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Sobre la Razón y la Verdad

¿Quiere todo el mundo tener razón?

 Y, de ser así, ¿que es lo que nos mueve o nos incita a ello?, ¿nuestro ego, nuestra vanidad,… o acaso importa?

Bueno, todo el mundo sin excepción quiere tener razón, nos mueva lo que nos mueva. El uso de la razón generalmente se expresa cuando se anuncia la verdad, para hacer uso de la verdad. Se tiene razón cuando el uso de la razón va acorde con el uso de la verdad.

Pero, ¿no es un poco pretencioso establecer que es verdad y que es mentira?

Bueno, la verdad son los hechos, y lo que determinará nuestro acierto será la cantidad de hechos que conozcamos sobre las cuestiones que tratemos. Esto es posible gracias a que existe una realidad objetiva, exterior a nosotros mismos, la cual se puede observar y conocer. Gracias a la observación, la comprobación y la constante revisión de lo demostrado, hoy sabemos que la realidad material consta de leyes naturales, fenómenos predecibles, etc. No obstante, este proceso de averiguar y comprobar las cosas no es nada fácil. Se requieren medios, estudios, intuición, lógica, racionalismo, etc. Y por ello, la gran mayoría de las personas no conoce las verdades objetivas, sino que creen en sus propias verdades subjetivas, mucho más simples y fáciles de manejar en el día a día.

Y es precisamente en el día a día donde se desarrolla la motivación más elemental de todas, la que hace que hagamos uso de la razón de forma reiterada, una y otra vez: el convencer a los demás de nuestra postura. Las personas quieren convencer a otras personas de sus verdades subjetivas, que serán ciertas o falsas en función de si coinciden o no, con la realidad objetiva.

Por ejemplo: “El capitalismo es un sistema democrático”. Esta afirmación es falsa, y sin embargo es verdad subjetiva para mucha gente. Expresarla a los demás no es más que el ejercicio de convencer en nombre de la razón, y por supuesto también en nombre de la verdad.

El tema se pone mucho más interesante cuando ponemos nuestro foco de atención sobre el sujeto que difunde estas palabras. Y es que, no es lo mismo que lo diga un burgués de renombre, o que lo diga un borracho de la calle. Ambos quieren hacer uso de la razón para convencer, pero a diferencia del borracho, el burgués sabe perfectamente que lo que está diciendo no es la verdad. Y he aquí la manipulación, esa forma en el uso de la razón en la que se expresa una mentira de manera consciente.

¿Por qué calan las mentiras?

Es simple, y la Iglesia Católica es la institución privada más experimentada en esta materia. Si el Capitalismo lleva unos cuantos siglos sobre la faz de la tierra, la Iglesia Católica lleva milenios erguida. La respuesta a como manipular a la gente consta de dos ingredientes. El primero es, evidentemente, mantener a la gente en la más absoluta ignorancia (a ser posible). Y el segundo es, repite las mentiras constantemente. Al final, no se hablará de otra cosa, la gente estará dando por sentada esa mentira, y la mentirá ascenderá a cultura popular. Y es que, una mentira repetida muchas veces se convierte en verdad gracias a la ignorancia de la gente.

Por tanto, un uso de la razón dirigido como verdad a la sociedad mediante mensajes de falsos contenidos, produce un efecto beneficioso para el sujeto que lo predica, y malévolo y contagioso para el resto de las personas. Bueno, realmente lo de beneficioso es relativo, pues en épocas de miseria surgen las revoluciones y las iglesias quedan carbonizadas. Luego encima se extrañan…

Hoy en día tanto los medios de comunicación dominantes como las religiones en general, manipulan a la sociedad. El truco es hacer que todo el mundo se siente en una misma dirección para escuchar las palabras viciadas que se anuncian como la verdad. Es el método más brutal de adoctrinamiento por uso de la razón, ya que ambos impiden, inexorablemente, el uso de la reflexión y la crítica. Lo que dice el cura o la presentadora de televisión no se puede rebatir. No hay debate, no hay diálogo, es un monólogo.

Pero para hacer un uso adecuado de la razón, primero hay que obtener la verdad. Y la verdad hay que ganársela, nada de ver la televisión o acudir a misa.

El uso de la razón puede y debe hacerse sin fines manipulativos, y para fines más elevados como mejorar la capacidad de razonar, mejorar el entendimiento, aumentar y difundir el conocimiento, etc.  Lo que en mi pueblo se conoce como PROGRESAR.