Archivo de la categoría: Historia del Capitalismo

Lucha de Clases (parte 3)

La Victoria de la burguesía

Siguiendo con lo expuesto en la parte 2, la lucha de clases es un hecho demostrado que se ha desarrollado a lo largo de miles de años en la civilización humana. En el actual sistema capitalista la lucha de clases se traduce en un interminable pulso entre las clases trabajadoras (explotadas) y la clase burguesa (explotadora). Pero esta lucha no se desarrolla nunca en igualdad de condiciones. En el sistema capitalista, quien tiene más medios para desarrollar esta lucha de intereses antagónicos es precisamente la clase capitalista. Y la principal herramienta que permite a la burguesía desarrollar su dominación de clase es el Estado, mientras el Estado siga en manos de la clase burguesa, la lucha de clases les será siempre favorable.

Pero las clases explotadas pueden luchar y revertir esa situación. Y así ocurrió en la vieja Rusia zarista: el proletariado, con ayuda de la clase campesina, logró alcanzar el poder político dentro del Estado Burgués, logró destruir el poder económico burgués y construir su propio Estado: el Estado Proletario. Un Estado democrático, fuerte y constituido por hombres y mujeres libres. Y ni el más terrorífico y sanguinario ejército que la historia de la humanidad ha conocido jamás, el ejército nazi, logró derrotar el socialismo.

¿Cómo cayó entonces la URSS?

El partido comunista, antes de la segunda guerra mundial, tenía aproximadamente un millón y medio de militantes, y después de la guerra (1952) paso a tener casi siete millones de militantes. Las necesidades de la guerra obligaron a admitir en el partido a muchísimas personas sin la preparación política adecuada. Fue la propia guerra la que limitó la autocrítica y la discusión política en el interior del partido. Las necesidades de reconstruir un país brutalmente destruido y que perdió más de 20 millones de personas en la guerra, hicieron que esta situación se prolongara durante varios años.

Pero algunos cuadros y dirigentes del partido eran conscientes de estas dificultades. En el informe al XIX congreso del partido comunista (presentado por Malenkov y posiblemente escrito por Stalin) se critican entre otras cosas la creciente burocratización del partido, la falta de discusión política, la escasa participación de la base del partido en la discusión y la toma de decisiones, la existencia de persecuciones a los que criticaban a algunos dirigentes, la ocultación y el disimulo por parte de ciertos dirigentes de la realidad existente en las empresas (estatales) y organismos que dirigen, la formación de mafias que promocionaban a sus miembros (familiares, amigos…) y que bloqueaban la promoción de los mejor preparados, etc.

Esto no son criticas procedentes de disidentes o potencias extranjeras, es la realidad que algunos dirigentes del partido exponían abiertamente. El partido comunista se preparaba en el XIX congreso para afrontar todas estas dificultades. Tal vez hubiera sido el momento de plantear una nueva purga, pero de todos modos, ¿qué acabó sucediendo?

Stalin murió a los pocos meses de finalizar el congreso (algunos dicen que asesinado) y justo después, en el partido se desató una dura lucha por el poder entre distintas facciones, que culminó en el Golpe de Estado de Jruschef (1956) apoyado por los militares del ejercito ruso, que liquidó a la vieja guardia bolchevique, atribuyó toda la culpa de los problemas existentes a Stalin (y prohibió sus obras) e inició una profunda reforma en la economía y la política de la URSS (en el XX congreso del PCUS). Esta reforma consolidó el poder de las mafias que se habían instalado en el partido desde el inicio de la segunda guerra mundial. Los hijos y nietos de los dirigentes de estas mafias, finalmente, a finales de los 80 eliminaron todo resto de propiedad socialista y se convirtieron en los propietarios legales de las empresas y de la riqueza de la URSS.

Pero el socialismo ya fue derrotado en el XX congreso, porque a partir de ese momento, la dirección del estado ya no busca avanzar y mejorar el socialismo, sino vivir cada vez mejor y consolidar y hacer hereditario su dominio. La tarea de destruir el socialismo llevó más de 30 años. Y fue necesario tanto tiempo porque en los 35 años posteriores a la revolución de octubre, el socialismo había avanzado y se había desarrollado extraordinariamente, y había mejorado enormemente el nivel de vida y el nivel cultural de la población. Por tanto, hubo que destruir el socialismo en nombre del socialismo.

El socialismo fue entonces derrotado desde dentro, por la casta dirigente sucesora de Stalin, que conservó los ideales marxistas (de palabra), pero que poco a poco, fue desmantelando el aparato socialista.

Este cáncer también se filtró en los partidos comunistas occidentales, cuyos dirigentes estaban financiados y tenían lazos de amistad con la nueva dirección que se impuso en Rusia (1956). Estos partidos mantuvieron formalmente los ideales socialistas y comunistas, pero se convirtieron poco a poco en servidores obedientes no sólo de la nueva burguesía rusa, sino también de la burguesía occidental. Cada vez más, la dirección de estos partidos se ha ido separando de sus bases, y por tanto, de los auténticos socialistas y comunistas que militaban en ellos.

Estaba ya consolidada por tanto, la victoria de la burguesía frente al movimiento comunista y el movimiento obrero internacional. Todos los frentes de lucha cayeron porque fueron destruidos desde dentro.

La victoria de la burguesía era ya irreversible.

Desprovisto de un competidor ideológico tan fuerte como el que supuso el socialismo, el capitalismo se reafirmó, y empezó a elaborar un plan para consolidar su hegemonía en todo el mundo: el plan del Neoliberalismo.

Allá por los años 70 nace el corpus del Neoliberalismo de la mano de Friedrich Hayek y Milton Friedman. La clase capitalista, impulsora de esta teoría, no tarda en llevarla al terreno político: Margaret Tatcher (UK) y Ronald Reagan (EEUU) son los elegidos para empezar a ponerla en práctica. Pero también lo hace Augusto Pinochet (Chile). El plan global consiste en revertir las conquistas de la clase obrera. El resultado de la aplicación del Neoliberalismo no es otro que la destrucción de las economías del Tercer Mundo para consolidar el dominio del Capital en todos los mercados, incluidos los mercados públicos del Primer Mundo, especialmente en aquellos en los que la empresa privada estaba parcialmente excluida como resultado de la lucha obrera: la sanidad, la educación, las pensiones y los servicios sociales. El objetivo por tanto, no es otro que el de empobrecer a la gente y destruir el “Estado del Bienestar”.

Este camino actual, es el camino natural que hubiera tomado el capitalismo de no ser por la existencia de la URSS y la grandiosa influencia que el marxismo arrojó sobre la humanidad a mediados del siglo XIX. Demos gracias a Marx, una vez más, por todo lo que su lucha ha logrado. Tomemos ejemplo de él y no tiremos la toalla. La burguesía ha ganado muchas batallas, pero la lucha continuará por cuanto siga existiendo el capitalismo. Y la esperanza está servida, pues con la construcción de la URSS se rompió el hielo, se trazó la senda, y se demostró que el capitalismo no es el único sistema posible.


Lucha de Clases (parte 2)

El Contraataque Burgués: Fascismo

Siguiendo con lo expuesto en la parte 1, era evidente que la burguesía jamás iba a perdonar todo lo relacionado con Marx, Engels, Lenin, Stalin y el Socialismo Soviético. Tanto fue así, que tras décadas de lucha continuada y conspiraciones contra el marxismo, la Revolución Bolchevique y la URSS, la burguesía logró destruir el Socialismo y contaminar a todos los partidos comunistas de occidente. Esta es la historia de cómo lo logró:

Ya cuando Marx desveló las profundas contradicciones existentes en el sistema capitalista (sus leyes fundamentales y el papel de la lucha de clases en la historia), la burguesía trató y sigue tratando por todos los medios de desacreditar los estudios de Marx. Pero la grandeza de la teoría marxista es que era y es, cierta, y la burguesía sólo ha podido hundirla y denigrarla a través del silencio, la censura, la mentira y una sutil manipulación ideológica revestida de retórica científica.

Desde aquel entonces la burguesía se viene esforzando por vencer en la lucha ideológica contra el marxismo y el comunismo, y hay que decir que se ha vuelto extremadamente eficiente en esta tarea: Controlando y poseyendo la práctica totalidad de los medios de comunicación existentes, el volúmen de artículos, obras, películas y documentales anticomunistas es sencillamente abrumador y no para de crecer.

Empezaron denigrando a Marx y Engels, siguieron con Lenin y la Revolución Bolchevique, y posteriormente también con Stalin y la URSS. Todos los argumentos siguen el mismo patrón: mostrar a la sociedad y especialmente a las clases explotadas, que el marxismo en sus diversas formas y etapas está caduco, es manipulador o es autoritario. Y todo ello, al mismo tiempo que difunden que el capitalismo es el mejor de los sistemas posibles, es decir, el más democrático y moderno.

No obstante, contra el comunismo no siempre bastó con la mera lucha ideológica:

Situémonos en la Rusia revolucionaria de 1917. Tras el intento de invadir la URSS con 10 ejércitos nacionales en los años 20, la burguesía occidental no pudo frenar el avance del Socialismo en Rusia. Aun aliándose con la guardia blanca del viejo régimen zarista, el desgaste de sus fuerzas militares con motivo de la Primera Guerra Mundial les impidió vencer. Tuvieron entonces que renunciar a la guerra abierta contra la Revolución Bolchevique y eso abrió un camino de esperanza para el desarrollo del Socialismo.

Pero tras varios años de ascenso imparable del Socialismo soviético, empezó a surgir el movimiento fascista en Europa Central: fue una sutil herramienta contra el comunismo y sus raíces, pues ya en los años 30 la burguesía era testigo del surgimiento de un gran anhelo popular en sus propios paises: los trabajadores sometidos a la explotación capitalista querían derechos y libertades, tal y como los tenían sus homónimos en la URSS.

La campaña ideológica contra el comunismo dió entonces un paso más y trascendió a un enfrentamiento abierto y armado: El fascismo se instaló primeramente en España para evitar el desarrollo de la Segunda República Española, es decir, para evitar más triunfos de la clase obrera, o lo que sería aun peor, su coronación como clase dominante.

El miedo se estaba apoderando de la burguesía que, incapaz de contentar o controlar a la clase obrera, tuvo que abandonar la fachada de su pretendido sistema democrático y pasar a la ofensiva militar contra los trabajadores.

No tardó pues, en crecer y triunfar el fascismo en Alemania e imponerse sobre otros países gracias al apoyo de la Iglesia y los sectores burgueses más reaccionarios. Era necesario evitar por todos los medios el auge del comunismo en Europa. Había que extirpar de raíz el movimiento comunista y transformar el malestar de los trabajadores en fascismo. El mundo fue testigo entonces del Holocausto Nazi: 6 millones de comunistas asesinados en Alemania y más de 6 millones de judíos por toda Europa (recordemos que Marx fue judío en sus orígenes).

Pero la historia es compleja y a veces hasta paradógica: el Nazismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial fundamentalmente por la URSS, y sin embargo la URSS ya no existe. ¿Cómo ha sido posible?, ¿Qué causó el desmoronamiento de la Triunfadora URSS?

La historia sigue en la parte 3.


Lucha de Clases (parte 1)

El Fantasma que se convirtió en realidad

El Capitalismo, antes de la Revolución Bolchevique de 1917, era un infierno para la clase trabajadora: no existían ni la seguridad social, ni la sanidad pública, no había educación pública, no existían los derechos humanos, y los limitados derechos laborales y civiles que se podían tener, se obtenían luchando a sangre y fuego.

El Capitalismo transformó el sistema feudal en dos sistemas que coexistieron durante largos años: el sistema explotador asalariado, y el sistema esclavista.

El sistema explotador asalariado se daba principalmente en el llamado Primer Mundo Occidental, pero hoy en día ya se ha extendido por todo el mundo. Consiste básicamente en que los capitalistas se apropian de una parte de los frutos del trabajo ajeno. Pero el truco del Capitalismo consiste en la ocultación de este hecho, pues la explotación se esconde por sí sola tras el contrato salarial, en el cual el trabajador recibe mucho menos salario del que le corresponde por su trabajo. De esta forma los trabajadores asalariados realizan un plustrabajo, que traducido en plusvalía para el capitalista da origen al Capital: nuevo y aumentado dinero creado a través de dinero ya invertido.

Por otra parte, el sistema esclavista, hoy prácticamente erradicado, se daba principlamente en las colonias del llamado Tercer Mundo, y consistía en que los capitalistas se apropiaban de todo lo que sus ojos podían ver: las montañas, los bosques, los campos, los lagos, los ríos, los animales y los indígenas. Pero para que pareciese algo normal lo de esclavizar al hombre negro, los capitalistas han tenido que inventarse, a lo largo de toda la historia, toda una serie de falacias que vienen a justificar su trato sobreexplotador e inhumano: que si el hombre negro es un animal, que si el hombre negro es un hombre pero de raza inferior, que si el hombre negro está genéticamente adaptado para realizar un trabajo servil, etc.

Por aquel entonces, e igual que ahora, los capitalistas nadaban en oro explotando a los oberos en las fábricas y a los indígenas en las lejanas tierras coloniales. Y cada forma de dominación iba acompañada de sus particulares mentiras y falacias, todas diseñadas para poder justificar tal tiranía. Y cuando todo ello no fue suficiente para saciar su codicia, se enzarzaron en aberrantes guerras, también mezquinamente justificadas, con el fin de poder obtener más recursos: he aquí las dos grandes guerras mundiales…

Las demás guerras que se han ido sucediendo han sido directamente masacres, donde la opulencia militar occidental invadía países ajenos para robar sus recursos naturales: había nacido ya el Imperialismo, una nueva forma abusiva y atroz que utilizan los capitalistas para dominar y explotar a otros pueblos. Hoy en día no existe ninguna diferencia: Irak, Afganistán, Libia, Sudán, el Congo, Chile, Panamá, Colombia, Siria, Palestina, Uganda, el Sáhara Occidental, Mali, etc. Todos estos países y muchos más, han sido víctimas del Imperialismo.

Pero ya entonces, en el siglo XX, los capitalistas nadaban cómodamente en su mar de oro, las grandes potencias occidentales se repartían el mundo y nada parecía atormentar la tiranía que desataban… oh, ¿he dicho nada?, ¡pues no!

¡Sí hubo algo que les complicó la vida!: La Revolución Bolchevique de 1917, también conocida como la Revolución de Octubre, la Revolución Socialista, la Revolución Marxista o la Revolución Rusa. Yo la considero simplemente como la Gran Revolución del siglo XX, la Revolución Humana, el camino a seguir.

Esta revolución realizada a través de la organización y la unión entre obreros, campesinos, soldados e intelectuales, puso en pie de guerra al Capitalismo. En pocos años, la Revolución Bolchevique comenzó a edificar el Socialismo desarrollando la seguridad social, la educación pública y gratuita, la colectivización del campo, la democratización de los lugares de poder en los centros de trabajo, la planificación de la economía, etc. Con todo ello erradicaron el hambre y el analfabetismo, y transformaron la destartalada Rusia de los Romanov en la segunda potencia económica munidal, lanzando satélites al espacio y realizando grandiosas obras por todo el país.

Pero para los capitalistas esta revolución supuso una aberrante e imperdonable atrocidad, puesto que el nuevo sistema socialista demostró empíricamente que ni los empresarios ni los banqueros eran necesarios para la organización de la sociedad humana. Las fábricas fueron gestionadas por los trabajadores, concretamente por los sóviets: comités asamblearios de obreros y soldados.

Y poco a poco, este Estado fue creciendo hasta que se consolidó la URSS, la unión económica, territorial y fraternal de 15 Estados socialistas. Para entonces el Socialismo navegaba viento en popa, amenazando seriamente el Imperialismo y la hegemonía capitalista sobre el mundo. Pues un nuevo sistema había nacido, más justo, más igualitario, y más democrático que el capitalista.

Seguir en parte 2.