Archivo de la categoría: Crítica marxista

Nada nuevo desde la “izquierda”

Desde el momento en que Karl Marx desplegó toda su dialéctica y elevó a su máximo eslabón toda la filosofía humana, ésta ya no se ha podido superar. Los movimientos filosóficos modernos (post-modernismo y demás) en ningún caso han sido capaces de mejorar el pensamiento filosófico de Marx ni de arrojar ningún nuevo conocimiento a la filosofía. La Dialéctica Materialista de Marx se sigue mantenido en la cima de la filosofía humana.

Dicho esto, convendría volver nuestros ojos a la obra de Marx, la cual sigue explicando muchos de los orígenes de los problemas de la moderna sociedad en la que estamos: crisis, desigualdad, explotación, monopolios, guerras, etc. Todo el entramado del acontecer nacional e internacional del mundo son perfectamente comprensibles desde la óptica del marxismo. En este sentido, las soluciones que Marx propuso entonces, siguen vigentes. Siguen teniendo validez.

Por eso sigue sorprendiéndome que desde la izquerda y los movimientos sociales sigamos con la habitual empanada mental y la poca o nula comprensión de los mecanismos de la política y la economía actuales.

Si realmente comprendiésemos como comprendió Marx el mundo, compartiríamos sus soluciones.

Pero lo cierto es que muchos movimientos de izquierda siguen empeñados en rehuir del conocimiento marxista. Tal vez, no sean tan de izquierdas como predican ser. Tal vez, no quieran realmente superar el capitalismo. Tal vez, no consideren el capitalismo tan malo. Tal vez, no tengan ni puta idea de nada.

Estoy cansado de observar la misma puñetera bazofia cada día:

  • A los que quieren salir del euro: Deberéis enfrentaros a Alemania y a Europa entera! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren salir de la OTAN: Deberéis enfrentaros a EEUU y a Europa entera! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren una banca pública: ¿Y quitarle el negocio al mayor Poder del capitalismo? No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren redistribuir la riqueza: ¡Ya no tendría sentido el capitalismo! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren eliminar los paraísos fiscales: ¡No se puede establecer una misma legislación a todos esos territorios o nichos tan dispares en todo el mundo! No es posible sin una revolución armada.
  • A los que quieren evitar la privatización de lo público: Nos espera un futuro tiránico, con el apoyo de todos los poderes del capitalismo. Buena suerte si el reformismo es la propuesta, pero no es posible sin una revolución armada.

Esto es lo que hay. Aquél que niege el horizonte de lucha estará condenando toda la lucha que se haga. Toda. Queriendo o sin querer, de manera consciente o inconsciente. Y es por ello que desde la izquierda seguimos sin estar a la altura.

Balbuceamos, no tenemos un proyecto convergente ni combativo. No hay verdadera transformación en nuestras palabras, menos en nuestros actos. El capitalista ha logrado instalar su gérmen en nuestro interior. Pensamos a través de la lógica de la burguesía. Creemos que las elecciones servirán para cambiar las cosas. Seguimos cegados por buscar mayorías, por basar nuestra táctica en las palabras que la burguesía ha pervertido y que ya no contienen ningún significado: democracia, libertad, justícia,…

Nada de todas ellas existen. Tampoco es necesario buscarlas. Hay alternativas que pasan por eludir la búsqueda de estos conceptos utópicos. Cuando Marx habla de la Dictadura del Proletariado, habla de imponer por la fuerza un modelo de sociedad, en cuyo proceso puede haber o no democracia, haber o no mayorías que lo apoyen, haber o no libertad plena, haber o no una justícia pura. Todas estas fantasías de la izquierda no forman parte de las bases de la lucha y la transformación social.

Lo único que cuenta es la fuerza. El poder. La imposición. Se trata de tener la capacidad de poder imponer por la fuerza las cosas. Del mismo modo que el capitalismo se ha impuesto por la fuerza y sobrevive por la fuerza, será derrotado por la fuerza. No existe otra forma de hacer las cosas. Y este es el problema de la izquierda. Que no entiende lo más elemental. Que no comprende que las mayorías no se podrán obtener jamás, sin antes lograr conquistar el poder político y mediático.

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Los Partidos Comunistas deben morir, para resurgir de sus cenizas

El movimiento comunista fue derrotado completamente a finales de la década de los 80 del siglo XX. A partir de entonces, los partidos comunistas se han ido atomizando y diversificándose hasta llegar a lo que yo denomino, la Discontinuidad Histórica.

La Discontinuidad Histórica supone un antes y un después para el movimiento comunista, supone una rotura total entre la vieja escuela comunista y la nueva, pero sobre todo se caracteriza por la manifiesta incapacidad real del actual movimiento comunista para adaptarse a los tiempos modernos y conservar al mismo tiempo el espíritu revolucionario y combativo del marxismo. Hablo aquí del abandono completo de la doctrina marxista, motivado tanto por los sectores burgueses como por los propios comunistas.

En la actualidad, se puede apreciar la drástica diferencia entre, por un lado, los Partidos que en el siglo XX lograron movilizar a las masas, levantar pasiones, organizar revoluciones,  edificar el socialismo, luchar y vencer al fascismo capitalista, y por otro lado, los Partidos que en el siglo XXI sólo se dedican a repetir descerebradamente viejas consignas, a practicar la demagogia, a poner en práctica el más paupérrimo revisionismo, a establecer lazos de amistad con la burguesía, a burocratizarse, a apoltronarse, a hacer del marxismo un dogma, y un largo etcétera.

En concreto, el movimiento comunista se encuentra disgregado en tres grandes sectas:

  1. Los que se encuentran bajo el dogmatismo del marxismo-leninismo.
  2. Los que se encuentran bajo el revisionismo burgués.
  3. Los que se encuentran bajo el trotskysmo, que antes incluso de producirse la Discontinuidad Histórica ya llevaban décadas en un irremediable pozo sin fondo.

Todos ellos solo tienen una cosa en común: el abandono de la teoría revolucionaria marxista.

Los primeros, por no haber actualizado el marxismo y haber caído en las redes del infantilismo izquierdista, los segundos, por haberse pasado directamente al lado contrario, y los terceros, por ambas cosas.

Al parecer, nadie se da cuenta de la obviedad más importante: el marxismo, hasta el punto en el que ha sido desarrollado y adaptado a la realidad del siglo XX, ya no sirve como teoría revolucionaria para el siglo XXI. Los profundos cambios que ha experimentado el desarrollo del sistema capitalista en todo el mundo han imprimido nuevas reglas de juego, nuevos escenarios en lo económico, lo político y lo social. Y nada de todo ello aparece en la teoría revolucionaria marxista, porque ésta solo se actualizó hasta el siglo XX.

Los que repiten que la solución es el marxismo y no han cambiado una sola coma de la teoría original, se equivocan. Los que repiten que la solución no es el marxismo y se han desvinculado incluso de la teoría original, se equivocan.

La solución está, pues, en la actualización del marxismo como teoría revolucionaria para el siglo XXI.

Un trabajo que evidentemente, no está al alcance de cualquiera.

Es por ello que el movimiento comunista debe morir, morir para resurgir de sus cenizas. Debe reinventarse, actualizar sus términos, actualizar sus métodos, desenmascarar los subterfugios de la economía moderna mundial, arrojar nuevamente un rayo de esperanza y demostrar al mundo que el cambio y la revolución socialista son aun posibles.

Lo primero que los comunistas modernos deben lograr, es comprender la complejidad de la sociedad capitalista: la nueva economía mundial, las clases sociales existentes, la distribución de esas clases por países, los intereses de esas clases, las luchas entre esas clases. Y determinar así qué clases sociales, dependiendo del país, pueden estar económicamente interesadas en una revolución. Y entonces crear las estructuras organizativas adecuadas para movilizar y elevar el nivel de conciencia de esas clases. Y fraternizar esas clases desde distintos países. Y forjar alianzas con otras clases que persigan objetivos similares. Y un largo etcétera.

Pero nada de todo esto se está siquiera planteando… ojalá llegue el día en que los comunistas vean la luz.


Crítica al Frente Cívico

Si el Frente Cívico es un espacio de acción, donde entre otras cosas, también se piensa y se razona, invito a compartir la siguiente reflexión:

Partimos de la base de que ningún partido político es capaz de solucionar nada. Pero, ¿entendemos por qué esto es así? más que nada porque, de la respuesta correcta hallaremos las críticas adecuadas que debemos hacernos en referencia al Frente Cívico.

¿Por qué entonces ningún partido político es capaz de solucionar nada?

En primer lugar, porque un partido o incluso una plataforma política de organizaciones sociales, no hace nada sin una rebeldía previa de la sociedad y sin que esa rebeldía se traduzca en una mayor implicación social, desde la formación hasta la articulación de movimientos, sobretodo en el ámbito laboral.

En segundo lugar, porque los partidos políticos históricamente combativos han renunciado al marxismo. Y de esta causa se derivan los efectos y los problemas anteriormente citados porque los partidos de izquierdas no están estimulando a las masas en absoluto. Lo único que están haciendo es derivar el descontento y la indignación hacia la adopción de unas determinadas ideas que en un futuro sólo se podrán materializar si en las próximas elecciones votamos al partido y éste sale victorioso.

Es decir, los partidos políticos han abandonado el marxismo y la lucha de clases en detrimento de la socialdemocracia. La formación intelectual y la praxis que pueda aportar un partido político de estas características a sus militantes y votantes serán siempre pobres y epidérmicas. Y como consecuencia de ello, todos ellos quedarán esquilmados de todo espíritu crítico, constructivo y combativo.

En resumen, ningún partido político es capaz de solucionar nada porque no hay ningún partido proletario. La conciencia de clase no se enseña, no se trabaja políticamente en los centros de trabajo ni en los sindicatos, no se combate suficientemente la ideología mercantil, las pseudociencias, la religión, y mucho menos los dogmas económicos del capitalismo. Ello permitiría ir elevando el nivel de conciencia, los conocimientos prácticos y la solidaridad entre los trabajadores. Se iría reforzando el espíritu crítico y combativo, y poco a poco se irían sumando trabajadores a la lucha contra el poder que los explota y oprime.

El único motor del cambio es la lucha entre explotadores y explotados, entre capitalistas y obreros. La sociedad está cambiando rápidamente hacia los postulados neoliberales debido a la lucha implacable que está desplegando la burguesía. Si no contrarrestamos esto en los tres ámbitos de la lucha de clases (político, económico e ideológico), la corriente de la historia nos seguirá arrastrando hacia donde dicha minoría rica crea oportuno.

Siguiendo con este razonamiento, ¿en que tesitura dejan estas conclusiones al Frente Cívico?

Hay que comprender que para cambiar las cosas, además de un partido y un sindicato proletario, se necesitan ciertas condiciones materiales que, evidentemente, aun no se están dando. Así que, aunque tuviéramos en España un Lenin y un partido bolchevique, no podríamos cambiar nada. Pero eso si, cuando se dieran las condiciones materiales para la realización de un cambio, de una revolución, al menos la sociedad, o más bien una parte de ella, estaría preparada para poder aprovechar esa oportunidad.

En este sentio el Frente Cívico como tal, tampoco podrá ser motor de ningún cambio. Puede ayudar, eso sí, a reforzar los lazos de solidaridad entre agrupaciones, asociaciones, organizaciones, movimientos sociales, etc. Puede hasta convertirse en plataforma de plataformas, pero si renuncia a la lucha de clases, si no centra sus esfuerzos en la lucha de la clase obrera, si no ayuda a que estudiantes, pensionistas y otros trabajadores se sumen a la causa de la lucha obrera, tampoco el Frente Cívico podrá solucionar nada.

Existe además, un principio fundamental que el Frente Cívico no parece contemplar. En toda la historia del hombre, los grandes cambios sociales, económicos y políticos, las grandes revoluciones, nunca las han realizado mayorías. Sin embargo, es posible que en el futuro sí puedan realizarse revoluciones mayoritarias, pero en más de 5.000 años de historia eso nunca ha ocurrido. Conviene empezar a tener en cuenta la historia del hombre si pretendemos mirar hacia el futuro con rigor y coherencia.

Las revoluciones sociales las hacen las masas populares, esto está clarísimo, porque sin masas populares, sin teoría revolucionaria y sin condiciones objetivas materiales, no es posible realizar un cambio sustancial en el modelo económico.

Se habla mucho de Gandhi, pero Gandhi nunca logró un cambio de modelo económico. Pero de Gandhi ya hablaré más adelante más minuciosamente.

Del que debemos tomar verdadera referencia, porque ha sido el gran consumador del pensamiento revolucionario materialista, es de Lenin. Lenin, Stalin y la revolución bolchevique. También de Fidel Castro, el Ché y la revolución cubana. Estos son los revolucionarios y las revoluciones más próximas que más esperanza han arrojado en el terreno de la lucha de la clase obrera y el porvenir de la humanidad.

Por tanto, en ningún caso las revoluciones las hacen las mayorías. Alcanzar la mayoría es más un sueño utópico que algo en lo que debamos centrar nuestra actividad política, como así lo pretende el Frente Cívico (somos mayoría). Porque aunque la población explotada y oprimida sea la inmensa mayoría de la sociedad, el modelo económico capitalista ya se ha encargado de dividirnos y de conformar modelos relacionales muy concretos entre las personas.

Como ya aventuraba Marx, “es el ser social el que determina la conciencia del hombre, no la conciencia del hombre la que determina su ser social”. El impacto de la realidad objetiva, de sus relaciones productivas, de la dominación de la clase capitalista sobre el resto de personas, es lo que nos moldea. Y a ello somos perfectamente capaces de adaptarnos, nos educan para ser sumisos, no para pensar libremente y rebelarnos. Eso está sólamente al alcance de unos pocos valientes que a lo sumo podrán influenciar a algunos sectores de la sociedad, pero nunca a la inmensa mayoría de ella.

Cambiar el mundo capitalista comporta luchar contra la burguesía y la propiedad privada. Y al final, en última instancia, el poder nunca vacilará en utilizar la violencia para proteger sus intereses y sus privilegios. Es por ello que, sin violencia, tampoco podremos llegar a cambiar el modelo económico. Es así y ocurrió tanto cuando los capitalsitas derrotaron a los señores feudales, como cuando bolcheviques y castristas derrocaron a sus amos capitalistas.

La historia se repite, así que aprendamos de ella. Las buenas formas y las buenas palabras, no lograrán cambiar la atrocidad ni la locura capitalistas. Éstas sólo pueden ser erradicada a través de la lucha de clases y la violencia revolucionaria.

A modo de conclusión, el Frente Cívico falla por tres motivos:

  • No centrarse en la lucha de la clase obrera.
  • Querer buscar mayorías.
  • Renunciar a la violencia.

Crítica a Ignacio Ramonet

Leyendo a Igancio Ramonet en su último artículo titulado Tramposos banqueros (publicado en Le Monde diplomatique), me asaltan ciertas cuestiones. Haciendo referencia a la nueva oleada de políticas neoliberales que están arrasando Europa y que se han impuesto a raíz de la crisis, Ignacio Ramonet compara así los escenarios de crisis y pre-crisis:

“el poder ha pasado de los políticos a los especuladores de Bolsa y a una cohorte de tramposos banqueros.”

Bien, es cierto que las políticas neoliberales benefician sobretodo al capital financiero, pero técnicamente, el poder nunca ha estado en manos de los políticos. Los políticos siempre han sido marionetas del verdadero poder: el poder económico que ostenta la burguesía capitalista.

Lo que ocurre es que ahora estos poderes económicos han decidido avasallar a la clase trabajadora. Antes los políticos mantenian el Estado del Bienestar y ahora van a destruirlo. Pero los que dictaminan si se destruye o no, no son los políticos, sino los capitalistas. Y antes de la crisis los capitalistas ya mandaban y las políticas que se hacían también les beneficiaban a ellos.

De hecho, antes de la crisis la tasa de ganancia de los capitalistas estuvo en aproximadamente un 20% cada año, esto es, que el poder económico capitalista se enriqueció un 20% más cada año a expensas de los trabajadores. Y ahora en crisis, con la abrumadora transferencia de rentas del trabajo hacia las rentas del capital, este beneficio será probablemente mucho mayor.

Por tanto, los capitalistas siempre han tenido el poder.

Desde que existe el derecho a voto en occidente, los partidos políticos del sistema (los institucionales pero también otros) se han financiado a través de una compleja y oculta red bancaria y empresarial. Los políticos han estado de facto, al servicio de esta oligarquía económica. Y es más, han hecho y desecho a la voluntad de los capitalistas con total impunidad una vez transcurridas las elecciones. Nada nuevo bajo el sol.

Podríamos haber puesto el grito en el cielo de la misma forma que hoy hace Ignacio Ramonet, cuando Felipe González decidió incluir a España en los planes de la OTAN, o cómo una vez en el poder, se dedicó a privatizar empresas públicas. O de cómo Aznar nos endiosó en la guerra de Irak para favorecer a la industria militar capitalista y al imperialismo estadounidense. Ya entonces también podríamos haber dicho que el poder había pasado de los políticos a la industria militar capitalista (de la cual algunos dirigentes del PP formaban parte).

Pero esta no es la cuestión. La cuestión es que Ignacio Ramonet pretende decirnos que antes de la crisis había democracia, y que ahora ya no. Pues no señor. Nunca en el capitalismo ha habido democracia y los políticos nunca han tenido el verdadero poder.

Otra cosa que sorprende de esta eminencia de izquierdas, es que no sólo pretende decirnos que lo que teníamos antes era democracia, sino que en términos económicos el sistema capitalista era cojonudo:

“Es evidente que los bancos representan un papel clave en el sistema económico. Y que sus actividades tradicionales –estimular el ahorro, dar crédito a las familias, financiar las empresas, impulsar el comercio– son constructivas.”

Vamos a ver. Cuando Karl Marx expuso que el capitalismo está condenado a vivir una sucesión sistémica de crisis comerciales, lo hace en términos productivos, y no sólo especualtivos. Las crisis del capitalismo son crisis de sobreproducción. Ni siquiera cuando los bancos controlan y dirigen la producción, e invierten en producir, están siendo constructivos.

Muy al contrario, están siendo destructivos: la anarquía productiva del capitalismo destruye el medio ambiente, despilfarra los recursos a través de la competitividad, y origina las crisis de sobreproducción al producir más oferta de la que la demanda puede absorber (aunque ésto sólo ocurre en los paises desarrollados, en los subdesarrollados se sigue pasando hambre).

Por tanto, en época de crecimiento, los capitalistas también explotan y abusan de la clase trabajadora, y hoy en día medio mundo está sumido en la pobreza porque durante la era de la mal llamada Sociedad de Consumo, el capitalismo empobreció a miles de millones de personas bajando los salarios y transfiriendo (es decir, robando) los recursos de los paises más empobrecidos hacia los paises más desarrollados. Y es precisamente a raíz de este modelo imperialista económico, que el mundo capitalista ha llegado al punto sin retorno del calentamiento global, que provocará un cambio climático sin precedentes en la historia del hombre.

¿Es esto constructivo?, ¿es que Ignacio Ramonet nos quiere hacer creer que bastará con eliminar el capital financiero para acabar con los problemas del capitalismo?. Pues no señor. El capitalismo no tiene solución. Siempre ha sido y será un sistema insostenible. Es un problema de raíz cuyo origen está en la propiedad privada y por tanto en la apropiación del fruto del trabajo ajeno. No es un problema bancario, ni monetario, ni especulativo, ni crediticio, ni de deuda y ni de déficit.

Finalmente, Ignacio Ramonet concluye su artículo contradiciéndose con su discurso inicial:

“¿Hasta cuándo las democracias podrán soportar esa impunidad?”

Es decir, primero nos dice que antes había democracia y que todo era muy constructivo. Luego nos dice que ahora mandan los banqueros “tramposos” (yo más bien diría criminales) y que por tanto ya no hay democracia. Y concluye diciéndonos que en realidad sí hay democracia, pero que hay un divorcio entre “la democracia” y el poder financiero.

Pero ¿qué entiende Ignacio Ramonet por democracia?. No lo se, pero le recomiendo que revise su lenguaje, porque las palabras tienen un significado concreto y hay que saber utilizarlas con propiedad y rigor.

Si la izquierda sigue cayendo en el vicio del lenguaje, si seguimos utilizando el mismo lenguaje que utiliza el poder capitalista, caeremos irremediablemente en el despropósito de explicar las cosas tal y como nos las muestra el capitalismo, y no tal y como son en realidad.

La alternativa es clara:

Dícese del Marxismo la ciencia que ha desarrollado su propio lenguaje, un lenguaje distinto al usado por la burguesía. Pues usémoslo, mas no se puede vencer la ideología del poder con las palabras del poder. Democracia es una palabra tergiversada, igual que libertad o justicia. Utilizarlas es peligroso y hay que saber hacerlo porque el capitalismo las ha manipulado a su favor, como también lo ha hecho con nuestras insignias: la palabra comunismo despierta habitualmente el temor o el rechazo. Pero quien tiene que temblar con esta palabra no es el pueblo, sino los capitalistas. De hecho, son ellos los que ya tiemblan con ella y por eso la manipulan.