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¡YO NO RECICLO!

En el mundo, 1 de cada 70 bolsas de residuos que la sociedad humana genera, proviene única y exclusivamente del consumo doméstico. Es decir, que si el 100% de la población mundial reciclase a nivel doméstico el 100% de todos sus resíduos, la sociedad humana en su conjunto estaría reciclando únicamente el 1,5% del total de todos los residuos que generase.

El 98,5% de los residuos restantes generados por la humanidad proviene del sector terciario, es decir, de las administraciones públicas y las empresas privadas, aunque mayoritariamente de las empresas privadas (sector industrial y agríocola).

En otras palabras, el hecho de que la gente recicle no sirve para nada. Para absolutamente nada. Es una pérdida total de tiempo. Además, en un sentido plenamente consciente y contestatario, nos tenemos que rebelar contra la idea de que reciclar es nuestro deber porque tenemos que cuidar del mundo y hacer del mundo un lugar mejor.

Pura propaganda capitalista.

La población civil no pinta nada en el mundo capitalista. No somos capaces de influir en prácticamente ninguna toma de decisión a nivel político y ni menos aún a nivel económico/productivo. Estamos sometidos al diseño de este macabro y perverso sistema que nos miente y nos explota, pero a ninguna autoridad parece importarle cuando esta circunstancia es en beneficio de los capitalistas y a la acumulación incesante de capital en unas pocas manos. Pero eso sí, cuando se trata de poner sobre la mesa los deplorables y nefastos resultados que presenta el sistema, entonces enseguida es culpa y responsabilidad de la gente. Ya lo hicieron con la crisis cuando nos soltaron que vivimos por encima de nuestras posibilidades, y lo vuelven a hacer ahora con el cambio climático cuando nos sueltan que debemos reciclar.

Pues yo me alzo y a toda honra digo: ¡YO NO RECICLO!

El problema no es nuestro. Evidentemente que no es nuestro. La sociedad civil no ha tenido nada que ver con el deliberado diseño de un sistema productivo lineal. Y esta es la raíz del problema. Desde hace casi 300 años, el sistema económico capitalista sólo se ha preocupado de producir, vender y ganar dinero con ello. Y ahora, voliá, resulta que hay un problema de contaminación ambiental de tres pares de cojones.

Pues me van a permitir que diga que el peso de la responsabilidad de este desastre no recae ni puede recaer sobre la población civil, y menos aun cuando los capitalistas nos han mantenido siempre al margen de su modelo económico/productivo. Sin embargo, se nos bombardea con la idea de que somos responsables del reciclaje y de que tenemos que reciclar para ser ciudadanos ejemplares y bla, bla, bla.

Cuanta vileza maquiavélica y podredumbre intelectual hay en estas consignas pérfidas que nos lanza el sistema. La realidad es bien distinta:

¡La responsabilidad es de los ricos!

¡La responsabilidad es de las empresas!

¡La responsabilidad es de las administraciones!

Ahí está el peso del problema, el peso de la responsabilidad y el peso de las soluciones.

El hecho de que la sociedad civil recicle no va a produciur ningún cambio, porque como ya he comentado, eso sólo supone un 1,5% de la solución a este problema, es decir, nada y menos. Además, a esto se añade el problema de que si algún ciudadano se equivoca reciclando, manda a tomar por culo el trabajo de reciclaje de los demás. Pero las pifias no provienen únicamente de los ciudadanos, los propios camiones de la basura han estado años mezclando todos los resíduos indistintamente para ahorrarse dinero. Todo es una puta pantomima, se nos quiere culpar ahora de no solucionar el cambio climático porque saben que la solución nunca podrá provenir de nosotros. Saben que nosotros no podemos resolver este problema pero que si nos creemos que el problema es nuestro o depende de nosotros, siempre nos podrán seguir culpando de ser los culpables de que no se solucione.

Vuelvo a repetir: Cuanta vileza maquiavélica y podredumbre intelectual hay en las consignas pérfidas que nos lanza el sistema.

El sistema capitalista quiere que trabajemos inútilmente para ellos, porque ellos no quieren responsabilizarse de nada. Pero la solución la tienen ellos y está en cambiar el modelo productivo. Dejar el modelo lineal y hacerlo cíclico. Implicando tanto a las empresas como a las administraciones. Que se generen más plantas de reciclaje y que se creen puestos de trabajo. Sólo en España, se podrían dedicar al sector del reciclaje más de 100.000 empleos adicionales y descargar a los ciudadanos de esta tarea completamente inútil e innecesaria.

Yo lo tengo claro.

¡YO NO RECICLO!


La Doctrina de la Religión

No existe evidencia alguna sobre la existencia de Dios. De lo que sí existe una evidencia clara, es que el hombre ha creado un sinfín de religiones a lo largo de su historia, y que en todas y cada una de ellas se han relatado siempre una serie de historias y deidades que se han presentado como hechos verdaderos.

El problema de las religiones es que están basadas en la fe, y no en los hechos. Motivo por el cual, todas las religiones se contradicen entre ellas. ¿Quién lleva razón?, ¿qué religión es la verdadera? Los creyentes dirán que obviamente la religión verdadera es la suya (la que les han inculcado, vamos). Sin embargo, no se dan cuenta que del ejercicio de negar la validez del resto de religiones, nace el germen para obtener el verdadero conocimiento. Los ateos, a diferencia de los creyentes, tan solo vamos un paso por delante de ellos, negando una religión más. Un creyente es un ateo del resto de religiones que existen.

Desde el punto de vista de un creyente, ¿cabría la posibilidad que aún no se hubiera encontrado la religión verdadera? Antes de la existencia del cristianismo, nadie sabía nada de Jesucristo ni del Dios que ahora está en boca de todos los curas. Sin embargo, las religiones estaban al orden del día. Predominaba el politeísmo, en vez del monoteísmo, y muchos de los antiguos creyentes estaban convencidos de que sus Dioses eran los verdaderos. Lo que ha ocurrido con estas religiones es equivalente a lo que acabará ocurriendo con las religiones de la actualidad en un futuro. Lo que antes era religión, ahora es una fábula mitológica. Lo que hoy es religión, en un futuro será una fábula mitológica.

Dicho esto, es importante comentar que, en ningún caso la ciencia tiene que demostrar la no-existencia de Dios. En todo caso, serán los que realizan afirmaciones extraordinarias, los que deberán aportar pruebas extraordinarias. La ciencia y el empirismo ya han demostrado por pasiva la inexistencia de Dios.

Por este motivo, y volviendo al tema de si hemos topado ya con la religión verdadera, cabe comentar que de descubrirse la existencia de Dios o de Dioses (quien sabe), nada tendrán que ver con lo que el hombre jamás haya escrito sobre estos supuestos seres sobrenaturales. Ya que nunca hemos tenido el más mínimo contacto con ellos. Por tanto, al no estar basadas en hechos, las religiones son puros inventos. Hasta que no haya pruebas, es el hombre el que ha creado a Dios, y no viceversa.

En realidad, lo que hace poderosa a la religión, no es el imaginario de un ser supremo que lo ha creado todo. Es más, viendo cómo el mundo está siendo gobernado por auténticos tiranos, donde reina la desigualdad y la hipocresía, donde hay guerras, hambre y miseria, si este mundo es realmente una creación de un ser todopoderoso y divino, yo no estoy nada impresionado. No se me ocurriría catalogar semejante despropósito como una verdadera creación divina. Me parece en todo caso, una creación mediocre, incompleta, y carente de la más mínima cordura.

En realidad, lo que hace poderosa a la religión, es que sirve como vehículo para la autocomplacencia y la superioridad moral. La política de la confesión sirve pues de justificante moral. Por eso, con la religión, todo vale. Puedes agredir, torturar, asesinar, violar, matar y cometer los más atroces delitos tipificados en las leyes humanas, que si te confiesas y abrazas a Dios en su misericordia, él limpiará tu alma de pecados y te reservará un espacio en el paraíso divino. Sin embargo, si nunca has creído en él, serás condenado para toda la eternidad a vivir en el infierno, sin importar lo buena persona que seas o lo buenas que hayan sido tus acciones en vida.

Además, la religión católica es una religión para estúpidos. El famoso Pecado Original de Adán y Eva fue que quisieron comer el fruto del conocimiento y fueron condenados por querer saber. Esto siempre me ha asombrado de la religión católica, es decir, el hecho de que al parecer, se defienda la ignorancia y se condene el conocimiento. ¿Por qué iba a ser malo el conocimiento?, ¿acaso podría inducir a que los creyentes abrieran sus ojos y desterraran la idea de Dios de sus mentes?

Porque seamos francos, Dios existe. Sí, en efecto. Existe como posverdad. Existe, en la mente de aquellas personas que así lo creen. Pero más allá de las fronteras de sus cráneos, Dios no es más que un susurro que se pierde con el viento y del que jamás se obtendrán respuestas.

Pero por desgracia el tema de la religión no acaba aquí.

La práctica que ejerce la religión sobre las mujeres y los homosexuales es francamente lamentable. La mujer es relegada a un segundo plano en la vida y sólo interesa de ella la influencia que ejerce sobre los niños, porque es la encargada de cuidarlos y ayuda a difundir y perpetuar las ideas y la moral católica. Respecto a los homosexuales, lo normal en la doctrina católica es considerar la homosexualidad como una enfermedad. Una enfermedad de la que suelen contagiarse muy a menudo los curas, sobre todo cuando hablamos de sus relaciones con los niños. Ya son cientos y miles los casos de pederastia perpetrados por los curas de la religión católica. La pederastia es ya el cáncer de la iglesia. Voluntad de Dios, tal vez. El plan divino, que dicen.

El plan divino es otro tema que también es bastante curioso, sobre todo cuando lo relacionamos con el acto de rezar. Veamos: si existe un plan divino y todas las cosas ocurren por mandato o voluntad de Dios, si todos tenemos el destino escrito…¿qué hacen entonces  los religiosos rezando? Si todo está trazado, rezar no tiene sentido. ¿Quieres que Dios te conceda un deseo y cambie su plan divino sólo para satisfacerte a tí?, ¿qué clase de ser divino elaboraría entonces un plan si tiene que cambiarlo contínuamente para hacer lo que los mortales le pidan? Y si la respuesta es que de todas formas Dios hará lo que ya esté trazado, ¿para que molestarse en rezar entonces? Ocurrirá lo que tenga que ocurrir independientemente de que se rece, ¿no?

Tampoco el ideario de Dios ayuda a responder ninguna pregunta. ¿Cuál es el origen del universo y la vida? ¿porqué estamos aquí? Si la respuesta es que Dios lo creó todo, estamos igual que si suponemos que el Big Bang lo creó todo. ¿Y antes del Big Bang, que había?, ¿y Dios, quién creó a Dios? ¿se creó solo?, ¿qué había antes de que Dios existiera, o es que siempre ha existido?, y si siempre ha existido y la Tierra fue creada hace 5.000 años, ¿no se aburrió un poco todo ese tiempo anterior?, ¿porqué entonces crearía la tierra hace 5.000 años?, ¿porqué no hace 10.000?, ¿a qué se debió la espera?

Ninguna de estas preguntas se puede responder, ergo, la religión no responde a nada. A lo sumo su gancho reside en lanzar un poderoso mensaje de esperanza: la vida continúa tras la muerte. He aquí el quid de la cuestión. La religión es un instrumento de confort para aquellas personas que son tan inmaduras que son incapaces de aceptar que la muerte forma parte de la vida, y que después de la muerte, ya no queda nada.

¿Tan terrorífico es pensar que la vida es así?

A esta filosofía se le puede sacar mucho jugo. Y la clave es tan simple como pensar que la vida es única y que hay que vivir cada momento como si fuese el último. ¿Realmente no merece la pena vivir la vida de esta forma?


Para qué estamos vivos

Atado a una red invisible de cables, no hay salvación posible. El ser humano se ha adentrado ya en la nueva esfera de lo desconocido. El ritmo frenético de la presente sociedad capitalista está imprimiendo un nuevo hombre: Un hombre que ha sido despojado de su vida, de su libertad, de su pasado, de su cultura y de la historia de su civilización.

Un hombre que ha sucumbido ante la omnipotencia y la omnipresencia del capital, ante el modo de vida dominante y ante toda autoridad ajena.

El hombre ha integrado ya los engranajes neoliberales que tejerán su vida por la vasta red de procesos, contactos, desvaríos y suerte de experiencias banales y efímeras, que sólo existirán en tanto puedan ser expuestas en un museo virtual desvirtuado de toda honradez.

La incapacidad de pensar y la inexperiencia de hacer, impedirá realizar cualquier cambio en el ritmo de vida, propiciando de cada vez más, el sometimiento del hombre sobre sus propios actos, que lo condenarán una y otra vez a la esclavitud, la indiferencia, la soledad y el olvido.

El tiempo que no se posee no puede ser invertido en nada. El hombre actual no tiene tiempo. Lo gasta trabajando y empeorando su salud a cambio de dinero, dinero que sólo utilizará para consumir su vida.

Vamos tan acelerados, que no podemos reflexionar. La revolución necesaria es la que conlleve a la ralentización de los tiempos de vida en la ciudad. Debemos detenernos ante el frenesí del consumo y de los tiempos de trabajo asfixiantes.

¿Qué será si no, lo que distinguirá al hombre de las máquinas?

La respuesta es impredecible. El hombre ha ofrecido su cerebro en sacrificio, y ha optado por la vacua vivencia de lo inmediato, del aquí y del ahora, de la incoherencia, la desconexión y el capricho.

Los productos han dejado de ser mercancías para transformarse en meras experiencias. Pagar a cambio de experimentar, pagar a cambio de seguir viviendo, o para sentirse vivo. Pero la realidad es que llevamos muchos años muertos. El consumo no es sino otra forma de alienación, además de la que propicia el trabajo, que se traduce en búsqueda de la evasión.

El ser humano vive evadido de la realidad, sumergido en un mar de tiendas, dispositivos, consumibles y demás inventos de la modernidad.

Han inundado y sobresaturado nuestros cerebros con demasiada información y actividades superfluas, y en superfluos nos hemos convertido, incapaces ya de salir de la rueda de la estupidez.

El hombre es un mero número. Una estadística, una probabilidad.

Hay que detenerse, ralentizar los tiempos, respirar profundamente, y ver la sociedad en la que estamos. La evasión no es una alternativa. No nos podemos permitir el lujo de desvincularnos del mundo y de las personas que lo habitan. Todo acto conlleva unas consecuencias. Es necesario retomar aquello que daba sentido a nuestras vidas. Es necesario recuperar al hombre e instalarlo en el lugar que le corresponde, no más a un lado, no más en un pozo sin fondo.

Cabe preguntarse pues, tan sólo una cosa, ¿para qué estamos vivos?


El Angel del Infierno: Madre Teresa de Calcuta

La Madre Teresa de Calcuta, de Santa no tiene nada. Pero dada la dilatada experiencia del Vaticano en nombrar santos a verdaderos criminales, hubiera sido muy extraño que hicieran una excepción con este demonio.

La Madre Teresa de Calcuta era un Angel del Infierno. Creó una especie de ONG llamada Las Misioneras de la Caridad, con el supuesto objetivo de recaudar fondos para construir centros de atención y ayuda para los pobres.

Sin embargo, si bien es cierto que se construyeron bastantes centros, la realidad es que, de poco sirvieron. Lejos de pretender ayudar a los pobres, el Angel del Infiernodedicó su vida a expandir el catolicismo más fundamentalista, pregonando el culto al sufrimiento. A los moribundos no se les daba ningún analgésico fuerte, incluso en los casos más extremos, y los cuidados no eran profesionales, carecían de la más básica higiene, sufrían condiciones de tortura“. Según sus propias palabras, “Hay algo hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, sufren como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho de su sufrimiento“. Pero hay más, “con una oposición firme contra la maternidad planificada, contra la modernización de equipos y contra muchas otras iniciativas que buscan soluciones, la Madre Teresa no era una amiga de los pobres, sino más bien una promotora de la pobreza“. Suya es la frase que afirma que “la mayor amenaza para la paz es el aborto”.

El Angel del Infierno se fotografiaba con los pobres y utilizaba esas imágenes de sufimiento para orquestar su aberrante campaña de márketing mundial. El objetivo era dar lástima a la gente para recibir donativos. Y funcionó.

No obstante, aunque los donativos que recibieron Las Misioneras de la Caridad fueron muy cuantiosos, éstos no se invertían en mejorar las condiciones de los centros, ni de la higiene, ni en curar a los enfermos, ni en dar de comer a los pobres, ni en nada de nada.

Año tras año, seguían apareciendo nuevas imágenes del sufrimiento y la miseria de los pobres, y por consiguiente siguieron los cuantiosos y multimillonarios donativos. Pero si no iban a los pobres, ¿qué hacían exactamente con todo este dinero?

La realidad es simple: el dinero recibido por Las Misioneras de la Caridad se destinó a engordar varias cuentas bancarias secretas propiedad del Vaticano y de las organizaciones más ortodoxas del catolicismo.

El Vaticano, nuevamente, practicando la estafa habitual: robar a los pobres para hacerse ricos. Tras 2.000 años de experiencia, está claro que esto es lo mejor que saben hacer.


Propaganda nociva

¿Recordáis cuando Youtube no tenía anuncios?

Qué época tan gloriosa… Ahora hay un anuncio al inicio de casi cada vídeo y los hay que ya no permiten saltárselos pasados 5 segundos. Ahora hay que verlos enteros. También los intercalan entre vídeo y vídeo de una lista de reproducción, y entre canción y canción en Spotify…

Poco a poco, Internet se está transformando en la nueva televisión.

La propaganda consumista está por todas partes. En los omnipresentes carteles publicitarios de las urbes, en las Apps de los smartphones, inundan cada andén de los Metros, cada cristal de los autobuses, cada página de las revistas y los periódicos; en las webs se convierten en banners y pop-up’s, en la televisión interrumpiendo incluso los diálogos de las películas, en los programas de entretenimiento los presentadores nos venden productos, en los telediarios, en el terreno de juego de infinidad de deportes, en aplicaciones software, etc.

La propaganda (algunos la denominan erróneamente publicidad), es ya una plaga mundial. Y lo peor, es que se ha convertido en el engranaje principal que sustenta los medios de comunicación y los portales de internet. Sin publicidad no hay ingresos.

Muchos se olvidan que, quien paga, manda (una frase que no se puede aplicar a todo, pero sí es cierta en muchos casos). La propaganda en un medio de comunicación implica pérdida de la independencia económica e ideológica de ese medio, implica manipulación de la información por parte del publicista.

La propaganda es una burda mentira. Es sinónimo de la más vil manipulación de nuestros tiempos. Detrás de los anuncios se esconde una sutil y premeditada fórmula para captar nuestro interés y nuestros sentidos. Interminables asesores, psicólogos, técnicos audiovisuales, etc. se encargan de transformar una simple frase (cómpralo ya!), o una simple idea (quiero que compres este producto), en una recreación fantástica, completamente alejada de la realidad, que hace uso de las emociones humanas, cuyos detalles están perfectamente estudiados y sincronizados para hacerte sentir una expreiencia única e inolvidable. Muchos de estos anuncios pasan incluso a formar parte de la cultura de la gente, ¿oye, te acuerdas de aquél anuncio de X que era tan bueno? Qué época tan buena, ¿eh?

Sin darnos cuenta, estamos interiorizando la propaganda inconscientemente, la damos por válida sin cuestionarnos nada, y muchos ya la consideran un arte propio. El arte de vender un producto. El mensaje de fondo es el mismo para todos los anuncios, pero ese mensaje implícito se camufla a través de la forma de transmitirlo, y la sensación final poco tiene que ver con ese mensaje. La sensación final es un intento de personalización del producto, de pretender atribuir emociones humanas al consumo y la posesión de dicho producto. El mensaje implícito trasciende a manipulación fantasiosa.

Sin embargo, a mi la propaganda y los anuncios no me interesan lo más mínimo. Es más, estoy harto de tener que ver anuncios dado que no me aportan nada. ¿Dónde está mi libertad de elección? Pero además, lo peor está por venir: Google y otras corporaciones multinacionales pretenden conocer mi vida personal e intereses para incrustarme anuncios acordes a mis gustos. ¿A nadie le parece que esto es una violación de la privacidad en toda regla?

Yo no quiero anuncios, ni personalizados ni nada por el estilo. Quiero vivir sin tener que ver aquello que otros quieren que compre, y que encima me digan que al comprarlo seré más feliz. Es como si me dijeran a la cara, cada vez que veo un anuncio, que soy un infeliz. Que mi vida es una mierda porque no formo parte del rebaño de ovejas ciegas que compran compulsivamente aquello que les manda el poder.

Yo no quiero comprar nada de lo que me digan. Prefiero conservar mi intimidad y mi integridad, al margen de este festín indigno, grosero, inmoral y cansino, que es la propaganda.

Sólo cuando la propaganda se transforme en mera publicidad, en mero conocimiento de los productos, en mera descripción de las características de los productos, entonces, sólo entonces, me interesará saber qué es lo que hay y qué me interesa comprar. Del mismo modo que ahora, busco la información y el conocimiento, más allá del engaño propagandístico.

MUERTE A LA PROPAGANDA.


Verdades no televisadas

Derecha mafiosa

Partidos políticos de derechas como CDC, PP, PSOE, y un largo etcétera, comparten no sólo el aplicar sin pudor las recetas antisociales de la doctrina neoliberal capitalista, sino el tener un funcionamiento interno que realmente podríamos calificar como MAFIA.

En estos partidos, quien entra y quiere escalar dentro de ellos debe pasar por el aro. El aro, significa aceptar y deber favores. De entrada, altos cargos y dirigentes del partido y de sus estructuras menores, se dedican a encontrar las debilidades y los vicios de aquellos nuevos adeptos que aun van un poco perdidos, con el fin de asegurar el control e impedir cualquier desviación de las pautas marcadas y los intereses ocultos del partido.

Si un miembro ingresa en alguno de estos partidos, y tiene dificultades económicas, no es de extrañar que el partido actúe para resolver esa situación si lo ve conveniente. Algunos de esos favores suelen ser del tipo: asegurar un puesto de trabajo a un familiar, conceder pases preferentes de familiares en centros públicos o privados, y un largo etcétera. De esta forma, los nuevos miembros, si aceptan estos favores, los deben. Y deber favores es la forma más sutil que tiene el partido para tener controlados a sus miembros, ya que si éstos dejan de obedecer las directrices del partido, los favores se acaban.

Impuestos de pacotilla para ricos

El partido de Podemos propone en su programa aumentar el IRPF a los que más cobran creando varios tramos que van desde el 45% al 55% en rentas por encima de los 60.000 y 300.000 euros respectivamente. ¿Alguien en su sano juicio realmente cree que los que ganan más de 300.000 euros van a pagar un céntimo más y que en España se podría recaudar mucho más dinero gracias a esta medida?

Los gerentes y altos cargos de las empresas, estos que cobran por encima de los 300.000 euros anuales, saben perfectamente como hacer que su sueldo sea el adecuado para no tener que pagar más impuestos. Estos directivos reciben salarios en forma de diversos conceptos, uno de los cuales es el salario monetario. Pero también reciben bonificaciones fiscales y pagos en especie de muy diversa índole. El problema con estos merluzos es que tienen el poder de fijarse su propio salario, y por tanto, tan solo es cuestión de jugar con sus balanzas y mover los pesos adecuados a los platillos correspondientes para lograr pagar menos impuestos.

El impuesto IRPF es pecata minuta para un socio capitalista, y más cuando se tienen sociedades y enormes patrimonios. El impuesto que más afectaría a los ricos tal vez fuera el impuesto a las rentas del capital y a las SICAV.

Sindicarse es imposible

La izquierda española suele enfadarse con frecuencia cuando se ven los índices de afiliación sindical en España: apenas un 15% de los trabajadores están sindicados. Las causas de que esto ocurra son diversas, y todo suma:

1. El factor cultural y educativo, que promueve que los humanos seamos obedientes y sumisos, además de estúpidos. Con esto el sistema ya se ha asegurado al menos un 50% de abstención sindical.

2. El factor de los propios sindicatos. Los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) son amarillos y promueven la conciliación y la paz social en vez de promover la lucha por la dignidad laboral y la conservación de los convenios colectivos, los cuales están desapareciendo porque la ley permite que una vez “caducado” el convenio, si la empresa y los trabajadores no llegan a un acuerdo, el convenio “desaparece” o deja de poder aplicarse en la empresa. Es decir, basta con la innacción de la empresa para hacer desaparecer un convenio, y esto se debe combatir desde la lucha sindical para que a la empresa no le quede otro remedio que negociar y llegar a un acuerdo con los trabajadores.

3. El factor del tejido productivo español, donde el 94% de las empresas del país tienen menos de 4 empleados y muchos de ellos son directamente autónomos. Este es un factor importante del bajo nivel de afiliación sindical en España. Donde precisamente cobra fuerza el sindicalismo es en la gran empresa, donde muchos trabajadores unidos pueden llegar a tener incluso más fuerza que el capitalista. Estamos hablando de empresas con más de 50 currantes (constructoras, bancos, cadenas de alimentación, empresas del sector de la energía y el transporte, cadenas hoteleras, fabricantes de coches, etc..). Ibex 35 y unas cuantas más. Para el resto de PYMEs se hace muy complicada la presión por parte de los trabajadores.

4. El factor de la crisis y el miedo. Con casi 5 millones de parados esperando poder trabajar y los empresarios que amenazan con despedir a cualquier trabajador sindicado, es normal que nadie quiera saber nada de sindicatos en el trabajo. Muy mal hay que estar en la empresa para dar este paso. Además, hay que sumar a esto el impacto de la reforma laboral, que facilita el despido, etc, etc…


Del dominio y la lucha

El mundo ha cambiado. Las viejas y obstinadas formas de rebelión del proletariado son ya caducas, estériles, e inútiles. Las nuevas formas de dominación capitalista obligan a replantear toda la lucha de clases.

En el primer mundo, aun con el masivo e implacable ataque neoliberal contra los trabajadores, el proletariado tal y como lo conocemos del siglo XX es absolutamente minoritario. Centrémonos en el caso de España.

Fue durante la dictadura franquista que se decidió transformar un país de proletarios en un país de propietarios. Hoy por hoy, más del 80% de la población tiene al menos una vivienda en propiedad. Y esto lo cambia todo, fundamentalmente la mentalidad de las personas, es decir, en última instancia, la burguesia ha logrado controlar las condiciones subjetivas que podrían haber dado lugar a una rebelión social. Pero también este hecho tiene influencia sobre las condiciones objetivas. Difícilmente podemos hablar de condiciones objetivas para el estallido de una rebelión mientras la inmensa mayoría de familias españolas tenga un patrimonio que defender. El conservadurismo cultivado por la burguesía ha dado sus frutuos, y como ya saben nuestros benefactores, las revoluciones solo estallan cuando las sociedades no tienen nada que perder.

Por tanto, y pese al ataque neoliberal y al consiguiente empeoramiento de las condiciones de vida de la población española, no exsiten condiciones objetivas para un levantamiento social. Seguimos viviendo muy bien, más si nos comparamos con los países del tercer mundo.

En el tercer mundo, la situación es diametralmente opuesta. El 90% de la población sufre hambre, enfermedades, está expuesta a la más inhumana explotación laboral, no tienen derechos, no tienen acceso a agua potable, y viven hacinados en chavolas y barracas.

En el tercer mundo sí existen las condiciones objetivas para una revolución social en toda regla. El problema al que se enfrenta la gente es al aberrante poder militar que ostentan sus gobiernos dictatoriales y sus clases dirigentes. La fuerza de la burguesía comparada con la de los trabajadores es inmensa, titánica, y los trabajadores no tienen armas para defenderse, menos aun para ser considerados oponentes del sistema.

Allí las ideas revolucionarias no han salido de la más minúscula clandestinidad, y la razón es clara. Las empresas capitalistas establecidas en Asia o África no contratan trabajadores sindicados, y cuando un trabajador se sindica, es inmediatamente despedido, eso, si no corre la suerte de ser directamente asesinado. En América Latina pasa algo muy parecido (no hace falta recordar las atrocidades cometidas por las mafias, los escuadrones de la muerte, y las dictaduras procapitalistas).

Para toda esta gente, la violencia es la única salida, es más, debería ser la única respuesta legítima de los trabajadores. Quien paga con sangre debe recibir su castigo. Sin embargo, a todo esto hay que contraponer la necesidad diaria de contar con un plato caliente. El instinto de conservación y superviviencia juegan aquí un papel destacado. Es la eterna lucha que lleva siglos establecida y que para ser fructífera requiere de mártires y muchos otros sacrificios.

Se podría pensar que la clave de la lucha sigue estando en la unión de los trabajadores, ahora disgregada en múltiples divisiones del trabajo en todos los rincones del planeta. Pero la unión de los trabajadores nunca será tan poderosa como la unión de los capitalistas contra ellos. Existen múltiples casos en los que las huelgas y las quemas de cultivos y fábricas, propiedad de los capitalistas, no ha propiciado sino la concienciación y el pacto entre burgueses que al final, han logrado nuevamente someter a los trabajadores a sus dictados. Para todos estos casos, la solución vuelve a ser la comentada con anterioridad: la expropiación de las propiedades capitalistas por los trabajadores a través de la violencia revolucionaria.

Pero tal y como se puede deducir de la historia escrita, esto sólo ocurre en los momentos en los que la clase capitalista está enfrentada y dividida. Es entonces cuando la clase trabajadora tiene una mínima oportunidad de llevar a buen puerto sus luchas. Hasta entonces, ajo y agua. Los trabajadores podrán eso si, mostrar su indignación, desplegar su descontento, pero la resistencia es y será siempre inútil. Lo único que cuenta es la fuerza, entendida como la capacidad de imponer las cosas. Así funciona toda sociedad humana.