron los cuantiosos y multimillonarios donativos. Pero si no iban a los pobres, ¿qué hacían exactamente con todo este dinero?

La realidad es simple: el dinero recibido por Las Misioneras de la Caridad se destinó a engordar varias cuentas bancarias secretas propiedad del Vaticano y de las organizaciones más ortodoxas del catolicismo.

El Vaticano, nuevamente, practicando la estafa habitual: robar a los pobres para hacerse ricos. Tras 2.000 años de experiencia, está claro que esto es lo mejor que saben hacer.

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